Especial
Makayla
"—Mariagna..."
Sonaba en mi cabeza una y otra vez con un extraño acento extranjero, mientras intentaba volver en mis cinco sentidos y parpadeaba. Cuando por fin pude tener una imagen frente a mí, me encontré a un joven delgado de ojos azules y cabello castaño oscuro. Se trataba de nuestro compañero de Inglaterra, Charles.
Durante la universidad, intentaba no fijarme en nadie; esto debido a que yo ya tenía novio: Ritchie. Y si bien nuestra relación no era miel sobre hojuelas, yo lo adoraba y lo valoraba con mi vida entera. Era solo que no ver a Charles era imposible. Aunque muchas chicas de mi salón de clase jamás lo habían visto, ¿cómo ignorar a alguien con un físico así y con una altura de 1.92? Quienes estudian para maestros no suelen ser tan atractivos, y tener a alguien así cerca hacía agradable la asistencia diaria a clases... con la calidad mediocre que ofrecía mi escuela.
Sin embargo, llegó un momento en el que Charles —quien se suponía que iba un año debajo de nosotros— llegó a darnos clases a nuestro salón. Él no solo estudiaba su licenciatura en nuestra escuela, sino también en otra institución. Estaba cumpliendo con dos licenciaturas, de las cuales una estaba a punto de terminar. Nos escogieron para ser sus conejillos de indias (digo, para sus prácticas docentes).
—¿Estás bien? —preguntaba asustado.
Charles llevaba ya tres meses trabajando con nosotros. No sé por qué me sorprendía aún que él supiera mi nombre; pero me emocionaba tanto que, cuando pude responder, lo hice con una enorme sonrisa en mi rostro y una voz tímida. Dios, siempre estuve huyendo de él; era tanta tentación para mí que, cada que me lo topaba por los pasillos y él quería saludarme, yo salía corriendo rápidamente. En ese momento, ni siquiera me esforzaba por pararme.
—¿Qué le pasó a la señorita Cornejo? —preguntó la asesora de mi grupo al encontrarme tirada en la cancha con un círculo de personas alrededor de mí.
—Le pegué con la pelota sin querer —decía él sosteniendo aquella pelota de baloncesto.
—¿Qué tipo de golpe le ha dado para que quede tendida?
—No me fijé que iba pasando, lo juro.
—La enfermera no está hoy. ¿Tienes carro, Charles? —preguntó la maestra.
—Sí...
Me empecé a oler las intenciones de la profesora; así que inmediatamente me paré, aparentando no sentir dolor alguno, aunque mi cuerpo tambaleaba.
—Estoy bien... —dije intentando alejarme de Charles.
—No, claro que no estás bien —decía la asesora—. Es necesario que Charles te lleve al hospital particular de la Cruz Blanca. Los golpes en la cabeza no deben ser tomados a la ligera. Por favor, Charles.
—Sí, maestra —dijo tomándome de la cintura y el hombro—, yo la llevo.
Fuimos caminando lentamente al carro de Charles. Se trataba de un pequeño auto azul marino; era un carro algo maltratado y la máquina no le andaba bien. Con un poco de desconfianza, subí en él.
Durante el camino, Charles volteaba a verme preocupado. Yo solo intentaba permanecer callada el resto del trayecto; pero Charles, por alguna extraña razón, parecía estar muy interesado en hablar conmigo. Nunca fui de las chicas populares, ni de las más guapas; así que quise pensar que él veía algo en mí, aunque no sabía qué era lo que veía.
—¿Trabajas para el programa de inglés para la educación básica?
—Así es, tengo un año trabajando ahí. Tú deberías hacerlo, tal vez te ayude...
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2. Último Plan ©
RomantikAutor: Makayla Dorvillers Portada: Imagen humana generada con inteligencia artificial (Gemini). Edición y composición gráfica realizadas en Canva. © 2026 Makayla Dorvillers. Todos los derechos reservados Saga: Conspiración Espiritual Número: 3 03/0...
