Capítulo 2. Comunicación.

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Me sentí emocionada; es decir, por fin tendría con quién hablar abiertamente sobre Yefuá. Vassilis no se prestaba mucho al tema y lo entiendo; lo único que sabía de Yefuá es que estaba muerto. En realidad, no conocía ni cuál era su verdadero nombre. Para el resto del mundo a mi alrededor, hablar de él era como un tema tabú. En cuanto intentaba sacarlo a colación, la gente me veía entristecida y cambiaba la conversación.

Así que pensar en tener a alguien cerca con quien hablar de él, que tal vez entendiera mi sentimiento... acepto que me emocionó. Además, de alguna manera, pensar que este hombre estaría en México despertaba en mí la sensación de que una parte de Yefuá estaría aquí. A veces las emociones nos dominan; pensamos que lo poco que nos pueda recordar a una persona que amamos y que ya no tenemos físicamente nos traerá confort. O más bien, eso pienso yo.

—Hola Paulette, he estado agregando a varios de ustedes que me han mandado solicitud de amistad; así que, posiblemente, ya lo agregué.

—Depende, es un tipo que no lo pensaría mucho para enviarte mensaje...

—Pues no me ha enviado mensaje, pero he agregado a todos los que me han mandado solicitud y son de Francia.

—Es decir que ni siquiera te fijas en quién agregas —escribió molesta—. Dios...

—Mira, cuando veo que son amigos de Yefuá y me mandan solicitud, los agrego; no le veo nada de malo. Se supone que solo ustedes saben que existo...

—Ese no es el punto, agregas a cualquier persona a tu Facebook. Mira... no voy a seguir discutiendo de esto. Es evidente que somos muy distintas. En tu Facebook revisa si tienes a un hombre llamado Pierre. Usa su cabello un poco largo y alborotado; tiene ojos verdes y creo que en este momento tiene su cabello con mechones rubios.

—Vaya, un hombre que se hace mechones... —dije incrédula.

—Es muy fashion, muchos franceses así son. Claro que Geoffroy era más del estilo simple... Búscalo y pónganse de acuerdo, ¿quieres? O le diré que él se ponga en contacto contigo; no lo sé, tú dime. Solo te advierto que él es odioso...

—Bien, dile que él me hable cuando esté en México y con gusto le doy un tour o algo.

—Le diré entonces, y gracias. Pierre siempre anda solo por el mundo, pero en esta ocasión insistió en conocerte; así que es un buen detalle de tu parte acceder.

—No tengo problema, avísenme.

De eso pasaron un par de semanas y no mostré interés en hablar con Pierre porque mi mente giraba en torno a situaciones que consideraba más importantes. Estuve al pendiente del viaje de vuelta de Vassilis, por ejemplo; estaba tan emocionada o aún más que el día que se fue. Por fin tendría de vuelta a mi "peor es nada"... quien, por cierto, resultaba ser también el amor de mi vida. Estuvimos en contacto, pues él me avisaba de sus escalas y cuando estaba a punto de subir al avión. Vassilis y yo somos mucho de seguir indicaciones; somos muy respetuosos, así que durante sus vuelos perdíamos contacto ya que las reglas impiden encender el celular.

Cuando por fin Vassilis volvió a México, estaba de un humor difícil. Tenía problemas con el horario y parecía que en su vida diaria también. Muchas veces, aunque quería que me compartiera su vida, él prefería guardarse sus problemas para sí mismo. Era una forma de protección hacia lo nuestro que no lograba entender.

Soy de las personas que piensa que tener una pareja hace automáticamente que esta sea parte de tu vida. Creo que cuando tienes una pareja, ambos forman parte del mismo equipo; pero desde que pisó de nuevo mi tierra, su humor era bastante cambiante y sentía que me estaba ocultando algo. No estaba segura de qué era... y eso me ponía los nervios de punta. Tanto que, a pesar de que hablamos de lo mucho que nos molesta la gente insegura, de repente nos vimos el uno al otro actuando de esta manera.

2. Último Plan ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora