Capitulo 4

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-Hermione... nena... yo... perdón. Te suplico que me perdones yo...- nuevamente lo interrumpió, él no encontraba palabras y ella no tenía tiempo.

-Lo he hecho, te he perdonado, pero eso no quiere decir que lo he olvidado, sé que has regresado Severus, pero al igual que aquella noche, al igual que la mañana siguiente en la que te fuiste, ya no necesito de ti...

-Pero yo te amo.

-Yo también lo hize y mira dónde quedó.

Lo dejo solo, de la misma manera en que hace años el la había dejado, lo sentía en su mirada, en las señales de su cuerpo, ella estaba rota, pero era madura y lo amaba aún lo podía sentir, no tubo que meterse en su cabeza, no tuvo que pedir que se lo dijera, solo y simplemente lo sintió.

La vio alejarse, con la cabeza en alto, orgullosa como ella sola, era una mujer, aquella niña de dientes grandes había desaparecido, pero bajo esas túnicas y rostro frío y sacastico aun podía jurar que esa niña existía, aún podía sentir su nerviosismo al hablarle, como había tomado su cabello y como se había alejado, siempre distante, siempre cortante...

La recuperaría, lo haría, aún que su último suspiro se le fuera en ello.

La mañana había llegado rápido, con ella el día libre de los profesores, Severus observaba a todos desde el bosque prohibido, siempre cuidando...

Y allí estaba ella, llevaba puesto unos pantalones negros señidos al cuerpo y una blusa básica color blanca, se veía animada, estaba riendo con unos niños de 3 año de su casa, se veía hermosa.
Toda ella gritaba a gritos que era hija de mugges y estaba orgullosa, ahora lo estaba.
Observó maravillado como su cabello estaba suelto y volaba por todos lados, con vida propia, observó su rostro, libre de maquillaje y la hermosa sonrisa que lo alumbró al ver hacia las puertas.
Venía en camino Minerva, con sus típicos vestidos y de la mano, traía a un pequeño niño, que con tan solo unos segundos mirándolo supo que era el hijo de ella, de la mujer que amaba...
Observó con pesar como el niño, caminaba despacio, pero seguro, intentando no caerse y tenía una sonrisa en la cara parecida a la de su madre, la miraba risueño.
Hermione se sentó en el pasto y lo animo a continuar cuando Minerva soltó su mano.
El pequeño niño aún temeroso fue hasta ella, observó cómo Hermione lo cargaba y jugaba con el.
Hasta que paso, el niño miró, lo miró como si pudiera desarmarlo, como si conociera sus secretos y los utilizara contra el.
No podía respirar, su cuerpo no respondía, sus ojos estaban clavados en el niño, y los de el igual.
El niño pareció olfatear el aire, solo para después sonreírle, aún le faltaban varios dientes, pero se veía igual que ella, tan hermoso como ella, no pudo evitar sonreírle también, en ese momento Hermione volteo, sus miradas chocaron, fue como volver al pasado, lo miró con esa mirada asustada, con esa mirada que había heredado su hijo, mirada para desarmar.
Tomo a su hijo y se retiró, parecía que iba corriendo, corriendo de el...
Severus no pudo evitarlo, la siguió, observó cómo ella iba gran velocidad a sus habitaciones, también observó cómo el pequeño seguia mirándolo, seguia atrayendo lo hacía ella.
Hermione traía al niño contra su pecho, estaba asustada, asustada de Severus, de sus preguntas y de la verdad, huía de el, de que el se enterará, de que lo único que tenía seguro se perdiera.
Pero Severus iba tras ella, la alcanzaría, por Merlin que sí que lo haría, aún no sabía para que, solo sabía que debía hacerlo, que no debía dejarla, que no debía cometer el mismo error.

No la iba a dejar de nuevo, no lo haría, siguió en su camino, se paró en una esquina cerca de las mazmorras, observó desde lejos como Hermione paraba en seco.

Todo había acabado.

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