A la mañana siguiente, cuando abrí los ojos, los ojos miel de Vassilis ya estaban observándome. Había volteado su cuerpo hacia mí, mientras mi perrita estaba bajo su cabeza como si fuera una especie de almohada. Al ver tal cosa, solo comencé a reír discretamente mientras me tallaba los ojos.
—Tu perrita insistió en ser mi almohada; no sabía que también era mi fan.
—Tiene la mala costumbre de ponerse de almohada, pero generalmente lo hace por las tardes.
—¿Tiene horarios para hacer las cosas? —preguntó extrañado.
—Sabe que en la noche me pongo de mal humor si me despierta.
—Ambos intentamos no hacerlo... Oye, ayer me quedé pensando en el fastidioso que marcó en la noche.
—Me imagino. ¿Estás celoso?
—Lamento decirte que no, aunque sé que te encantaría; solo no me gustaría que te molesten o acosen, hay hombres muy idiotas.
—Tranquilo, no es el caso. Además, Pierre no es para nada mi tipo. Ya una vez salí con él...
—¿Cuándo pensabas decirme? —me dijo confundido.
—Ni siquiera lo consideré especial para contártelo, por eso te lo cuento hasta ahora. Salimos a una plaza a tomar aquella noche que te llamé estando borracha.
—Espera, entonces... ¿Él fue quien te preguntó si tus sandalias eran griegas? Pobre, él mismo terminó dándose el tiro de gracia para alejarte. ¿Mostró algún interés por ti?
—No, no intentó besarme ni nada; pero me halagó un poco.
—Así que a la mujer le encanta que la halaguen.
—A ti también; no puedes negar que se siente bien...
—Pero se siente mejor cuando viene de tu pareja, ¿no? —dijo abrazándome.
—Más aún cuando tu pareja no es nada más ni nada menos que Vassilis Nikolau.
De repente, nuestra escena romántica fue interrumpida por un grito desesperado de mi hermano mayor. "¡¿De quién es el Audi que está en la cochera?!", exclamaba.
Rápidamente, Vassilis y yo nos paramos para acomodarnos la ropa. Salí de la habitación dejándolo encerrado. Me topé con mi madre, quien aún estaba en camisón en el pasillo, y le expliqué en secreto:
—Traje a Vassilis a la casa y sigue aquí. No quería que se fuera de madrugada hasta la capital, no te enojes.
—Voy a vestirme. Dile que saque su carro para que tu hermano pueda salir —me respondió encerrándose en su alcoba.
Saqué a Vassilis rápido de la habitación y le grité a mi hermano: "¡Un amigo se quedó a dormir, pero ya va a mover su carro!", dije enviándolo delante de mí mientras bajábamos por las escaleras.
—Se quedó en el cuarto de huéspedes. Es que vive en la capital; ni modo que se fuera manejando en la madrugada —le seguí explicando.
Salí de la casa para encerrar a mis feroces perros en el pasillo; son un Husky y un Rottweiler, los guardianes de la casa día y noche. Una vez dentro, Vassilis salió de la casa solo para acomodar su carro en algún otro lugar fuera de ahí.
—No soy tu amigo... —decía viéndome molesto, usando español e inglés—: "I'm not your amigo".
—Ya hablamos de eso...
—Diles quién soy —exigía.
—... ¡Bueno, no es un amigo, es mi novio! —les gritaba hacia adentro de la casa.
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2. Último Plan ©
RomantikAutor: Makayla Dorvillers Portada: Imagen humana generada con inteligencia artificial (Gemini). Edición y composición gráfica realizadas en Canva. © 2026 Makayla Dorvillers. Todos los derechos reservados Saga: Conspiración Espiritual Número: 3 03/0...
