El mes había pasado volando. Las cosas parecían iguales en su exterior pero en realidad no era así, muchas cosas habían cambiado y nadie se percataba de ello, o simplemente no le tomaba mucha importancia.
La relación entre Madara y Obito parecía mejorar notablemente. La anterior frialdad que antes usaba siempre el mayor se había disipado por completo; ya no era tan apático y trataba de sacarlo más seguido a tomar aire fresco tan siquiera, hablaba más seguido con él, haciendo ese tipo de lazos que en un principio no hacía. Cosas que desconcertaban al adolescente ya que eso si fue una vuelta muy inesperada, no entendía de buenas a primeras ese trato tan amable hacía con él. Y no podía negar que le empezaba a gustar mucho eso.
Pero cosas externas a ellos sucedían y también formaban parta indirecta de esos cambios. Rin era las más insistente; llegaba a llamarle a su antiguo amigo casi a diario luego que hubiera conseguido su teléfono dándose cuenta los horarios en los que estaba y no el mayor; su intención era simple: quería verle, más cuando estuviera solo y también para ver la posibilidad de que fuera con ella Kakashi.
También estaba Konan empeñada en ver a su hijo; su paciencia estaba comenzando a mermar ya que Madara le daba todo tipo de negativas de conocerlo; por eso es que aprovechando su status en la empresa siempre la exigua más en el ámbito laboral a tal punto de volverse insoportable, y aunque si bien podía librarse de la mayoría de los acosos bien librado no lo era en todos. De él también comenzaba a cansarse.
Era un día tranquilo. Ahora había podido dormir bien, algo que le parecía extraño; se había acostumbrado a despertarse por las madrugadas que dormir sus ocho horas le hacía peor que madrugar.
Se levantó de la cama poniéndose las pantuflas bostezando. Un sonido de algo romperse lo despertó de golpe. El sonido provenía de la cocina así que se dirigió rápidamente al sitio.
Ahí vio a su sobrino todo alterado; en el piso había restos de un palto roto; y seguía aventando cosas que ni siquiera podía entender por qué lo hacía.
—Obito— se le acercaba esquivando un vaso que había lanzado.
—No te me acerques— seguía murmurando mientras tentaba en la alacena que más lanzar—. No lo soporto más— decía, parecía ido de la realidad hasta que sintió que le aprisionaba los brazo— ¿Madara? —preguntó confundido, como si apenas despertara.
—¿Qué te pasa? —preguntó en ese mismo estado; solo que más consciente.
—A mí no me ha pasado nada —negó todo para luego ver el desastre que había ocasionado— ¿Cómo demonios paso eso? —arqueó una ceja sin recordar que había sido el autor.
—Eh...no importa —no tenía caso decirle eso—, por cierto quiero que te arregles que vamos a salir —ordenó empezando a salir de la cocina; eso lo arreglaría después.
—¿Salir? ¿A dónde? —seguía los pasos del mayor con insistencia- tu nunca me habías dicho eso- dijo a manera de rezongo.
"Si te lo dije en la noche" pensaba algo cabreado- no importa, tu solo has caso a lo que te digo- y dicho esto se largó a su habitación ignorando los reclamos de Obito ¿Por qué se quejaba tanto? Bueno dentro de un rato dejaría de estar haciendo eso, de eso estaba plenamente seguro.
Se cambió rápidamente de ropa, poniéndose unos simples vaqueros negros y camisa roja de manga corta, zapatos converse color vino. Cuando salió el menor ya lo estaba esperando vistiendo unos pants azules y una sudadera negra de capucha con estampados, tenía sin agujetas. Claramente se veía lo cabreado que estaba. Nunca parecía contentarse de nada al parecer.
—Y estoy listo —decía molesto el joven cruzándose de brazos.
—No te pongas así —resopló con fastidio mientras cogía las llaves del auto—. Tal vez se te olvido, pero hoy vamos a que te quiten las cicatrices que tienes —una leve sonrisa se asomó al ver como la expresión del chico se volatizaba convirtiendo esa mueca desdeñosa a una sonrisa realmente bonita—. Sí, claro solo cuando te conviene ya te porta bien- sin poder contenerlo llevo una de sus manos a la cabellera ahora corta revolviendo sus cabellos.
—Ey no me despeines —inflaba las mejillas—. Sólo que no me acordaba y pensaba que sería en otro día —señalo.
—Ya no importa —le restó importancia.
—Si, como sea ¿ya nos vamos? —preguntó ya algo impacienta por querer irse.
—No que estabas muy molesto de irte —comento sarcástico saliendo de la casa.
—¿Qué te hace pensar que estaba molesto —preguntó como si nada.
—Nada —cortó; a veces se preguntaba si lo hacía a propósito o era efecto de la enfermedad. Era algo que no quería averiguar por falta de interés.
Se montaron en el auto; el recorrido era largo y en el transcurso Obito se la pasaba mandando mensajes en el celular. De seguro es con esa mocosa, pensaba Madara sin quitar los ojos del camino.
—Demonios —oía como maldecían por lo que echó un vistazo a ver que sucedía—. Maldita porquería —tiró el pobre aparato que por suerte sobrevivió a la caída.
—¿Y eso? —preguntó por el extraño brote de ira.
—Esa porquería se apagó —dijo mirando con profundo rencor al celular que estaba tumbado en sus pies.
—No tenías que tirarlo —dijo mintiendo la compostura.
—No le paso nada, así que no debe de interesarte —se encogía de hombros dejando el artefacto donde estaba.
—Sí, se descompuso no te comprare otro —decía en son de advertencia cosa que omito el otro.
Y después todo se volvió tedioso hasta llegar a la dichosa clínica. Esta era muy bonita y claramente costosa. Eso los constataba Madara por el precio que le habría cobrado, pero era una de las mejoras del lugar y valía la pena.
Le recepcionista que les atendió les dijo que tendrían que esperar; estaba por maldecir, pero el tiempo no fue mucho. Entraron a uno de los consultorios donde les esperaba el cirujano que estaría el mando de la operación.
—Buenos días —saludo aquel castaño de ojos negros estrechándole la mano a Madara y después dirigirse a Obito- hola- saludo de una manera menos formal.
—... —se le quedo viendo un rato, y sin decir nada prefirió ignorarlo.
—Está bien —sonrió forzado —la operación será pronto así que —sentía que le seguía ignorando pero valía la pena intentarlo—. En la salida encontraras a un enfermera ¿me harías el favor de ir con ella? —pidió de una manera bastante educada.
—Eh...claro —accedió hablando en un susurro saliendo de la habitación.
Cuando la puerta se cerró dejando a los dos adultos solo el ambiente pareció aligerarse un poco.
—Parece que es un buen chico —comento el medico mientras se cruzaba de brazos, soltando un suspiro en el aire— ¿Qué paso para que estuviera en ese estado?- pregunto directo.
—No es algo que le importe— dijo tajante Madara.
—SÍ, supongo que tiene razón —cerro lo ojos—. Ahora entiendo porque es así con los demás- dijo interpretando eso.
—Vayamos al grano con eso ¿quiere? —evitaba es tipo de conversación —Doctor....
-John —decía su nombre— la operación no es muy compleja, en realidad si todo va bien se le dará de alta mañana en la noche —explicaba.
—¿Cuándo será?
—Cerca de una hora y si no hay complicaciones durara cerca de tres horas. Así que podrá verlo 7:00 pm —dijo calculando el tiempo— ya después estará en observaciones hasta que demás de alta.
—Está bien —dijo, sin nada más inteligente que pudiera salir de su boca.
—Mientras tanto, podría verlo ya sabe a veces es bueno que alguien este antes la intervención —recomendó—, para bajar los niveles estés y todo eso, si quiere yo le acompaño —se ofreció.
—Si —asintió yéndose con John a una habitación particular donde se encontraba el chico sentado en esa cama. En cierto sentido le recordaba a como le había encontrado en aquel hospital en ese deplorable estado, ahora estaba más o menos solo que consciente y un poco mejor.
—Madara —dijo Obito sonriéndole con los nervios a flor de piel —pensé que te habías ido —soltó casi sin poder evitarlo, al sentir ese sentimiento de abandono.
—No, no te dejare —dijo como vomito verbal —.Porque si quizás es un descuido traficaran con tus órganos —bromeó un poco.
—¿En serio harían eso sí estoy solo? —preguntó aterrado ante esa posibilidad que no le gustaba nada.
—¿Eh? Nunca haría eso, solo es un juego —desmintió lo que había dicho; si claro calmarle los nervios, iba tan bien, se regañaba mentalmente al ver que le había espantado.
—No me asustes así —le miraba de mala gana— y ¿tú crees...que realmente quede bien? —preguntó, no estaba muy seguro y un poco de apoyo no le valía la pena- a veces hay riesgos.
—Vas a estar bien —dijo calmadamente hasta que sintió un peso extra en su cuerpo. Y sin darse cuenta que le estaba abrazando: aunque eso era una palabra liviana ya que si ponía algo de fuerza.
—Tengo algo de miedo, por eso —dijo el menor estrujándolo —.No quiero que pase algo malo, no ahora.
—Sólo tienes que estar tranquilo —dijo comenzado poco a poco a corresponder ese abrazo—.No te pasara nada —quería calmarle, si estaba muy nervioso y lo sentía y a que temblaba un poco entre sus brazos.
—¿Vas a estar conmigo cuando salga? —cuestionó nada algo desesperado en encontrar esa respuesta.
—Sí. Estaré contigo —prometió; no era algo que no pudiera cumplir de todas maneras ahí estaría Obito se separa el sonriéndole; esa sonrisa que le aturdió, parecía que nunca le había visto y en efecto no una así, de esa manera. Era la primera vez que lo veía así y le hacía sentir algo extraño, diferente, pero no lo quiso notar.
Pasaron un tiempo hablando de cosas muy triviales; en las cosas que habían pasado ese último mes y cosas por estilo. La charla termino cuando John hizo su acto de presencia diciendo que se debía retirar ya que ahora serían los preparativos de la cirugía. Salió del cuarto con un "nos vemos" al parecer su sobrino estaba más calmado lo cual le hacía un beneficio.
Estar en la misma de la espera seguía siendo para él un verdadero martirio; por un momento deseaba que esa fuera la última vez que estuviera en una situación como esa.
El sonido del celular irrumpió sus pensamientos; contesto sin darse cuenta de quien le llamaban; si se hubiera dado cuenta lo más seguro es que apagaría el aparato.
—Bueno —contestó.
—Madara —La voz de Konan rápidamente le hizo enfurecer— ¿Se puede saber en dónde demonios estas metiendo? —exigió sabes sin ninguna pizca de delicadeza; más bien si se podría describir seria como un hielo frio y duro que llega a quemar—. Se supone que debería estar aquí, cumpliendo tus obligaciones.
—Lamento si Zetzu se le olvidó decirte que no podré ir el día de hoy —se disculpó muy falsamente —. Pero eso no es mi culpa, así que si me disculpas.
—Tal vez te creas mucho por tu reputación, pero eso no te da privilegios Uchiha—su paciencia estaba llegando a su límite —así que no quiero ningún tipo de excusas solo 'para evadir a tu responsabilidad —adiós paciencia.
—Y si te dijera que es por tu hijo ¿me permitirías faltar? —pregunto callando cualquier comentario duro de la mujer al otro lado de la línea.
