Capítulo 29.

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—¿Lo sabías?—volvió a preguntar Valentina incorporándose mejor, su cabeza dolía al igual que su cuello. Seguía sintiéndose mal del pecho con unas punzadas en el. Juliana no decía nada, solamente estaba cabizbaja mirando sus manos—contéstame Juliana...

—Sí, yo lo sabía—admitió con voz baja pero la castaña la escuchó.—No quería decírtelo, me enteré cuando estabas en el hospital, mi padre me lo advirtió en una llamada, me dijo que vendrían por nosotras...—la miró a los ojos.

—¿Por qué no me lo dijiste?—se negó a mirarla agachando la cabeza—No estaríamos aquí tal vez. Esto es patético, estaríamos en otro lugar, en mi casa o no lo sé, pero estaríamos seguras.

—Ya te dije, no quería exponerte Val—se sentó a un lado de ella, la ojizaul se recorrió, no quería estar cerca de ella—Y mucho menos, quería preocuparte, no sabía cómo decírtelo.—Trató de tomar su mano pero fue alejada. Juliana sintió un punzón en su corazón. Se lo merecía.

—Tardaste en hacerlo, sí lo hiciste por mi enfermedad créeme que te equivocas—susurró—y mucho.

Valentina se paró y comenzó a caminar de un lado a otro desesperada, Juliana solamente la observaba nerviosamente, comenzaba a tener un ataque de pánico. Miró a su alrededor tratando de buscar algo pero no veía nada, solamente la ventana donde entraba la luz de la luna. La ojizaul de volvió a sentar unos minutos después con una mano en el pecho y una mueca de dolor en su rostro, la morena se acercó un poco más a ella, estiró su mano a la mano desocupada de Valentina que estaba a centímetros de la suya.

Tragó en seco antes de juntarlas, no quería sentir el rechazo otra vez. Cerrando los ojos la tomó con miedo, Valentina suspiró aceptándola, entrelazó sus dedos desesperadamente.

—Lo siento Val—dijo abrazándola—tienes razón, soy una idiota—dijo a su oído—por mi culpa estamos aquí, prometo que te sacaré de aquí, lo juro—se separaron mirándose la boca, Juliana se acercó y le dio un beso, un largo beso, Valentina suspiró al sentir la lengua de la morena rozar sus labios, comenzó a acariciar su muslo interno con intensidad y apretándolo, Valentina amaba eso.

Por falta de aire Valentina se separó con una pequeña sonrisa. Su pecho aún dolía, cada vez más fuerte. Soltó un gemido de dolor.

—¿Qué pasa?—la miró preocupada—¿Te duele mucho?—puso la palma de su mano sobre su pecho, se sentía caliente. La recostó de lado, había aprendido un poco de paramédicos en la comisaría, Reyna le había enseñado todo lo que sabe acerca de heridas, enfermedades, etc.

Se quitó su chamarra quedando en una blusa de rayas de colores, tomó a Valentina y comenzó a acariciar sus hombros hasta bajar a sus manos.

—A ver, necesito que respires hondo—continuo con la caricias, ahora, sus manos iban a su cuello, Valentina la obedeció—respira, respira, tranquila Val...—le dio un pequeño apretón en la zona, la ojizaul cerró fuertemente los ojos.

—Mis tubos Juls, los necesito—susurró. Juliana miró por el cuarto, no estaban.

—Se quedaron en casa, no están aquí—la miró preocupada—Tú puedes lograrlo sin ellos, solamente respira hondo... hazlo—sonrió levemente. Valentina asintió débilmente.

Un ruido las espantó, alguien se acercaba.

—Les traje comida...—un chavo de unos quince años abrió la celda, tenía un gran rasguño en el cachete, tenía el pelo castaño y ojos azules, así como los de Valentina, Juliana se acercó a él furiosa. El niño les aventó la comida en bolsas y cerró la celda rápidamente con miedo mirando a Juliana, se parecían mucho a los ojos de Val.

Cámara Oculta- Juliantina. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora