Carl & Megara

200 10 2
                                        

Viena, abril de 2014. 11:30

–¿Carl, has cogido la crema solar?

–Claro, Megara. Me lo has repetido muchas veces –dijo con tono de burla.

–Es que necesitas que te lo repitan todo –añadió Megara sin gracia alguna.

Carl rodó los ojos.

–Oye, no empieces con ironías y ataques psicológicos. Quiero pasar unas agradables vacaciones con mi bella mujer, nada de guerras –dijo mientras clavaba sus ojos en su esposa. 

–¡Ven aquí, anda!

Los dos eran brillantes en su campo; Megara era una famosa abogada que había defendido siempre a los más necesitados. Muchos millonarios y oligarcas la quisieron contratar pero no pudo ser, ya que ella ya tenía su modelo de cliente y ellos se alejaban mucho de él.

A pesar de eso, a veces se volvía un poco irracional. Cuando ella creía en algo, fuera lo que fuere, siempre lo defendía y a veces llegaba a ser testaruda. Era un poco mística –o algo así, no lo sabía bien ni ella–, como lo fue en su día su querida abuela, cosa que heredo también su hermana.

Su pelo era negro como la noche y un poco ondulado. Le gustaba llevarlo en un recogido informal, de modo que algunos mechones se quedaban fuera del él. No eran muchas las ocasiones en las que podía peinarse así, pues su trabajo le requería un look formal. Sus ojos eran de color café claros, que volvían loco a su marido cuando sonreían.

Carl, por su parte, era un brillante pintor. En aquellos momentos estaba emergiendo en el mundillo, y aunque no le gustaban la fama y el dinero, no se sentía incómodo. A veces se sentía mal consigo mismo por esos pensamientos pero no había encontrado solución todavía. Era muy filosófico para todo y aunque ejercía de pintor, había estudiado psicología. Todos sus conocidos sabían de su humor, que era capaz de sacarle la sonrisa a cualquiera.

Físicamente, era muy distinto a su mujer. Tenía unos ojos verdes parecidos al color de un bosque húmedo y frondoso. Su pelo era de un color castaño cálido, parecido al pelaje de los leones. Lo que más entraba por los ojos era su estatura, claramente. Medía casi dos metros, y dada la altura de la gente con la que normalmente estaba, destacaba descomunalmente.

El matrimonio tenía tres hijos: Tania de 16 años, Alexander de 15 y Andrea de 9.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

¡Hola!

¡Gracias por pasarte a leer mi novela! espero que te guste. Tengo que decir que los primeros 3 capítulos serán para presentar a los personajes, de modo que no pasará nada realmente relevante. Teniendo en cuenta eso, los he hecho bastante cortos.


Efímera mortalidad {Editando}Donde viven las historias. Descúbrelo ahora