Capítulo 8

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Renuncia de derechos: los personajes que aparezcan aquí, les pertenecen a sus respectivos dueños y autores.

Ambos estaban comiendo unas deliciosas y crujientes galletas que había cocinado la princesa minutos antes;

Disfrutaron bastante contemplando el apolíneo panorama visual que abarcaba el gran reino de DunBroch. Sin embargo, sabían que si permanecían demasiado tiempo fuera del palacio, los reyes acabarían preocupándose y el desenlace tal vez no sería del agrado de ninguno de los dos, así que regresaron a la habitación para disgusto de Mérida, pero minutos después decidió cocinar un par de galletas para que ella y Goku pudieran disfrutar de un buen almuerzo.

-Están *munch* muy deliciosas *munch* eres una gran cocinera Mérida *munch*.-aquellas palabras declaradas por el azabache suscitaron que el color de las suaves mejillas de Mérida tornara a un color carmesí ante el halago recibido.

Goku comía aquellas galletas lentamente, tratando de que sus papilas gustativas saboreen escrupulosamente cada gramo, cada miga, cada porción del crujiente alimento.

-Muchas gracias *munch* ahora aparte de cocinar un pastel también tendrás que hacerme unas galletas idénticas a las mías.-habló Mérida con una sonrisa que provocó que un escalofrío recorriera vertiginosamente la espalda de Goku.

El azabache se imaginó la cara que pondría la princesa al probar sus galletas y al notar que no tenían nada que ver con su versión, y otro escalofrío surcó sus entrañas provocando que ladeara su cabeza de un lado a otro tratando de quitar de su mente la hipotética cara que pondría Mérida en caso de darse aquella situación.

Mérida vio la cara de Goku y sus labios bailaron en diversión soltando una gran carcajada producida por el rostro que tenía Goku en estos momentos.

-Sin duda prefiero cocinar una sopa caliente jejeje.-rió Goku rascándose la nuca con nerviosismo y la princesa negó lentamente con el dedo índice de la mano derecha. Tendría que elaborar el pastel y las galletas sí o sí.

-No, no caballero, tu destino es el pastel, y tendrás que afrontarlo.-dijo Mérida imitando la voz gruesa de su padre y Goku soltó una carcajada por ello, mientras una gota de sudor bajaba por su nuca.

Siguieron comiendo las dulces galletas hasta que vaciaron por completo el plato. Goku se tocó el vientre con satisfacción al sentir su hambre saciado, aunque comería algo más para estar aún más complacido.

-¿Cuando conoceré a tus hermanos?-Preguntó Goku con una sonrisa mientras sus ojos ónix desprendían un resplandeciente brillo.

-Ya te dije que aún no es momento.-Habló Mérida y enseguida el azabache hizo un puchero ante esas palabras-. Son bastante molestos y traviesos y no sé qué podría pasar; tal vez ellos acaben diciéndoselo a mis padres y ellos te echen del palacio, por lo que yo me quedaré sola de nuevo y...-La princesa sintió como las palabras permanecían selladas en sus labios como si algo les impidiera buscar la luz.

Goku puso su dedo índice en los suaves labios de Mérida haciéndola callar por unos instantes.

-Te prometí que me quedaré contigo aquí en DunBroch pase lo que pase, por algo somos amigos ¿verdad?-Preguntó Goku sonriendo mientras alzaba el dedo meñique evocando la promesa que hicieron ambos días atrás-. Ya no estás sola, nunca más volverás a estarlo, y si algún día te digo que me iré, dame un buen golpe en la cabeza jejeje.

Mérida asintió con lágrimas en los ojos y abrazó cálidamente al azabache mientras seguía llorando sin consuelo. Pero no eran lágrimas de tristeza, sino lágrimas de felicidad, de autentica felicidad. Goku le acarició el cabello intentando mitigar sus llantos mientras sonreía alegremente.

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