Renuncia de derechos: los personajes que aparezcan aquí, les pertenecen a sus respectivos dueños y autores.
Las horas transcurrían con normalidad en el vasto reino escocés de Dunbroch, o al menos de esa manera lo veían sus habitantes salvo dos jóvenes que estaban haciendo un muñeco de nieve en la parte trasera del palacio real.
-Oye Mérida, mira mi cara.-ella se voltea hacia el pelinegro y ve que su mentón estaba cubierto por una espesa capa de nieve pareciéndose así a una láctea barba.-Hoho soy el gran hombre de nieve.-dijo Goku con un tono de voz más grave que el de costumbre.
-Jejeje no creo que "el gran hombre de nieve" tenga un cabello como el tuyo.-Habló Mérida burlescamente y el azabache hizo un sonido de ofensa palmeándose el cabello.-perfecto, sólo falta la zanahoria y el sombrero.-miró al muñeco de nieve frente a sus ojos, como si estuviera examinándolo.-cogeré uno de los cascos vikingos de papá.-mira hacia Goku.-vengo enseguida, no hagas nada extraño.-ve como Goku rueda en el suelo cómicamente ante el frío que le había suscitado la nieve impregnada en su barbilla.-jeje supongo que es inevitable.
Mérida corrió hacia la entrada trasera, entró al castillo por la parte donde estaban situadas las mazmorras y se detuvo a mirar una en concreto.
-Aquí comenzó todo.-Habló Mérida con nostalgia mientras observaba la puerta que daba acceso a la mazmorra donde estuvo cuidando a Goku durante tres meses.-"gracias por estar en mi vida Goku."-pensó la pelirroja con una sonrisa incrustada en sus facciones.
Negó con la cabeza dispuesta a seguir con su recorrido, ascendió por las escaleras hacia el salón donde su padre guardaba algunos objetos, miró a la izquierda y a la derecha viendo así que no había nadie, caminó tranquilamente y tomó un casco vikingo que le pertenecía a su padre.
-Creo que es adecuado jeje, me imagino que cara pondrá Goku al verlo.-Habló Mérida imaginándose a su amigo, sólo por aquello una carcajada brotó de sus suaves labios.-sigamos, humm...-se puso pensativa por unos instantes.-ya sé.-levantó el dedo al habérsele ocurrido una idea.-tal vez hayan zanahorias en la cocina.-dijo Mérida con una sonrisa.
Caminó diez pasos y giró hacia la derecha, encontrándose de esta manera en la cocina, allí comenzó a rebuscar durante varios minutos llegando al borde de la desesperación.
-"Pero si aquí hay cosas que nunca he comido."-pensó Mérida con una gota de sudor, siguió buscando hasta que por fin encontró lo que tanto añoraba.-genial, es hora de regresar.
Minutos después.
Ya estaba abajo, concretamente en la parte trasera del palacio, comenzó a caminar hacia Goku y vio que una gran bola de nieve cubría al pelinegro.
-GOKU.-gritó ella con preocupación mientras corría velozmente, comenzó a excavar con sus manos hasta que encontró el cuerpo inconsciente del azabache.-¡¡Ppr favor responde!! Ni se te ocurra dejarme sola... de nuevo.
Al instante Goku comenzó a abrir sus ojos lentamente, observando con escasa nitidez las facciones de su única amiga.
-¿M-Mérida?-preguntó Goku frotándose los ojos hasta que se vio sorprendido cuando fue abrazado por la pelirroja.-¿qué ocurre?
-Idiota... No respirabas y me había preocupado bastante.-sollozó Mérida apoyando su cabeza en el pecho del azabache, quien empezó a acariciarla dulcemente.
-Tranquila, estoy bien, tan sólo rodé demasiado y me envolvió la nieve jejeje.-Goku simplemente se reía mientras su amiga se limpiaba las lágrimas.-siento preocuparte princesa, no era mi intención.
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Un Destino ☑
RomanceEl Destino unirá a una princesa que vive en soledad obligada a ser quien no es y un guerrero legendario que ha olvidado su pasado ¿Cómo terminará todo?
