"¿Como podría saberlo?"

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- Hemos llegado a su destino- Decía el más alto.

- Wau! - Menciono sorprendido el castaño.

- ¿Nunca has estado en un pueblo?

- Que yo recuerde, no.

- Oh, ya veo- decía decepcionado.

Ambos fueron recorriendo el pueblo, uno más emocionado que el otro. Hablaron con personas, visitaron lugares y esas cosas.

- Tengo frio- Se quejo el pequeño.

- Te lo advertí.

- Mira quien habla. Tú vas más desnudo que yo.

- Si, pero puedo soportar más el frio.

- Mmm! - Hiso un mohín.

- *Suspiro* Ven aquí- Dijo acercándose a el castaño, terminando abrasándolo.

- ¿Ah? Eres muy tibio- Menciono, para aferrase más a él.

- Niños no miren- Decía una pareja de esposos, tapándole los ojos a sus hijos.

- ¿He? – Menciono confundido.

- No les hagas caso.

- O-okey.

Se quedaron en silencio, abrazados entre sí. Eran cálidos y también cómodos los brazos del mayor. Al menos para Sora.

- Eh, perdón por preguntar esto en un momento así, pero, ¿me podrías decir tu nombre?

- Eso ya deberías de saber mejor que nadie.

- ¿Eh? ¿Cómo podría saberlo?

- Solo recuerda.

- Pero, dime – Dijo, inflando los mofletes.

- Esta bien. Mi nombre es Riku.

- Riku...- Dijo para sí- Que lindo nombre. Me suena familiar, pero no sé de qué.

- Algún día lo sabrás, o, mejor dicho, lo recordaras.

- Tal vez.

- Bueno, se esta haciendo tarde. Hay que irnos.

- Pero apenas estuvimos dos horas fuera.

- Por eso, hay que irnos.

- Pero me quiero quedar más tiempo.

- Entonces ¿Qué quieres hacer?

- Una persona con la que hablé, me dijo que por aquí cerca, hay un mar y nunca lo pude verlo ¿Podemos ir?

- Si, como quieras.

- ¡Si! entonces vamos- Dijo jalándole del brazo.

. . .

- ¡Ah! – Exclamo alegre, tirándose de espaldas a la arena. Riku lo acompaño, se puso del lado izquierdo de él.

- Pensé que te daría asco la arena.

- Como crees. La amo, hasta podría hacerme una milanesa en ella.

- Hazla entonces.

- Con gusto. – Dijo y empezó a girar en su lugar. Primero se fue hacia la derecha y luego hacia la izquierda, quedándose cara a cara con el albino.

Sus rostros estaban apenas a unos centímetros de distancia, y Sora lo único que hacía era observar cada bello rasgo facial del otro, hasta que "pum" sus labios chocaron entre sí, a causa de una pelota que había caído en la cabeza del oji-azul.

- ¡¡L-l-lo siento!!- Tartamudeo avergonzado. Su corazón iba a mil por hora, su cara estaba de un color carmesí, hasta sus orejas.

- No te disculpes, no fue tu culpa.

- ¡¡Perdón!!- Dijo un joven pelirrojo que estaba acompañado de otro chico de cabellos lilas.

- Deberían de tener más cuidado- Se quejo el albino devolviéndoles la pelota.

- Gracias, lo tendremos en cuenta- Dijo el peli lila- ¿O no?, Lea.

- Si. Sentimos las molestias... ¿Chicos?

- Sora, él es Riku.

- Yo soy Lea, pero pueden llamarme Axel.

Nos volveremos a ver ¿Cierto?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora