Capítulo 20

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East 94 y Wallowridge era un vecindario aún más despreciable de lo que había imaginado. No es que por orgullo sintiera vergüenza de que los Renegados supieran que vivía allí. Era que... si le iban a dar un hogar ficticio, ¿no podía Millie haber elegido algo un poco mejor? Tal vez una de aquellas mansiones abandonadas en los suburbios, o un condominio sobre el agua o, por lo menos, un lugar que no pareciera a punto de ser declarado inhabitable.

El hogar que Jung Jimin compartía aparentemente con su tío era una casa adosada con una fachada de ladrillos, comprimida entre otras, cada una con pintura descascarillada en los marcos de las ventanas y diminutos jardines cubiertos de césped y malezas. Había basura en las alcantarillas de la calle, botellas vacías de cerveza en el porche delantero, y un viejo neumático apoyado contra la pared. Una de las ventanas de arriba parecía estar perforada por un agujero de bala, y un par de vecinos tenían las puertas y ventanas completamente tapiadas.

Parado sobre la acera, dejó que su mirada recorriera la calle a uno y otro lado, observando el grafiti de las paredes, los vehículos sobre bloques. Había tanto silencio y tanta tranquilidad que no estaba seguro de que alguien siquiera viviera allí. Y si fuera así, eran terriblemente descuidados.

Por lo menos, viven en un lugar con luz de día, susurró una voz en su cabeza.

Jimin sintió fastidio de que el cerebro interfiriera en su crítica del vecindario, pero luego lo pensó, y su rostro se distendió. En realidad, la luz de día era definitivamente una ventaja. Y de noche, incluso habría estrellas.

Trepó los bajos peldaños pasando por encima de las botellas de cerveza. Una ranura de bronce para cartas había sido grabada hacía mucho con una sola palabra: JUNG.

Era la primera indicación para Jimin de que, de hecho, su falsa identidad podía estar vinculada a alguien del mundo real, al contrario de lo que Millie les había dicho. Hizo que se preguntara qué les había sucedido a los verdaderos Jung.

Jimin probó la manija de la puerta y la halló sin llave. Tras abrirla con un empujón, aparecieron una sala estrecha y una colección de telarañas. Le sorprendió ver muebles: dos sillones anticuados y una consola de entretenimiento; aunque cualquiera fuera la TV o radio que hubieran estado allí, habían desaparecido hace tiempo, reemplazadas por una gruesa capa de polvo. Alguna vez habían decorado el salón con un llamativo empapelado de arabescos, aunque algunas tiras comenzaban a despegarse.
Pero lo que más la hizo vacilar fueron huellas recientes dejadas sobre los polvorientos suelos de madera. Describían una serie de trayectorias de ida y vuelta entre la puerta principal y la escalera que estaba justo enfrente.

Apoyó una mano sobre el cinturón —aún contenía los dispositivos que había llevado consigo al Cuartel General de los Renegados aquella mañana— y entró. Pasó una colección de fotografías enmarcadas sobre la pared — posiblemente, la familia Jung—, pero no se molestó en examinar sus rostros mientras ascendía la escalera. La madera crujió bajo sus pies, rompiendo el manso silencio de la casa. Jimin quedó inmóvil, aguzando el oído. Cuando solo oyó el sonido de su propia respiración, dobló la esquina y siguió subiendo el resto de la escalera. En la segunda planta, había una puerta a su izquierda, apenas entornada, y una sala abierta a su derecha, con una habitación del otro lado.

Jimin extendió la mano y le dio un empujón a la primera puerta hasta terminar de abrirla. Se encontró con un somier sin colchón y con paneles de cortina amarillentos que cubrían las dos ventanas altas, una de las cuales revoloteaba alrededor del agujero de bala.
Dándose vuelta, se abrió camino al segundo dormitorio: la habitación principal, a juzgar por su tamaño y por el pequeño baño revestido de cerámicos que se hallaba contiguo al armario. Pero en esta habitación, no había muebles. Solo una mochila, una bolsa de papel de supermercado y una bolsa de dormir en la esquina con un gran bulto acurrucado dentro.

Renegades [KookMin]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora