-Y como se selló tu destino.
Si la confusión tuviera forma sólida, sería más fácil explicaros esto, pero como no la tiene, me las apañaré como pueda.
-No... No lo comprendo. ¿Devolver la verdadera magia al mundo tiene que ver con un campanario y una muchacha que se cae de él?- no me percaté de lo que significaban mis palabras hasta que vi el rostro de mi madre. Claro, ella no sabía que Lían me lo había contado- Mejor dicho, sois vosotros quiénes no lo comprendéis.
Dije esto último con una sonrisa y de fondo escuché perfectamente la risa de Lían. Tan clara, que supe que todos me estaban prestando atención.
-¿Cómo lo sabes?- me preguntó Leof con voz amenazadora, que aunque no lo hizo a propósito, pues posiblemente sólo estaba extrañado, me hizo sentir incómoda.
-¿De qué estás hablando?- respondí, con el vivo recuerdo de cuando se lo pregunté a mi "secuestrador", encerrada en la jaula.
-Tú... ¡Tú!
Creía que Leof me lo decía a mí. Que su mirada llena de enfado y repulsión era para mí; pero cuando le miré a sus ojos azules descubrí que su mirada iba más allá. A un chico de dieciséis años, sinvergüenza y del cúal aún no estaba segura de lo que sentía.
Giré sobre mis talones a tiempo para ver cómo Lían hacía de tripas corazón y me pedía ayuda sin abrir la boca. Yo le respondí de la misma manera, pero no lo que a él le hubiera gustado.
-¡Ivy!- se quejó.
-Tú me hiciste lo mismo- le dije con mi mejor sonrisa y la burla en mi mirada.
Leof ya se dirigía hacia él. Lían no tendría escapatoria.
-¡Pero tú te enfrentabas a un hombre por dinero! ¡Y pudiste engañarle!
-Eso es porque...
No llegué a acabar la frase, pues un grito proveniente de Cadie nos paró en seco. Ella señalaba al frente, dónde la oscuridad parecía no tener fin. Pero, al observar bien aquel rincón entre la arboleda, unas extrañas y amarillas luces aparecieron para después desparecer.
-¿Qué ha sido eso?- pregunté dando un paso hacia delante.
-No te muevas- aquello lo dijo Lían, que ahora me daba la espalda y miraba hacia la oscuridad- He tratado con esto antes.
-¿Perdón?- papá parecía indignado, incluso enfadado- Eso es imposible, no eres mago.
Las luces amarillentas volvieron a aparecer, esta vez sin irse. Pero... otro pequeño círculo rojo había dentro de ellas. Agudicé mi mirada, y fue entonces cuando descubrí que aquello, era nada más y nada menos que...
-Un dragón.
La bestia corroboró aquello con un rugido. Sus colmillos, que de pequeña creía que serían blancos, tenían un color amarillento, al igual que los ojos. El dragón avanzó unos pasos, para de esa forma ser mejor visto. Su cuerpo estaba recubierto de escamas tan negras como el carbón, pero tan brillantes como la plata. Como si fueran de obsidiana.
-Es un Dragón de Cola Azul, originario de las montañas Blancas- explicó Lían- Inofensivos por naturaleza.
-¿Cómo sabes tanto de dragones?- susurré, paralizada por la impresión.
Él sólo se encogió de hombros, pero vi como Matt frunció el ceño. Creí que le diría algo, pero prefirió callarse.
-¿Ahora qué?- preguntó Cadie.
-Esperar hasta que decida marcharse- decretó firme Lían.
Ninguno puso objeción. Y después de mucho tiempo, el dragón no parecía querer marcharse.
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En los ojos del bosque
FantasyElla es una hechicera, pero no una hechicera cualquiera, una hechicera perseguida por el Consejo de Magos. Ivy Valduciel corre un gran peligro, que ni ella misma sabe. Para bien o para mal, lo descubrirá, y el bosque, su fiel aliado será. Él es mago...
