Capítulo 3. Inseguridad.

66 34 6
                                        


El mensaje era como un típico mensaje francés desde mi perspectiva: específico y concreto. No me estaba coqueteando ni mucho menos; ni siquiera lo envió con un emoji de carita feliz. Pero viéndolo bien, efectivamente, lo había aceptado como amigo sin fijarme en que él no había sido de los chicos que vinieron en el viaje de Yefuá. Era un hombre no tan joven como Yefuá pero bien parecido; ese tipo de apariencia física no es fácil de olvidar. ¿Era guapo? Podrían preguntar... Depende de los gustos de cada quien; para mí Yefuá lo era más, mucho más masculino de cuerpo y cara. Pero, si lo que les gusta son los hombres de rasgos faciales finos y bonitos, posiblemente Pierre sería más su tipo.

"Sí, claro, avísame cuando estés por venir a mi ciudad y nos vemos. Estoy emocionada por tener con quien hablar sobre Yefuá, gracias por escribir" —respondí.

Vassilis también me envió mensajes de audio explicándome nuevamente que no hablaba de esa mujer porque tuviera un interés en ella, sino porque quería compartirme la razón por la que estaba en México. Yo intenté ser comprensiva; siempre intentaba serlo tanto como él lo procuraba, pero debo aceptar que no siempre es fácil. Hay situaciones más complicadas de aceptar que otras. Él me comentó que realmente no quería intercambiar experiencias, sino más bien darme a entender por qué es así. Creía que, sin escucharme, podía entender por qué yo era de esa forma y realmente no estaba interesado en saber qué cosas estuve haciendo con otros chicos; pues, aunque lo entendía, no era algo que quisiera escuchar.

Los días pasaron y seguía en ascuas sin saber exactamente qué estaba pasando. A veces lo veía conectado, pero él pasaba de mí totalmente. De repente, me encontré a mí misma actuando y pensando de forma insegura. Esas actitudes y pensamientos que tanto nos molestaban a ambos nos invadían.

—Estoy muy cansado —escribía— y estoy teniendo problemas con el trabajo.

—¿Qué tipo de problemas? ¿Qué debo hacer entonces?

—Esperar, déjame resolver esto; calmarme, acostumbrarme al horario y yo te platicaré entonces qué pasó...

—¿Lo prometes?

—Sí, ya sabes que sí; solo... no me presiones porque te conozco, te conozco Micaela.

—No soy Micaela —contesté molesta—. Además, sabes que sé respetar tu espacio; pero el que no me quieras decir qué pasa me preocupa. Sabes que soy muy ansiosa.

—Lo sé, eso es justo lo que me preocupa... que sé que cuando se te mete una idea a la cabeza a veces te vuelves insistente.

—Entonces dime qué pasa de una vez...

—No puedo hasta tener una respuesta, solo dame un par de días y te escribiré...

Un par de días... un par de días sin saber nada de él pues tenía sus problemas personales. Siempre he pensado que ser una pareja implica tener un compromiso. De repente te vuelves parte de la vida del otro; se supone que son parte del mismo equipo. El que Vassilis decidiera no contar conmigo ante sus problemas me causaba confusión e incluso un poco de miedo. Y entonces me descubrí a mí misma pensando de forma insegura, justo lo que tanto odiábamos.

Efectivamente decidí darle su espacio; pero me molestaba mucho la situación. Me molestaba no poder saber qué pasaba y comencé a entrar en pánico pues pensaba que, de repente, Vassilis había dejado de tener interés en mí. Tenía mucho tiempo de no sentir ese sentimiento de inseguridad invadiendo mi cabeza. Una vez intenté hablar con él para aclarar qué pasaba, pero él prefirió pasar de mí de nuevo y esto me ponía más de los nervios. Odio ser una persona tan poco paciente y caí en un extremo grande... Borré a Vassilis de WhatsApp y di de baja mi Facebook para evitar que él me borrara de ahí... y le envié un vergonzoso mensaje.

2. Último Plan ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora