CAPÍTULO 18

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La sala de entrenamiento era el único lugar del cuartel general situado en los subniveles del edificio. En el momento de construir el rascacielos, sus cimientos abarcaban un enorme estacionamiento.

Tras hacerse cargo del edificio, los Renegados demolieron varias plantas de concreto, dejaron solo los muros y pilares fundantes para proteger la integridad del edificio que estaba encima. Quedó un enorme y vasto espacio bajo los techos abovedados, para que los Renegados ejercitaran sus poderes.

Al igual que el vestíbulo y el centro de llamadas, la sala de entrenamiento era un hervidero de actividad, pero aquí, en lugar del parloteo de los niveles superiores, todo era movimiento y acción.

Renegados que se lanzaban sobre plataformas, escalaban muros, disparaban blancos, se enfrentaban en enormes rings cercados de redes, cruzaban una pista de obstáculos de cuerdas y barras, y, más que nada, desplegaban su amplia gama de habilidades.

Una vez fuera de la zona de elevadores, Jungkook condujo al grupo hacia la pasarela que cruzaba las instalaciones de entrenamiento.

Pronto advirtió que Jimin había comenzado a disminuir la velocidad, hasta detenerse por completo. Miró hacia atrás y notó su rostro sobrecogido de asombro.

Siguió la mirada de Jimin alrededor de la sala, intentando imaginar que era la primera vez que la veía. A su derecha, hermanos mellizos peleaban con lanzas, pero cada vez que recibían un golpe, uno se convertía en líquido naranja y el otro, en vapor naranja. Junto a ellos había un muchacho con los ojos vendados, disparando flechas con un arco a una serie de blancos móviles, a los que les daba justo en el centro cada vez. A la izquierda de Jungkook, un elemental de tierra transformó el contenido de un arenero en un castillo de arena de dos plantas sin tocar un solo grano. Más adelante, una mujer se transformó en un oso pardo, en un abrir y cerrar de ojos, y luego cargó contra un hombre con enormes cuernos de toro que le salían del cráneo. A la distancia, una muchacha había creado un remolino encima de la cabeza y succionaba a su oponente hacia él, mientras dicho oponente usaba sus propias manos y dedos del pie cubiertos de púas, para sujetarse al suelo y resistirse a la fuerza de succión.

–Por todos los Santos–susurró Jimin.

–Es un poco abrumador la primera vez que lo ves –dijo Jungkook.
Jimin dio un paso adelante, envolviendo las manos alrededor de la barandilla.

–No tenía idea de que... eran tantos.

–Los números varían –dijo–Nuestro staff permanente está en el orden de los cuatrocientos prodigios, pero llegan de todas partes del mundo para recibir entrenamiento durante un par de meses, y luego se marchan. Tenemos las mejores instalaciones y la mejor reputación.

–Entrenamiento ¿para qué exactamente?

–Para ser superhéroes –dijo Hyunah, jugueteando con el alambre de su muñeca– ¿Qué otra cosa?

–Y cuando están listos –continuó Jungkook–, regresan a casa y hacen suya la causa de los Renegados allí donde estén. Ahora existen filiales de los Renegados en todo el mundo. Personas que se han dedicado a defender la justicia. Y todo comenzó aquí. Bueno, no exactamente aquí –echó un vistazo hacia los elevados techos–. Técnicamente, los Renegados comenzaron en el garaje de Dread Warden, pero aquello fue hace mucho tiempo.

Los condujo por la estrecha pasarela que se extendía a lo largo de la sala de entrenamiento, dos plantas por encima del suelo. Jungkook señaló las diferentes áreas que Jimin podía visitar cuando tuviera oportunidad de hacerlo, desde pistas de obstáculos hasta prácticas de tiro al blanco, rings de combate, una pared de escalada equipada con diferentes materiales para imitar una variedad de superficies, una piscina de agua salada e hilera tras hilera de pesas y mancuernas.

Renegades [KookMin]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora