—Alacrán, baja el arma—dijo Macario aún apuntando con su pistola, los dos se miraban fijamente—¡ahora mismo!—gritó un poco nervioso.
Silvina observaba a los dos hombres, tenía miedo de cuál iba a disparar primero, cerró los ojos deseando que ninguno lo hiciera. Tenía que hacer algo, buscó en los hombres tirados en el suelo una pistola y la encontró, la examinó y sonrió al encontrar balas en ella. La recargó y apuntó a la cabeza del alacrán.
—Bájala ya— la mujer ordenó con la pistola en mano, el alacrán sonrió al ver que su mano temblaba—no me hagas hacer esto, por favor— lo miró sin ninguna expresión.
—Esto es hermoso—rió el sicario—dos personas que me han estado buscando por fin me encuentran, y justo al mismo tiempo, qué chulo es el destino—se giró rápidamente apuntando a Silvina con una sonrisa, Macario frunció el ceño mirando a la mujer.
—¿Buscándote?—preguntó el oficial confuso, no paraba de apuntar a la cabeza del alacrán.—¿A qué te refieres? ¿Silvina te ha estado buscando?
La mujer negó rápidamente con la cabeza, el alacrán bajó la pistola y se rascó el bigote con una sonrisa que aún no borraba de su rostro. Colocó una mano en su cintura y miró a la mujer quién lo veía con una expresión de mal gusto, tenía el ceño fruncido y su mano dejó de temblar. El alacrán se sorprendió al acto repentino de ella.
—Mira, Chino Valdés—lo miró y se acercó haciendo retroceder al oficial.—Esta mujer que ves aquí, Silvina, es nada más y nada menos que mi santa madre—la apuntó con la pistola haciendo que la mayor empezara a sudar de las manos.—Aquí estoy, querida madre, sorpresa—sonrió acercándose a la mujer con los brazos extendidos.
—Aléjate de ella—apareció Juliana, el alacrán se sorprendió abriendo su boca pero luego sonrió al ver que no traía ningún arma. La morena tenía expresión de odio—vete de esta casa, lárgate—escupió sus palabras sin miedo alguno.—No tienes ningún derecho de estar aquí, alacrán, lárgate—se acercaba a él lentamente.
—Juliana, no lo hagas—dijo Macario nervioso.
—Otra heroína, primero la pequeña Valentina Carvajal y ahora tú—la miró de arriba hacia abajo—Juliana Valdés, que igual estás de buena como la otra—dijo alzando sus cejas y mirándola descaradamente, Juliana apretó sus puños fuertemente, su odio crecía aún más.—Vete de aquí, niñita. Esto es cosa de mayores, luego me encargaré de ustedes dos—le guiñó un ojo creando asco en la menor.
—¡Me das asco! Eres un puerco—se acercó más a él—¡no mereces vivir, vete de aquí!—iba a pegarle pero alacrán tomó su mano y le colocó la pistola en su abdomen, sus caras estaban muy cerca, Juliana al sentir la pistola en su piel tragó en seco, claro que no se arrepentía de sus palabras.
—Alacrán, suéltala—susurró Macario bajando el arma—ya no traigo el arma, Silvina baja el arma, bájala ya—la miró, la mujer asintió dejándola en el suelo.—Suelta a mi hija, por favor—suplicó desesperado.
El sonido de la bala sonó por todos lados, Juliana cerró los ojos. Oía a su padre gritar su nombre fuertemente, pero algo andaba mal, no sentía dolor alguno, miró su cuerpo, pero no había sangre en él, frunció el ceño. Miró la cara del hombre que estaba frente a ella, tenía una cara de espanto.
—¡Juliana!—gritó Macario, la morena lo volteó a ver, el oficial frunció el ceño al ver que su hija se encontraba bien pero por otra parte estaba aliviado.
—¿Pero qué chingados?—susurró el sicario al ver sangre en su rodilla.
León apareció con una pistola en las escaleras, sonrió al ver el estado en el que se encontraba el hombre malo. Le había dado en la rodilla, no lo quería matar.
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Cámara Oculta- Juliantina.
Fiksi RemajaQUIENES SIGUEN ESTA HISTORIA POR FAVOR LEER LA ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN. - Está respirando, tranquila. Siempre lo hará.- Juliana, hija del oficial más famoso de la Ciudad quien está en busca del sicario más famoso de todo México dejando en peligro a la...
