LAS MENTIRAS TIENEN LAS PATAS CORTAS

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Matt.

Necesitaba a mi mejor amigo más que nunca. Tenía miedo, mucho miedo. Y aunque él también lo tendría, sabía que mostraría una sonrisa sólo para tranquilizarme. Al abrazarle, recordé su discusión con Lían.

-¿Quién es mi Protector?

-Es curioso que digas mi porque sólo ha existido uno en toda la historia y...

-No me cambies de tema- le dije.

Sí, bueno. Ya sé que quién ha cambiado de tema bruscamente he sido yo, pero si me centraba en todo aquello que ansiaba por saber, me olvidaría del miedo que me carcomía por dentro.

Matt suspiró. ¡Cómo odiaba que hiciera eso!

-El oráculo de Iris... No, debería empezar por otro momento...- su voz era extremadamente trémula. Como cuando el invierno te coge desprevenido y las crueles garras del frío te arañan la piel, buscando la calidez de tu cuerpo y dejándote con tan pocas fuerzas que apenas te dan para tiritar- Se proclamó una profecía y...

-Eso ya lo sé- le dije con la voz tan melosa como pude. No acostumbro a ser dulce, la verdad.

-Oh- Matt a duras penas me miraba al hablar- El primer Protector proclamado se negó, con la excusa de que no estaba capacitado para ello. Así que el Oráculo tuvo que escoger a otra persona.

Asentí lentamente, indicándole que lo tenía asimilado (o que me gustaría tenerlo) y que podía continuar.

-Y ese Protector...- su pausa se me hizo eterna. Al igual que cuando era niña y me desesperaba por llegar a casa y tomar un delicioso trozo de tarta- ¡No puedo! Lo siento Ivy, pero no debo hacerlo.

De mis labios no salió ninguna replica, ni queja, ni nada. Me limité a mirar cómo su perfecta mata de pelo castaña era transformada en un nido de pájaros alborotados, por sus temblorosas manos. Ya no había más que decir. Él era la única persona en este caos que me lo diría, y se había negado en redondo a hacerlo. Pero no podía culparle. Un extraño silencio llegó y nos abrazó, juntando nuestros corazones hasta rozarse. No era otra cosa que la incertidumbre y la duda. Pero la aguda voz de Cadie se abrió paso entre la niebla.

Ella venía corriendo, con su cabellera rubia suelta y juraría que sus ojos azules estaban aguosos. Lían la seguía de cerca, tan rápido como una liebre, tal y como me gustaba llamarlo a mí. La sonora carcajada de Cadie llegó a mis oídos con la claridad de un rayo en una noche de tromenta. Me alegré al saber que habían hecho buenas migas, y que Lían cuidaría de ella siempre que pudiese.

-¡Cadie!- reclamaba el chico- ¿No podemos olvidarlo y ya?

-¿Olvidar, el qué?- se reía ella mientras llegaba a mi lado.

-¡Te lo pido por favor!- seguía insistiendo este.

Llegaron a mi lado jadeando. Los ojos de Lían obtuvieron un brillo extraño cuando me miraron.

-Ivyyyy...- empezó Cadie con voz lenta- ¿Qué te gustaría saber sobre Lían?

-¿Qué?- pregunté a la vez que el mencionado escondía su cara entre las manos- ¿A qué estáis jugando?

-¡Desde luego no a perseguir carros!- gritó Lían con exasperación.

Mi hermana estalló en una carcajada. Yo no entendía nada, y para colmo, Lían también sonrió.

-Tú dime- Cadie se echó la cabellera hacia atrás- ¿Qué quieres saber?

Alcé una ceja a la vez que pensaba en algo... ¿En qué? Sobre Lían... Entonces tuve una pequeña idea.

-¿Conociste alguna vez a alguien "importante"?- hice comillas con los dedos.

El chico abrió la boca para responder, pero Cadie se adelantó.
-Me lo tienes que preguntar a mí, a él no vale.

Volví a formular la pregunta y Cadie contestó:
-Por supuesto que conoció. A todos los miembros del Consejo de Magos y a algún que otro guardia del castillo.

Me pareció ver que Lían suspiraba, pero no le di importancia. Aunque no me agradaba la respuesta de Cadie, podría haber sido peor.

-¿Por qué él no quiere hacer esto?- me sorprendió oír la voz de Matt. Creía que se había marchado.

-Perdió la apuesta- fue lo único que dijo mi hermana.

-¿Por qué perseguiste aquel maldito carro?- gimió Lían.

-Sabes perfectamente que la culpa de esto no es mía- respondió la niña sin apartar la mirada de mí.

-¡Ivy!- exclamó el chico de golpe. Sus ojos volvieron a mirarme, y sus labios se curvaron en una sonrisa- ¡Esto es culpa tuya! ¿Por qué tienes que ser tan...?

Pero no acabó la frase, pues yo le interrumpí.
-¿Dónde está la Llama?

Cadie separó los labios y cogió aire, pero no pronunció palabra. Por otro lado, escuché como Matt gruñía. En cuanto a Lían, me lanzó una mirada que no supe descifrar.

-Me dijiste que podríamos encontrarla, que me fiara de Maeva- mi voz cada vez se volvía más fuerte- Te lo vuelvo a repetir, ¿dónde está la Llama?

-Yo... Emm... ¿Cómo quieres que lo sepa?

Furiosa, confundida y agobiada; me mordí demasiado fuerte el labio inferior. Sentía ganas de golpear a Lían, pero una pequeña parte de mí me decía que no lo hiciera. Y por desgracia, escuché aquella pequeña parte.

-¿Matt tenía razón? Sí, te lo pregunto para darte la oportunidad de explicarte- esperé, con las lágrimas luchando por caer, pero él no contestó- ¡Eres un embustero!

Hice ademán de irme, pero Matt me cogió de los hombros. Me susurró al oído que esperase un segundo.
-Ivy- Cadie sonaba como una adulta y aquello me hizo sentir peor. ¿Cómo pude pensar que era una niña?- La Llama no existe.

-¿Cómo que no existe? ¿Y mis respuestas qué?

-¡Tú nunca has buscado respuestas!- me gritó Lían- ¡No sabías nada!

-Aquella voz fue El Consejo- murmuró Cadie- Queriendo despistarte de tu objetivo principal, o el de...

Cadie calló bruscamente, pues a punto estuvo de decir algo que no debía, pero que yo ansiaba por escuchar.

-¿Cómo sabes eso?- quise creer que Matt se refería únicamente a la voz, pero sabía que tenía algo que ver con todo lo demás- ¡Te lo ocultamos! ¡Te dijimos que eran problemas de vecinos!

Pero mi hermana hizo oídos sordos y siguió mirando a Lían con preocupación.
-Te vas ya, ahora, ¿verdad?- le preguntó.

Un rugido nos sobresaltó a los cuatro. Cadie dio un chillido y se sujetó con fuerza a Matt.

-Mierda...

En los ojos del bosqueHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora