Capítulo 16

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«Hacerme pis en la alfombra», refunfuñó Chanyeol.
Baekhyun siguió riéndose hasta que se le cayeron las lágrimas. Y Chanyeol no ayudaba.
«Pulgoso. Sarnoso». Dio otro gruñido. «Veremos lo que piensa de mí cuando le muerda la rótula».
—De eso nada —dijo el entre risitas—. O te echaré.
Él gruñó de nuevo, pero se relajó sobre el colchón, contra el.
«Mi pelaje es sedoso, demonios».
Por fin, el se calmó. Sin embargo, continuó con una sonrisa enorme.
—Muy sedoso. Él suspiró.
«Vamos, vuelve a dormirte. Necesitas descansar todo lo que puedas».
El quería protestar, de verdad. Pero allí tumbado a su lado, acariciándolo, escuchando sus ronroneos de placidez, sintiendo su calor y su suavidad como  si fueran una droga, se deslizó hacia la oscuridad sin darse cuenta, en un estado de absoluta felicidad.
Había echado de menos aquello, y saber que él iba a estar allí cuando se despertara…
Al abrir los ojos otra vez, bostezando, Chanyeol estaba todavía a su lado. ¡Todavía! Baekhyun tomó el teléfono móvil de la mesilla y miró la hora. Frunció el ceño. Sólo quedaban quince minutos hasta que tuviera que levantarse para ir al instituto. El quería una hora. Chanyeol y el no habían hablado todavía.
Sin embargo, eso no podía tenerlo, así que saborearía aquellos quince minutos como si fueran los últimos de su  vida.  A la luz tenue de la mañana,  no obstante,  todas sus preocupaciones volvieron y le inundaron la mente. Revivió  la  noche  anterior una y otra vez.
«Estamos saliendo», le había dicho él. «Por lo menos, eso creo». Ay.
«Un día vas a matar a todos los que quiero», había añadido Chanyeol. «Demonios, algún día me matarás a mí».
Doble ay.
No, no iba a poder saborear aquellos minutos. Algún día, si el era un Embebedor, tal y como sospechaba Chanyeol, podría matarlo. Podría matar a aquel muchacho que lo había despertado a la vida, que lo había sacado de aquel mundo seguro que el mismo se había creado, donde nunca había sentido de verdad, donde sólo se conducía con el piloto automático. No. El no iba a permitir que sucediera aquello.
Si tenía que dejarlo a él, y alejarse de todos sus seres queridos, lo haría.  Pero… eso no significaba que no estuviera deseando hacer  todo lo posible  por  demostrar  que no era un Embebedor, o no hacer todo lo posible por remediar la situación si sí  lo era.
«¿Tienes hambre?», le preguntó Chanyeol esperanzadamente.
Su voz se coló en la mente de Baekhyun , tan cálida como su cuerpo. El se analizó. Tenía el estómago vacío, pero no tenso. No sentía gruñidos.
—No —admitió Baekhyun, aunque hubiera querido mentir.
Con un suspiro, él se levantó de un salto y fue hacia el baño a  cambiar a su  forma humana y ponerse la ropa que tenía allí guardada. Aquélla no era la primera  vez que se quedaba a dormir allí. Y ojalá no fuera la última. Mientras estaba vistiéndose, el se acercó a la puerta rápidamente y echó la llave. Después se sentó al borde de la cama a esperarlo.
No tuvo que esperar mucho. La puerta del baño se abrió minutos después, y  Chanyeol salió con unos vaqueros, pero sin nada más. Al verlo, a Baekhyun se le cortó el aliento. Era tan esbelto y tan musculoso, tan bronceado, que parecía el sueño de cualquier chico hecho realidad.
«Y es mío», pensó el con orgullo. Tal vez. Por el momento.
Baekhyun irguió los hombros. No quería deprimirse.
—Tardaré un minuto.
—De acuerdo.
