Capítulo 12. Libertad.

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La gente que muere permanece en nuestro corazón y en nuestra memoria por siempre. El resto de la gente, que solo observa desde afuera, piensa que cuando vuelves a sonreír, a salir o a arreglarte, es porque lo has olvidado y estás avanzando. Sin embargo, no es así; solo aprendes a vivir con eso.

Cuando me pagué una sesión de tarot, opté por hacerlo con el mismo hombre que me había advertido que Jonás era inestable y de mal carácter por aquellos días cuando yo era ingenua y, por supuesto, no le creía ni una palabra.

Cuando llegó el momento de hacer la pregunta, él quedó pensativo y luego intentó aguantarse la risa.

—Mira, tú disfruta lo que dure; porque este hombre se ve que te enseña lo mejor de ti y despierta cosas nuevas en ti. La cosa va por ahí...

No era la respuesta que yo esperaba. En verdad, yo solo quería una de dos respuestas: una, que no era un buen hombre y que me alejara de él; o dos, que se quedaría. La primera era para poder aplacar mi corazón y mi mente; la segunda, para lograr lo mismo.

—¿Pero es bueno?

—Sí, no sale nada malo. De hecho, tienen una vibración similar. Me sale el rey y la reina viéndose. ¿Qué quieres que te diga? Disfrútalo...

—¿Eso es todo?

Francamente, yo sí esperaba algo más... "Es el bueno", "Veo boda", "Se quedará contigo". Pero la razón por la que pago a alguien más para que me lea las cartas es justo para que me diga la verdad, aunque no quiera escucharla. Eso fue todo lo que me pudieron decir de Vassilis.

Cuando Vassilis decidió alejarse de nuevo, yo decidí ya no ir por él. Simplemente el juego se volvió monótono para mí. Vassilis se refugiaba de cualquier cosa que le hiciera daño usando su ego como escudo y no como motivación; después de saber tantas cosas de él, comprendía por qué lo hacía.

Se podía desaparecer una semana entera sin dar absolutamente una señal de vida; me acordaba mucho de Yefuá. Él solía hacer lo mismo; tal vez simplemente me tocó pagar el karma que debía con él.

Imprimí la foto de Yefuá y me la llevé al trabajo; era agradable verlo mientras trabajaba. De Vassilis también tenía su foto, es solo que, por alguna razón, ese amor comenzaba a ser azul y me lastimaba aún más que la ausencia de Yefuá. Tenía sentido: mientras Yefuá me dejó sin querer hacerlo, Vassilis me dejaba con toda la intención de querer hacerlo. Lo peor es que realmente no sabía quién de los dos era más egoísta: si yo por querer disfrutarlo aun sabiendo que al final podía salir lastimada, o él por querer irse sin hacerlo.

Empecé a buscar ayuda espiritual. Encontré consejos como poner dos huesos de durazno sobre un plato de cerámica blanca debajo de la cama para crear armonía. También preparé una vela de color rosa para mejorar nuestra relación; pero nada parecía surtir efecto. A veces tienes que aceptar que lo que no es para ti, aunque lo quieras atar, no se quedará; por muy duro que sea admitir esta situación.

Tal vez Vassilis me estaba dejando en libertad desde ese momento porque él podía entender algo que yo soy incapaz de entender. Quizá me ama tanto que me estaba regalando paz y serenidad, quitándome los apegos y dejándome la puerta de la jaula abierta para que pudiera volar libre... Aunque yo no quería volar con otro pájaro que no fuera él. Es duro; pero tal vez él sabe que mi amor no es para él, así como también comprende que su amor no es para mí. Finalmente, cuando esto termine, el mundo seguirá girando, como decía Yefuá. Entonces, me encontraré a mí... y él a sí mismo.

La noche del ombligo de la semana no podía dormir y me puse un audio de Yefuá. Él sabía tan bien que yo sufría de insomnios que me mandaba audios cantándome canciones infantiles o de Navidad. A veces, esos audios son lo único que me ayuda a dormir... Son de esos pequeños tesoros que escondo, no solo en mi corazón y memoria, sino en mis propiedades, al igual que cada recuerdo que conservo de él.

2. Último Plan ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora