Silencio. Era lo único que había en aquella casa de aspecto tan frio como su propietario, sin embargo no estaba en calma. Esos dos chicos no se dignaban a abrir la boca porque no sabían cómo empezar, es más que decir.
—Kakashi—empezó la castaña a tomar las riendas de la conversación- sé que es difícil, pero.
—Tú no lo vistes— le interrumpió—tenía marcas en la mitad de su cuerpo y cuando me vio...— no podía explicarlo.
Sus nervios lo estaban traicionando, y eso era lo que le preocupaba. Él no era así. Miro a la castaña que lo miraba con desaprobación ¿desaprobación de qué? Bueno, él no lo sabía. Él no tenía por qué arrepentirse de nada.
— ¿Y que hizo cuando te vio?— pregunto curiosa.
—No me dijo nada— conto-—se puso muy nervioso y se desmayó.
— ¿Y no hiciste nada para ayudarlo?— dijo indignada Rin.
—No venia solo, venía con un tío.
— ¿Fugaku?
—No, nunca lo había visto, me dijo que era su tío. Al parecer no sabe nada sobre él.
—Mmm— se quedó pensando tratando de recordar a alguien, pero no. En lo que concernía a ella Obito jamás hablaba de su familia— me pregunto quién será.
—Lo que si me dijo ese sujeto— interrumpió el monologo— es que no me acercara a él.
— ¿Crees que Obito haya hablado de ti?
—No lo sé, aunque lo más probable es que no, no me reconoció.
Ok, la información era muy poca. Lo único que por lo menos era bien claro es que Obito seguía con vida, había sobrevivido y que estaba muy mal, o por lo menos un poquito más mal.
— ¿Y qué piensas hacer Kakashi?
—Tampoco lo es— dice con ese claro tono de frustración en su voz— pero no quiero que siga con ese sentimiento de terror cada vez que me vea.
—Para empezar, no debiste tratarlo como lo tratabas— determino la castaña—no debiste haberle hecho eso.
—Pero...
—Lo sé, sé que fue una cobardía de mi parte y también estoy arrepentida. Aun así yo lo trataba mejor.
—Más bien lo engañabas — le reclamo haciendo que Rin se callara y lo viera con cierta furia- no somos tan diferentes.
—Sí, yo conocí a Obito, él me tenía confianza...el me lo contaba todo.
—Y eso fue peor...porque todo lo que te contaba, tú me contabas a mí.
—Pero yo quise que— dijo teniendo un nudo en la garganta- yo no quería que le hicieras eso.
—Pero tampoco hiciste nada para detenerme.
— ¡Cállate!— grito la chica mientras unas lágrimas salían en sus orbes castañas— no sabes lo realmente mal que me siento. Nunca debí haberte dicho nada. Debí haberme quedado callada y haberlo ayudado ¿por qué no hice nada?— decía ella entre sollozos mientras se abrazaba a sí misma en busca de protección.
Ahora el silencio era únicamente roto por los sollozos de la joven que parecían inquebrantables. Kakashi miraba a la chica con pena, lástima y algo de resentimiento, ya que al igual que él, tenía parte de la responsabilidad.
Ya sabía que ese pensamiento era cruel, pero era simplemente la cruel verdad: él no era el único culpable. Solo era un método de defensa. Pero para eso funcionaban.
—Tranquilízate— pidió tratando de serenarla, pero al aparecer una simple palabra no surtiría efecto—por favor, me está suponiendo nervioso— su voz sonaba mal, la consciencia le comenzaba a mermar.
—Estoy bien— dijo respirando entrecortadamente— Tal vez su tío tenga razón. Que no debamos acercarnos a él—dijo tratando de ser lo más lógica— ya le hemos hecho mucho daño.
—No—dijo abruptamente. Eso no era ninguna solución, era más bien una negación, una negación oscura y desalmada. Como si nada hubiera pasado.
Y eso no estaba en sus planes. Sentía que podía curar lo que había dañado. El tiempo había pasado, pero sentía que todavía no era lo demasiado tarde para curar las cicatrices que había provocado.
— ¿Por qué no?— pregunto la chica al borde de la histeria.
—Porque —creo que todavía podemos solucionarlo, hacer algo— dijo tratando de sacar por medio de palabras todo el pesar de su alma- para él, para nosotros.
—Eso es muy egoísta—rezongo la castaña.
—No es egoísta—dijo defendiendo su opinión— también lo ayudaríamos a él.
— ¿Cómo?
—No lo sé— dijo con esa sinceridad frustrada— por eso necesito tu ayuda.
Rin se quedó en shock. Aunque la idea en si no le parecía en lo absoluto y que lo más lógico era negarse una parte de ella quería tomar ese riesgo. Porque eso sonaba como alguien que intentaba hacer un experimento sin importarle las consecuencias. Actuando más por instinto que por la razón.