—¿Mi hijo?, ¿Cómo está? —Por fin le hablaba bien, aunque no muy a su gusto, pero era mejor a que se sintiera superior.
—Me parece muy raro que preguntases por el solo cuando lo menciono —comentó —. Es curioso que nunca nazca de ti.
—Cállate —ordenó para después preguntarle— ¿Qué ha pasado?
—Le están arreglando las cicatrices que tiene... bueno que vas a saber tu— se permitió carcajear un poco.
—¿Dónde está? —preguntó ignorando la satírica de su ex cuñado—. Mira, respóndeme o...
—Oh ¿Qué? ¿Me amenazas? No es necesario eso y tampoco creo que lo sea de que vengas aquí.
—Quiero verlo.
—¿Quieres verlo? —repitió lo mismo a modos de pregunta, pero cayó por un momento, si se ponía a pensarlo no le convendría tenerla en contra ya que su trabajo estaría en un sumo riesgo y no correería a arriesgarse, por lo menos por ahora- así que por fin le contesto bien —En la clínica SEMCC en Shibuya —dijo—,si quieres ahorrar tiempo te sugiero que vengas en la tarde cuando salga de la operación.
—Estaré ahí— colgó, dando fin a la llamada.
Suspiro frustrado; con esa mujer no podía pasar nada bueno. Pasaron las horas; Konan había llego cerca de las cinco de la tarde: una mirada fría que duro unos cuantos segundos fue como una especie de saludo, si se dignaron a sentarse al lado del toro pues ese odio mutuo era muy intenso.
Eran cerca de las 6:30 cuando el cirujano en jefe por fin salido acercándose a Madara que se levantó de su asiento.
—¿Qué pasa? —preguntó el moreno.
—Pues...salió todo bien, ahora esta sedado, pero puede verlo si así lo desea.
—¿En serio? —interrumpió la única mujer llamando la atención de los dos hombres.
—Eh claro- dijo el castaño ¿usted debe ser la madre del chico? —dijo no muy seguro.
—Si- contesto— ¿Puedo ver a mi hijo? —repitió el cuestionamiento.
—Claro —asintió—. Los dos pueden.
Los dos se vieron con desde pero no discutieron nada, entraron al cuarto donde estaba el joven con vendas alrededor del rostro, y se notaba que unas más en su brazo derecho. Estaba totalmente inconsciente.
Konan fue la primera en que se le acerco acariciando los vendajes que ocultaban su rostro mientras sollozaba en silencio. Era un ser humano al fin y en cuentas, que podía sentir.
—Lo siento —susurraba mirándole con lastima—no debía dejar que te pasara eso —decía sintiendo ese arrepentimiento quemándole la piel.
A mucho la escena le podría parecer de lo más conmovedora, pero no para el único espectador de la misma- le causaba tanto malestar que le sorprendía que no vomitara en ese mismo instante.
Paso un tiempo cuando aquella madre deshecha decidió abandonar la habitación quiso esperar a que saliera aquel molesto hombre lo hiciera también.
—Yo saldré en un rato —dijo- así que vete.
Iba a reclamarle per se contuvo; ahora no estaba de humor para hacerlo así que salió sin decir nada al respecto. Ahora era su turno en acercarse; lo miro ahí postrado de la misma manera que hacía un año. Pero su mirada era distinta, había un brillo que no había antes.
—Supongo que este mundo está lleno de farsantes —decía aunque no le escuchaba—. Y que realmente has estado solo —Hace una pausa—, por lo menos yo estaré contigo y no estarás solo nunca más —parecía una promesa, de las que duran y no se rompen.
Continuara.
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Venganza y justicia -MadaObi
FanfictionÉl estaba cansado de todo, de todos aquellas personas que solo se burlaban, abusaban de él como si no valiera nada. Haciendo que incluso considerara su vida como si no valiera nada. No esperaba mucho cuando la vida la brindó una segunda oportunidad...