Él se acercó a la cama, y Baekhyun se metió al baño. Rápidamente se lavó los dientes y se cepilló el pelo. Tenía unas profundas ojeras, pese a lo plácidamente que había dormido. Además, tenía las mejillas un poco demacradas. Salió a la habitación y se encontró a Chanyeol reclinado en la cama. Se acercó a él y apoyó la cabeza en su hombro. Era tan cálido como cuando poseía el pelaje negro. «Es mío», pensó de nuevo, y se  puso tenso. Tal vez. Aquellas palabras eran como un cáncer en su cerebro, algo que lo reconcomía y lo destruía. Cuanto más tiempo pasaban juntos,  más se  enamoraba de  él. Eso era un hecho. ¿Otro? Cuanto más se enamorara de él, más difícil  iba  a  resultarle dejarlo, si eso era lo que tenía que hacer al final, para salvarlo. Y el estaba dispuesto a dejarlo con tal de salvarlo.
—¿Qué ocurre? —le preguntó Chanyeol. Lo abrazó y le acarició la frente con las yemas de los dedos.
—Estaba pensando.
—¿En qué?
—Si soy un Embebedor… ¿Cuándo vamos a saberlo con certeza? ¿Y cómo vamos a averiguarlo?
Él suspiró y, por supuesto, hizo caso omiso de sus preguntas.
—Mira, no debería haberte gritado anoche. Estaba  muy asustado,  y temía  por mi familia. Pero tú también eres mi familia,  y lo siento.  No debería haberte tratado  así.

—No tienes por qué disculparte. Esto es muy grave, muy peligroso, y si hubiera alguna amenaza para mi padre —dijo el, y pensó:  «O para ti»—,  yo reaccionaría de la misma forma.
—De todos modos —respondió Chanyeol, y le dio un suave beso en la mejilla—, en cuanto te dejé aquí para ir a acompañar a Kyungsoo y a Kai a su casa, la idea de que pudieras estar en peligro me hizo sudar y maldecir en un segundo. Prácticamente los metí de un empujón en sus habitaciones para poder volver aquí contigo. Y, a  propósito, voy a dormir contigo todas las noches hasta que las brujas ya no sean una amenaza para ti.
Qué dulce era.
—Pero no te hagas pis en la alfombra —le dijo el. Chanyeol soltó un gruñido.
—Qué gracioso.
De repente, Baekhyun pensó algo que hizo que frunciera el ceño.
—Normalmente te escondes cuando oyes que se acerca mi padre. ¿Por qué no     lo has hecho esta vez?
Chanyeol se encogió de hombros.
—Quería que me viera. Así, puedo ir  y  venir sin  tener miedo a que me pegue  un tiro.
—Eres listo.
—Soy un genio. El sonrió.
—Muy bien, ahora vamos a hablar del tema más importante. Antes te he hecho unas preguntas y me has ignorado. Ahora quiero que me las respondas. ¿Cuándo vamos a saber con certeza si soy un Embebedor?
—No, no vamos a hablar de ese tema. Vamos a olvidar eso del  Embebedor  por el momento.
—No. No puedo —dijo el. Sabía que Chanyeol podía estar en peligro—. Responde, por favor.
Él suspiró de nuevo, y su respiración le acarició la frente a Baekhyun.
—Vomitarás la comida, porque tu cuerpo ya no la requiere.  Empezarás  a  anhelar estar cerca de las brujas y de otras criaturas, y las  conocerás,  sabrás  lo que  son y lo que pueden hacer, antes de verlas, incluso.
A el se le encogió el estómago… Nada de aquello era halagüeño. Ya había empezado a sentir la cercanía de las criaturas. Sabía que Marie estaba en la ciudad antes de verla. Y sí, le encantaría sentir de nuevo aquella ráfaga de poder.  Lo  anhelaba, tal y como le había dicho Chanyeol.
—Si ocurre alguna de esas cosas, dímelo.
Iba a hacer algo más que decírselo. Iba a demostrárselo. Se levantó y se acercó a su escritorio.
—¿Qué vas a hacer?
—Averiguarlo.
Tal vez hubiera sido mejor esperar a estar solo, pero él tenía que saber la
verdad, lo necesitaba tanto. Temblando, Baekhyun sacó una barrita energética del cajón superior del escritorio, donde guardaba algunos dulces y unas bolsas de frutos secos. La desenvolvió y se giró hacia Chanyeol,  que  se  había  puesto tenso. Entonces, la mordió.
En circunstancias normales, Baekhyun  habría cerrado los ojos  de  éxtasis  al  notar la dulzura del chocolate. Sin embargo, en aquella ocasión el bocado le pareció como de ceniza. Se le revolvió el estómago, pero de todos modos tragó; fue como si tragara un trozo de carbón.
Primero se arrepintió de haberlo intentado, y después notó el malestar que le había descrito Chanyeol. Notó la bilis en la garganta, y tuvo que salir corriendo al cuarto  de baño, donde vomitó en el inodoro, una y otra vez.
Cuando su estómago estuvo finalmente vacío, se lavó los dientes y se enjuagó la boca con un colutorio. En ningún momento dejó de temblar.
No. No, no, no.
—¿Te sientes mejor? —le preguntó él cuando entró de nuevo a la habitación.
—Sí.
—Puede que fueran los nervios.
—Sí —dijo Baekhyun.
Sin embargo, sabía cuál era la verdad, y él también. Ninguno quería admitirlo, querían negarlo con todas sus fuerzas, pero no podían. Ya no.  El era  diferente. Había cambiado.
Se había convertido en un Embebedor.
Casi como si estuviera en trance, Baekhyun  se acercó a la cama y se sentó junto  a Chanyeol. Iba a tener que dejarlo. Si no lo hacía, llegaría el día en que le haría daño.
¿Era aquélla la última vez que podían estar juntos así?
—Seguro que son los nervios. Es como si hubieras cumplido lo que te han profetizado —dijo él—. Yo te dije que vomitarías, así que has vomitado.
Él siempre había sido el realista, y el soñador. Parecía que los papeles se habían intercambiado.
—Chanyeol… —dijo el suavemente.
—No. Ya hemos hablado de esto —zanjó él—. Ahora podemos continuar — añadió, y le besó la mejilla—. Quiero que sepas que ayer, cuando dije que tal vez estábamos saliendo, todavía estaba conmocionado. No lo dije  en  serio,  y  después tuve ganas de patearme a mí mismo. Estamos saliendo, así que no se te ocurra ver a ningún otro. Eres mío, y no comparto.
Nunca le habían dicho unas palabras más dulces, y el debería haber volado hasta las nubes de felicidad. Salvo que no podía.
—Chanyeol… no sé. Quiero decir que…
—Oh, no. Demonios, no —Chanyeol rodó por la cama y se tumbó sobre el, sujetándolo con el cuerpo. Pesaba, pero no era desagradable. A el le gustaba tenerlo así—. ¿Estás intentando romper conmigo? —le preguntó él.
«No».
—Sí.

Oh, Dios. Baekhyun no podía creer que le hubiera dicho eso. Chanyeol lo era todo para el, y sin embargo, el era un peligro para Chanyeol. No iba a poner en peligro la vida de Chanyeol ni siquiera por poder estar a su lado, que era lo que más deseaba en el mundo.
—Las cosas son más complicadas, sí, pero eso no significa que hayamos terminado.
A el se le llenaron los ojos de lágrimas, que se le derramaron por las mejillas.
—Sí, hemos terminado —respondió Baekhyun.
Si hubiera otro modo de hacer las cosas… y tal vez sí lo había. El iba a averiguarlo, tal y como habían planeado. Investigación, experimentos. Lo que fuera.
Pero hasta entonces, nada de Chanyeol. No iba a alimentar su adicción con él. No     iba a disfrutar de él, no iba a apoyarse en él, ni a esperarlo, y a necesitarlo.
Él entrecerró los ojos.
—Si ése es el caso, no te importará que yo te dé lecciones de defensa propia.
¿Y que él lo tocara? ¿Cómo iba a poder resistirse a Chanyeol?
—Eso anularía el efecto de lo que estoy intentando hacer.
«Protegerte, por una vez, yo a ti».
—¿Y qué es lo que estás intentando hacer?
—Baekhyun —dijo su padre desde el piso de abajo, interrumpiéndolos—.
¿Estás despiertp?
—Sí —respondió el.
—El desayuno estará listo dentro de veinte minutos.
—Gracias.
—De nada.