Suspiro con pesadez. Tal vez estaba loca, pero lo apoyaría. Si no hacía nada, la culpabilidad la comería viva. Claro, la culpa, el único sentimiento que nos hace humanos.
—Está bien Kakashi— dijo la chica—pero si intentas hacerla algo más esta vez sí hare todo lo necesario en tu contra- dijo, en un afán de no sonar tan vulnerable.
—...— no dijo nada solo se quedó sorprendido por el cambio tan repentino de la chica. Hubiera sonreído que hubiera accedido, pero sus nervios no estaban a su favor, aparte que no era un buen momento para comportarse de esa manera tan inapropiada— que bueno que puedo contar contigo— dijo sin descifrarse muy bien si lo que decía era en un plan en serio o un simple sarcasmo.
Sus planes, aquellos que a lo mejor fracasaran y aunque era lo más seguro, querían arriesgarse. Porque era más bueno haber dado el todo y aunque no hubiera funcionado por lo menos se quedarían con el dulce y amargo recuerdo, acompañado por la lastimera frase "por lo menos lo intenté". Sin embargo, había algo que no tenían en cuenta, un pequeño detalle que debería ser su prioridad. Y ese detalle tenía nombre y apellido: Obito Uchiha
...
Había pasado unas dos semanas y nada en su vida. No podía hacer nada, ya que se la pasaba encerrado.
Era de noche. Jugaba con el tenedor el resto de la quedaba de comida, alternando su mirada entre el manjar y su tío que parecía estar más ocupado de su celular que de él. Ni una buena comunicación podía tener.
—Pues diles que no quiero ir y punto— seguía quejándose Madara al pobre interlocutor que le hablaba de la otra línea—Sí, ay sé que es importante, pero tengo asuntos más importantes que ir a una estúpida reunión donde un montón de ricos hipócritas me "felicitan" — dijo tratando de justificar su futura falta.
"¿Asuntos más importantes?" se preguntaba mentalmente el menor. Por lo que sabía Madara era un huraño que nos salía de casa a menos de que fuera estrictamente necesario o por lo menos ese era su punto de vista.
Y ese mismo sentido común y punto de vista le hacían indicar que no entendía un carajo de que asuntos importantes se refería.
—Ah, está bien— dijo cortando la comunicación todo fastidiado.
Apenas tenía pensado abrir la boca para hablar, pero no continúo cuando su tío marcaba de nuevo el teléfono iniciando otra conversación. Prefirió seguir con la cena; para que intentar hacer algo que dé ante mano no funcionaria. Cuando menos se dio cuenta el mayor por fin había dejado el pobre aparato y ahora si ponía su atención. Atención que ahora no quería.
—Obito—lo llamo captando su atención— mañana no estar todo el día y....
—Por fin descansare de ti—completo sin una pizca de emoción en su voz.
—No era eso lo que te quería decir— dijo— lo que quería decirte es que mañana te llevo con Mikoto y Fugaku así ¿Qué te parece?
— ¿Tengo otra opción?— respondió con otra pregunta con total desinterés.
Madara de limito a suspirar con pesadez. Aunque había veces-como esa- que quería echar de su casa a patadas a ese chico, también había algo igual de fuerte que se lo impedía.
—Por cierto—dijo cabiendo estratégicamente de tema a su conveniencia — te programe una cita para que te operen esas cicatrices que tienes.
El semblante de Obito cambio rápido a oír eso. Por fin una buena noticia, aunque frívola, había llegado a su vida. Una sonrisa se enmarco en sus labios y sus ojos mostraban cierto brillo que lo hacía ver diferente, con vida.
— ¿En serio?—pregunto queriéndose asegurar de que no se tratara de una broma de mal gusto.
—Es en serio—dijo con una sonrisa tranquila.
De un impulso el menor se levantó, acercándose el mayor que lo miraba expectante. Rápidamente y sin que nadie se diera opusiera se acercó abrazándolo de le mejor manera que pudo.
—Gracias—dijo en un tono muy leve casi en un murmullo, como si le contara un secreto.
—...— no pudo hablar, más cuando sintió como este le daba un pequeño beso en la mejilla que los descoloco de inmediato.
— ¿Y cuándo?— pregunto interesado, haciendo que Madara volviera a la realidad.
—Dentro de un mes—contesto de manera automática, sin pensarla.
— ¿Dentro de un mes? ¿Por qué?— cuestiono reprocharte. Había esperado tanto tiempo y solo le daban más largas.
—Esas citas son así— dijo explicando lo que era lo inevitable del mundo de las cirugías—así que no te desesperes.
—Pero es demasiado tiempo- seguía quejándose, haciendo caso omiso a su alrededor, solo a sus propios pensamientos.
—Ni siquiera sé de qué te quejas— dijo Madara de mala gana, ahora si captando su atención- por lo menos es solo un mes y nada más.
—Bueno eso sí, supongo—suspira—aun así...sabes, no tiene sentido—dijo para después largarse a su curto o mejor dicho dispuesto a hacerlo.
—Pero ni siquiera has terminado.
—Que me voy— dijo interrumpiendo sus palabras yéndose, dejándolo solo y confundido.
Está bien, eso que había pasado había sido extraño, bueno todo aquello que tuviera relación con Obito era extraño, demasiado para su gusto. Pero ese pequeño gesto de cariño y su indiferencia tan rápida fue la cereza del pastel.
Ya llevaban viviendo juntos casi un año -10 meses para ser exactos- no había nada. Creo que no lo único que había cambiado era que le soledad en la que antes cargaba mucho, había desaparecido, ya que lo menos que le hacía era compañía. Y que por mucho que no aceptara., le gustaba así, que estuviera a su lado, aunque sea quejándose y dando maldiciones a diestra y siniestra, que actuara como un enajenado, le agradaba que estuviera ahí. Bah, puras patrañas e decía así mismo, resguardándose con su propio método de defensa.
Porque solo era eso, no era del todo cierto, sino más que una exageración de su subconsciente. Aunque en su subconsciente realmente se reprendía tal vez al ver al menor mostrar una emoción, que no causara daño, sino todo lo contrario, y que fuera dirigido hacia él.
Era otro día. Parecía un hermoso día. Ya había estado todo arreglado y calculado. O por lo menos eso pensaba Madara.
—Ya sal. Se nos hará tarde— decía ya con la paciencia en las profundidades del infierno ¿Por qué demonios se estaba tardando?
—Solo dos minutos ¿vale?— decía sin abrir la puerta.
—Claro- dijo el mayor— eso me dijiste hace madia hora ¿crees que ahora te voy a creer?
—Sí— contesto simplemente.
Y antes de que reclamara más la puerta comenzó a abrirse. No había nada que resaltar de su ropa del chico para que se hubiera tardado tanto, pero si había un pequeño detalle que explicaba todo. Y ese pequeño detalle estaba en su cara, ya que usaba una máscara tapándola toda. Lo único que se podía ver era su ojo derecho.
—Obito.
— ¿Sí?— dijo mientras le miraba o por lo menos parecía que lo hacía.
-¿Qué demonios tienes en la cara?- pregunto totalmente señalando aquel objeto.
— ¿Esto?—pregunto y luego se contestó el mismo—Zetzu me ayudo hacerla—alego—además así nadie me verá raro o algo por el estilo.
"Creo que así llama más la atención" pensó Madara pero omito cualquier comentario, ya que sería otra pérdida de tiempo- bueno, entonces vámonos.
El más joven asintió con la cabeza y los dos se fueron, primero para dejar a Obito a la que antes había sido su antigua casa y después él iría a su estúpida reunión. Si qué bonita día ¿no?
...
—No creo que funcione— repetía de esa manera no muy convencida.
—Vamos, por lo menos tienes que hacer algo— insistía Kakashi instigando a Rin.
— ¿Y por qué no vamos los dos?
—Por qué de seguro hablo de mí—explico de mala manera—lo más seguro que de ti también pero con la diferencia de que de ti hablo bien.
—Está bien- accedió— ¿crees que ayudara en algo?
—Es lo menos que podemos hacer.
...
Ya habían llegado y al auto flanqueo enfrente de la entrada de aquella gran casa. Rápidamente el menor salió de allí dando un portazo fuerte y bien sonoro sacando de sus pensamientos a Madara.
— ¿Y este quien se cree?—se preguntó mientras salía.
Cuanto llego parecía que el tiempo se había detenido. El ambiente tenso, como aquella vez cuando Obito se había encontrado con aquel peli plata, si eran similares. Pero no iguales, había la diferencia que ahora estaba una chica que los miraba de una manera extraña.
—Rin— soltó el menor tratando de acercársele- no te he visto...en mucho tiempo.
—...— la chica se le quedo viendo algo raro. Ese muchacho era raro, pero al oír su voz lo reconoció. Sin vacilar ni nada se acercó a él y lo abrazo- Obito ¿eres tú?- pregunto temiéndose a que todo fuera falso, que él no estuviera ahí.
—Soy yo— dijo correspondiendo el abrazo.
Madara veía aquella bizarra con desagrado. Aunque era demasiado obvio que esa chica era algo "especial" para Obito, sentía esa misma sensación para con ese Kakashi. Algo no andaba bien. Y también sentía ese malestar que no lograba aceptar o captar muy bien; pero eso no importaba. Esa chica tenía que alejarse de su sobrino y ya.
Continuara
l
ESTÁS LEYENDO
Venganza y justicia -MadaObi
FanficÉl estaba cansado de todo, de todos aquellas personas que solo se burlaban, abusaban de él como si no valiera nada. Haciendo que incluso considerara su vida como si no valiera nada. No esperaba mucho cuando la vida la brindó una segunda oportunidad...
