CAPÍTULO 2

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Jimin arrojó el bolso sobre su hombro y tomó una de las cuerdas lastradas que había preparado en el callejón la noche anterior. Envolvió la cuerda alrededor del brazo y aflojó el nudo de marinero, soltando la carga que lo mantenía sobre el suelo. Las pesas aseguradas en el extremo opuesto cayeron, y arrastraron la cuerda a través de la polea sobre el tejado. Jimin se impulsó de un tirón, tomándola con fuerza mientras pasaba a toda velocidad el muro de hormigón del edificio. El otro grupo de pesas se estrelló contra el suelo más abajo.

Jimin se detuvo con una sacudida, la mano a apenas unos centímetros de la polea y el cuerpo que se mecía en el aire a seis plantas de altura. Arrojó el bolso sobre la azotea, se tomó de la saliente y se impulsó encima de la pared. Cayó en cuclillas y hurgó en el bolso, sacó el uniforme que había diseñado el mismo, con la ayuda de la Abeja Reina.

Se colgó el ancho cinturón de armas en la cadera, donde se apoyó cómodamente, equipado con bolsillos y ganchos especialmente confeccionados para todos sus inventos favoritos. Luego, se puso la ceñida chaqueta negra con capucha. Resistente al agua y al fuego, pero lo suficientemente ligera como para no limitar sus movimientos. Subió la cremallera hasta el cuello y dio un tirón a las mangas para que le cubrieran los nudillos antes de jalar la capucha hacia arriba, donde un par de pesas pequeñas cosidas dentro del dobladillo la sujetaban sobre la frente. El antifaz venía en último lugar. Se trataba de un duro armazón metálico, amoldado perfectamente al puente de la nariz, que desaparecía dentro del cuello alto de la chaqueta, por lo que ocultaba la mitad inferior de su rostro.

Una vez completa la transformación, se inclinó, sacó el rifle y un único dardo envenenado del bolso.

¿Dónde estás, Nightmare? –preguntó Phobia.

–Estoy aquí. Casi en posición –se acercó al borde del edificio y miró hacia abajo, donde se desarrollaba la celebración. Aquí arriba estaba más tranquilo; el silbido del viento y el zumbido de los generadores en los tejados amortiguaban el ruido de la multitud. La calle era una confusión de papel picado, colores, globos, disfraces, risas, música y ovaciones.

Jimin cargó el dardo en la recámara del rifle.

Nayoung había urdido el plan; su belleza radicaba en su simplicidad. Cuando se lo contó al grupo, Dawon se quejó de no ser incluido, pero Phobia había planteado sabiamente que Dawon, a quien la mayoría de las personas conocía como el Puppeteer, no era capaz de hacer que nada fuera simple. Así que hoy solo estaban ellos tres en el campo.

No necesitaban a los demás.

Jimin tenía un dardo hecho a mano por Bang Si Hyuk, su propio experto en venenos. Él solo necesitaba uno. Si fallaba, no tendría una segunda oportunidad.

Pero no fallaría.

Mataría al Capitán.

Una vez que el tiro lo alcanzara, Nayoung, la Detonadora, saldría de su escondite
y arrojaría la mayor cantidad de bombas de su línea exclusiva –fabricadas con la fusión de gases del aire– a la carroza del Consejo.

Phobia se concentraría en Thunderbird, ya que por lo general esta se lanzaba al aire durante una batalla, lo que le daba una ventaja que, de tan injusta, resultaba frustrante. Habían oído que Thunderbird les tenía pavor a las serpientes, una de las especialidades de Phobia. Confiaban en que los rumores fueran ciertos. En el peor de los casos, la asustaría lo suficiente para que Jimin o Nayoung la derribaran. En el mejor: le provocaría un ataque al corazón en pleno vuelo.

Y así terminaría todo.

El Consejo –los cinco Renegados originales–, erradicado de una misma vez.

Renegades [KookMin]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora