Capítulo 11. La vida.

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"Si Vassilis y yo hubiéramos sido pájaros, lo habría escogido a él para hacer nuestro nido juntos. Y si hubiéramos vivido en una jaula, habría sido él a quien hubiera querido tener de compañero; porque a su lado no noto la diferencia entre la libertad y el encierro; porque a su lado cualquier cosa... me sabe a vida..."

Eso es lo que pensaba mientras observaba los árboles llenos de pájaros en el jardín de mi casa. De nuevo hacía un buen día; bastante calor, sol, los pájaros cantando alrededor. Estábamos rodeados de aquel regalo llamado vida; es ese regalo que te dan cada día, pero que no siempre eres capaz de ver. En mi caso, yo lo comencé a ver cuando apareció Vassilis en aquel café.

—¡Maky, ven a la piscina! —exclamó antes de echarse un clavado.

"Vassilis, sin embargo, si hubiera sido un pájaro, posiblemente se la habría pasado de viaje... Y probablemente, yo habría terminado construyendo un nido para mí sola", concluí.

—Voy a entrar despacio —dije sumergiendo una silla de plástico.

—¡Arriésgate! Échate un clavado.

—No sé nadar y me puedo ahogar —expresé seria mientras entraba lentamente.

—No te vas a ahogar. Tienes ante tus ojos al mejor nadador de todos —decía acercándose a mí—. ¿Crees que no podría salvarte si te hundes?

—No lo dudaría ni un segundo, pero eso no quita que le tenga miedo al agua. ¿A ti no te da miedo?

—No realmente; he nadado desde chico, así que no. Para nosotros, los griegos, el mar es nuestro segundo hogar. Vamos, mujer, hay cosas peores que el agua. Deberías intentar hundirte —decía tomándome de las manos.

—Me da miedo hundirme —dije riéndome de mí misma.

—Vamos, inténtalo; contaré hasta tres y te hundes.

Después de que Vassilis contó hasta tres, intenté sumergirme dentro del agua; pero cuando mi cabeza estaba a punto de hacerlo, me detuve petrificada de miedo.

—No, Vassilis. No puedo hacerlo, en verdad me da miedo.

—Dios mío, estás peor de lo que pensaba. ¿Qué es lo que te da miedo? ¿Qué se te meta el agua por la nariz?

—Me da miedo morir ahí adentro...

—Qué dramática eres. Te estoy tomando de las manos, no vas a morir...

—Bueno, mi miedo más racional es que se me tapen los oídos...

—Eso tiene solución... no tiene ningún sentido tu miedo. No te va a pasar nada que no podamos arreglar. Intenta sumergir tu cabeza, vamos...

Después de contar hasta tres por cuatro ocasiones, por fin logré meter levemente mi cabeza por un segundo; saliendo totalmente en pánico, ahogándome y sin poder respirar.

—¿Qué fue eso? ¿Maky, estás bien? —preguntaba nervioso y asustado.

—No, no estoy bien —le comenté lanzándole agua con el brazo—. Te dije que me iba a morir.

—Pues, para empezar, no moriste. Y segundo, no debes meterte solo así. Si vas a sumergir la cabeza recta para que no se te meta el agua, toma aire por la boca y luego lo expulsas por la nariz...

—¿Qué?

—Como vas a estar expulsando el aire por la nariz, no se te meterá el agua, hazme caso.

—Me voy a morir —decía en negación—. Moriré aquí y todo por tu culpa.

Vassilis volvió a tomar mis manos mientras me veía sereno y preocupado a la vez.

2. Último Plan ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora