9. Miedo de perros

7.9K 1K 76
                                        


Menos mal que justo me encontré a Carlos en los pasillos después de mi última clase. Iba vestido con ropa deportiva, por lo que le pregunté a dónde iba.

—A entrenar con Ben.

Ni siquiera lo pensé. Inmediatamente lo tomé del brazo, entrelazándolo con el mío, y lo seguí hacia el campo de tourney, a donde ya casi llegábamos.

—¿Por qué quieres estar en la práctica? —preguntó.

—Porque eres mi amigo y quiero estar ahí para apoyarte.

Carlos se detuvo y me miró, claramente sin creerme.

Suspiré.

—Bien —me rendí—. Quiero ver a Benjamin, ¿de acuerdo? Y también quiero apoyarte. Sí eres mi amigo, lo sabes, ¿verdad?

—Claro que lo sé, Jade —dijo, rodeándome los hombros con su brazo conforme volvíamos a caminar, pasando las gradas—. No tenía idea de que te gustaba Ben.

—No me gusta —negué, soltándome de su abrazo, repentinamente malhumorada—. Sólo quiero conquistarlo. Es un nuevo reto.

—Ah —comprendió, asintiendo, sin sorprenderse—. Pero ¿no tiene novia?

—Por ahora —me encogí de hombros—. Así es más divertido, con obstáculos. Esoes un reto, cariño.

Carlos negó con la cabeza, como si me diera por causa perdida.

—¡Carlos! —saludó Ben, sonriente— Jade, no sabía que vendrías.

—Oh, bueno —le sonreí, acercándome hasta llegar a su lado—. Soy porrista ahora, quería darle ánimos.

—Grandioso —exclamó, antes de dirigirse a Carlos nuevamente—. Carlos, vas a correr un poco. Colócate al princio de esa línea amarilla. Sí, ahí. Perfecto. ¿Listo? —preguntó, presionando un botón en el pequeño cronómetro que llevaba en mano.

Carlos corrió, de repente acelerando como si su vida dependiera de ello, y conforme se acercó lo escuché gritar.

—¡No! ¡Ah, no! ¡No! —suplicó, pasando de nosotros.

—¡Genial! —felicitó Ben.

—Eh, ¿por qué está...? —me callé al reparar en el perro color almendra que lo perseguía y grité de horror. Miré a Ben como si hubiera enloquecido— ¿Un perro? —le reclamé— ¿En serio?

Sin esperar respuesta, seguí a Carlos hasta internarme en el frondoso bosque, desde el cual se oían perfectamente sus gritos y varios ladridos.

—¡No, alto! ¡No! —gritó Carlos al perro, y seguí su voz.

Lo encontré casi temblando, trepado en un árbol y agarrado con terror de muerte, mirando al perro que lo esperaba frente al árbol.

—¡Jade, gracias al cielo! ¡Ayúdame! —pidió.

Tomé al perro por los lados, cargándolo y pegándolo a mi cuerpo. Me alejé unos pasos para que Carlos se calmara, pero seguía intranquilo. Yo sabía que en realidad los perros no eran malos, pero Carlos les tenía un miedo irracional infundado por su madre, Cruela, desde pequeño. Era comprensible, como Mal con su temor al agua, o Evie con su miedo a un mal día de cabello, Jay con su pánico a los lugares pequeños y yo con mi fobia a las alturas.

—¡Es un asesino! Va a atraparme y abrirme el cuello —casi chilló, justo cuando escuché las pisadas de Ben acercándose—. ¿Cómo puedes abrazarlo así? Es un animal feroz, violento y rabioso.

stolen | ben beastDonde viven las historias. Descúbrelo ahora