Nuestro último fin de semana...
Era difícil siquiera pensar en eso; pero no permitiría que mi drama de nuevo me lo echara a perder. Ese último fin de semana ni siquiera le pedí a Vassilis verlo. Tomé un par de cosas y me fui a la terminal de autobuses, llegué a su ciudad y con un Uber me transporté directo a su casa. Después de todo, parecía que sí era buena dando sorpresas.
Cuando llegué por la mañana, empecé a tocar su timbre un tanto desesperada; pero Vassilis nunca espera visitas y sabía que, si lo tocaba decentemente, no me abriría. Vassilis salió por la puerta y comenzó a preguntar quién llamaba. Al percatarse de que era yo, fue por sus llaves y me abrió. Su cara expresaba más miedo que felicidad o sorpresa.
—¿Qué haces aquí? ¿Estás bien? —solo eso se le ocurría preguntar.
—Vine a que pasemos este último día juntos.
—Rayos, chica. Me metes sustos terribles, debiste decir algo. Pasa, aunque casi todo está desordenado.
La casa de Vassilis ya no se parecía en nada a su hogar de entonces; muchas cosas ya estaban metidas en cajas. Otras más las había estado regalando, vendiendo o ya yacían en algunas maletas. Tal vez solo hasta que pude verlo con mis propios ojos, comprendí por qué Vassilis intentó apartarme por tanto tiempo.
—Si encuentras algo que te guste puedes conservarlo, no puedo llevarme todo.
—Ya no tienes refrigerador...
—Lo vendí; he ido vendiendo poco a poco las cosas.
—Si me haces la oferta de quedarme con lo que guste de aquí, podría decir que quiero quedarme contigo.
—Eso no se puede. Y me temo que, antes de que siquiera lo pienses, el balón también se viene conmigo.
—Claro, no lo dudé ni un segundo.
—Honestamente, no quería que recordaras mi casa de esta manera...
Y tenía razón. Entrar ahí y ver la casa de esa forma daba una sensación de que el lugar ya no tenía vida. Es ilógico, pero parecía como si la casa hubiera muerto. De repente, ni sus colores me parecían tan fuertes, ya no tenía olores; prácticamente era un cascarón.
—¿Cuál es el último plan?
Cuando me dijo esas palabras, me di cuenta de que ni yo misma sabía la respuesta...
—Lo que surja. ¿Qué tienes en mente?
—Yo no soy quien viajó más de cincuenta kilómetros.
—Yo también puedo sorprenderte.
—Lo haces de por sí con cada palabra que sale de tu boca.
Vassilis tomó una mochila, sacó unos lentes que aparentaban ser para la visión y se los puso.
—¿Qué haces? —dije riéndome.
—Alguna vez me dijiste que te gustaban los hombres con lentes y, bueno, quiero que me muestres qué tanto te gustan.
Vassilis me sujetó de la cintura y comenzó a besarme mientras caminábamos a la habitación, donde pasamos varias horas disfrutando el uno del otro; como si el día de mañana no fuera a llegar, como si la tierra por un momento hubiera dejado de girar, como si la vida misma hubiera dejado de tener ese sentido estructurado que suele tener.
Aquella mañana nos completamos el uno al otro como piezas de rompecabezas, sintiéndonos plenos y satisfechos por una última vez. Al terminar, a pesar de estar llena de cansancio, tomamos nuestras cosas dirigiéndonos al cine a mirar una película llena de canciones algo viejas pero muy bonitas. Parecía que tendríamos un día bastante tranquilo, y es que no había ningún plan como tal. Tal vez en la vida, por muchos planes que hagas, a veces las cosas no planeadas simplemente son mejores.
ESTÁS LEYENDO
2. Último Plan ©
RomantikAutor: Makayla Dorvillers Portada: Imagen humana generada con inteligencia artificial (Gemini). Edición y composición gráfica realizadas en Canva. © 2026 Makayla Dorvillers. Todos los derechos reservados Saga: Conspiración Espiritual Número: 3 03/0...
