"¿RECUERDAS...?"

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¿En qué momento dije si esto podría ir a peor? Exacto, no lo dije. ¿Entonces por qué no hacía más que empeorar? Hacía años que había dejado de pedir una vida normal, pues acabé por comprender que nadie me la daría; pero aquella tarde hice una excepción.

-¿Tan difícil es que lo haga otra persona?

Sí, así estaba yo. Furiosa con el Universo en sí, por encargarme a mí una tarea que no sería capaz de llevar a cabo.

-¡Moriré en el intento!

Y Lían estaba allí. Furioso con el Universo en sí, por encargarle a él una tarea que no me ayudaría a mí.
Mientras él permanecía en silencio, de mis labios no hacían más que brotar palabras que jamás serían escuchadas. Cuando me dijo que debía marcharse, mi corazón se encogió y se escondió en un lugar demasiado remoto de mi alma. Entonces supe que nadie en mucho tiempo haría que volviera a salir. Me llamó "su pequeña prometida". Quise decirle algo, cualquier cosa. Pero mi cuerpo no reaccionaba. Al final, tuvo que ser Lían quién hiciera de tripas corazón ya que a él aún le quedaban.

-Ivy- levanté la vista- Escúchame.

-Ya lo hago.

En otro momento hubiera sonreído, estaba segura.

-Te conozco muy bien. Te he observado siempre y cuando me lo pidieron. Incluso llegué a hacerlo por gusto. Y por más que quería salir del escondite y hablarte, decirte lo que debías hacer y lo que no, aún no era el momento- tragó saliva- El día que me emborraché, no fue porque me invitaron sino porque un anciano te había reconocido. Empezó a decir que llamaría a Los Hombres De Rojo y que él mismo te torturaría mientras no llegaban.
>>Le amenacé, pero él no dejaba de decir que la única manera de que se callase era ganándole a no sé que. Recuerdo que empezamos a beber y hubo un momento en el que dijo: si consigues aguantar más que yo, no diré nada. Supongo que gané porque yo conseguí llegar hasta la habitación<<

Me reí. Echaría de menos las tonterías del chico y sus ojos, los cuales no volvería a ver, pero que al menos había disfrutado. Sabía con certeza que Lían me gustaba y deseaba que no se quedara en eso. Quería que lo nuestro fuera algo más.

-No sé cómo te conocía, pero me asusté tanto...- hizo una pausa y respiró hondo- Recuerdo perfectamente lo que te dije mientras me arropabas e iba muy en serio. Me iré, no muy lejos pero me iré.

Mi labio inferior empezó a temblar. Estaba aterrada, sobretodo porque temía por su seguridad. Le estaban persiguiendo, dando caza.

-¿Me dejarás?- pregunté.

-No. No puedo hacerlo.

Aquellas palabras fueron el detonante de nuestros sentimientos. Y aunque no era el momento perfecto, ni siquiera uno de los mejores, jamás olvidaré como ocurrió. Mi primer beso.
Sólo tuve que cerrar los ojos para disfrutarlo con mayor intensidad. El tiempo a nuestro alrededor se congeló, convirtiéndonos en dos almas perdidas con los corazones en llamas.
Nos separamos con lentitud y lo que me dijo después fue tan precioso como extraño:
-Soy tu Protector fantasma. Dónde tú vayas yo iré, visible o no, pero siempre estaré.

Mi hermana Ivy quería a Lían, estaba segura de ello. Pero parecía que ahora él quería marcharse. Yo no quería que se fuera, lo conocía muy bien...

Meses atrás...

La plaza estaba desierta, como de costumbre. Había pedido a mamá y papá que me llevasen porque me gustaba observar las marcas que dejaban las ruedas de los carros, y seguirlas cuando ellos no miraban. Esta vez sólo vino papá. La gente solía decir que era muy parecida a él, en aspecto, claro.
Aquel día, él se entretuvo hablando con alguien. Alguien a quién yo conocía por el nombre de Señor Lechero, ya que no sabía su nombre. Aprovechando eso, salí persiguiendo un destartalado carro que guardaba tomates y cebollas en cajas de madera. El transporte corría cada vez más deprisa y no pude alcanzarlo con mis cortas piernas y un vestido de lino y tul.

En los ojos del bosqueDonde viven las historias. Descúbrelo ahora