El se retorció para zafarse de Chanyeol y se puso en pie, de espaldas a él.
—Deberías irte. Tengo que arreglarme. Él se levantó.
—Me marcho, pero volveré para acompañarte al instituto. A menos que quieras que vayamos a la ciudad a atrapar a otra bruja. Cuanto más poder de negociación tengamos, mejor para nosotros.
Le estaba pidiendo ayuda, en vez de intentar dejarlo atrás para mantenerlo a salvo. Eso era algo muy poderoso; él tenía que saber cuánto lo afectaba.
—No puedo. Tengo un examen de Química y no puedo faltar —respondió.
En realidad, las notas no tenían mucha importancia en el otro mundo, pero una parte de Baekhyun quería seguir actuando como si aquélla fuera una semana de lo  más normal.
—De acuerdo, yo…
De repente, Kyungsoo apareció en el centro de la habitación. A Baekhyun se le escapó un grito, y se posó la mano en el corazón.
El príncipe estaba más pálido de lo normal, y parecía muy tenso.
—Tienes que venir conmigo —le dijo a Baekhyun—. Kai está atrapado en el cuerpo de Shannon, y no puede salir.
Baekhyun ya había visto a Kai poseer un cuerpo; en  realidad,  la  forma  de lobo de Chanyeol. Aquella visión lo había agitado hasta lo más profundo. ¿Y había poseído a Shannon?
—Voy a vestirme, y me reuniré contigo en el rancho.
—No. Tardarías mucho. Te teletransportaré. El tuvo que reprimir un gruñido.
—Está bien. Pero tengo que pasar a despedirme de mi padre y convencerlo de  que me voy al instituto —dijo. Finalmente no iba a hacer aquel examen de Química—
. Nos vemos a la salida del vecindario.
—Voy con vosotros —dijo Chanyeol. Kyungsoo negó con la cabeza.
—No puedes. Tú impides que Baekhyun  use su habilidad de anular. Tienes que quedarte aquí.
—Entonces, lo acompañaré hasta la puerta del vecindario. Allí nos separaremos. Kyungsoo asintió y se desvaneció.
Baekhyun tomó su ropa del armario y entró al baño para vestirse. Cuando terminó, recogió los libros y los metió en la mochila, en silencio. Chanyeol ya se había quitado los pantalones vaqueros, ¿dónde los habría dejado?, y se había transformado en lobo.
Bajaron juntos las escaleras y entraron en la cocina. Olía a huevos revueltos con beicon. A Baekhyun no se le hizo la boca agua, pero tampoco sintió náuseas. Eso era una mejora.
—Papá —dijo a modo de saludo.
Él se dio la vuelta y se quedó paralizado al ver a Chanyeol. Tenía arrugas de tensión alrededor de los ojos, como si no hubiera vuelto a dormir desde que había salido de     la habitación de su hijo.
—Dios santo. No me había dado cuenta de lo enorme que es esa cosa.
—Lo siento, papá, pero no me  da tiempo a desayunar.  Se  me había olvidado  que quiero ir temprano al instituto para estudiar. Tengo un examen de Química.
Él frunció el ceño.
—Últimamente no comes nada. No pienses que no me he dado cuenta. Por lo menos llévate un poco de beicon. Es alimento para el cerebro.
El no quería discutir, así que tomó el trozo de jamón que él le estaba dando.
—Gracias.
—¿Quieres que te lleve?
—No. Oxígeno para el cerebro, y todo eso.
—Buena suerte, cariño.
—Gracias. Te quiero —dijo el, y con eso, salió por la puerta y corrió hacia la salida del vecindario. Chanyeol iba a su lado.
Era muy raro; durante el trayecto, a Baekhyun le pareció ver a Kris corriendo junto a ellos, pero Chanyeol no se dio cuenta, y Chanyeol siempre se daba cuenta de todo, así que debía de ser que el tenía alucinaciones.
Además, aunque Kris estuviera allí, aunque lo estuviera siguiendo, no tenía tiempo para pararse a interrogarlo. Kai lo necesitaba. Ojalá pudiera ayudarlo sin hacerle daño.

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Premonición «Kaisoo»Donde viven las historias. Descúbrelo ahora