Capítulo 13.

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19:00

–Esto no es real, ¿verdad? Me estáis tomando el pelo. Sí, claro que sí –Carl levantó sus labios en una sonrisa que le salió lo suficientemente falsa para que cualquiera se diera cuenta de que se preocupaba.

Pero nadie contestó. Todos lo sabían; Tania había desaparecido. En cuanto Clyde entró por la puerta todos empezaron a buscarla: en la mansión, el bosque, el lago pero nada. Nada de nada. ¿Se la habría tragado la tierra? Tampoco lo sabían.

Después de unas horas intentando encontrarla, todos se reunieron en el salón, a excepción de los hermanos de la desaparecida. La estancia estaba sumida en el silencio y la incomprensión. Demasiadas preguntas flotaban tanto en el aire como en los rostros de los presentes. Fue Carl el que rompió aquel silencio:

–Vamos a recopilar todo lo que nos parezca útil para sacar alguna conclusión mínimamente válida –ante el silencio de algunos y el leve asentamiento de cabeza de otros, prosiguió–. Creo que algo sí que le pasaba. Es decir, no le ha ocurrido lo que le haya ocurrido de repente porque a alguien se le antoje.

–Estoy de acuerdo –afirmó su mujer.

A continuación Megara contó toda la historia de hace dos noches; su desmayo, la sangre... Todos escucharon con interés pero el único que tuvo la valentía de hablar, después de que acabara de contar la historia, fue Clyde:

–Yo vi algo raro aquella noche. Cuando salí al pasillo dispuesto a dar un paseo, había unas machas en el pasillo. Las identifiqué como sangre. Lo más raro, aparte de que no sabía de quién eran, fue que el día siguiente, cuando salí, el pasillo estaba limpio. No pasó inadvertido en mi mente y le estado dando vueltas aunque no haya conseguido nada. Pero os juro que las vi, no fue mi imaginación.

–Pues yo me siento bastante extraña aquí. No es como si no supiera que esta no es mi casa, es más bien que este no es mi lugar como... Espiritualmente –expresó Shannon, diciendo lo último más como una pregunta que una afirmación.

–Tengo que admitir que yo también estoy extraña. Pero lo que verdaderamente siento es miedo –añadió Megara.

–Yo no he visto nada raro estos días. No sé cómo podéis sentir nada de eso –dijo Harry bastante seco y escéptico.

Megara frunció el ceño en su dirección. Le pareció totalmente maleducado y despreocupado para una situación como aquella. Decidió ignorarlo por el bien de todos y dijo no muy decidida:

–Creo que deberíamos irnos de aquí. Podemos pensar en otro lugar.

–No, no me parece que esa sea la mejor manera de hacer algo. Las pistas están aquí. Debemos actuar en este lugar. No se lo que habrá pero yéndonos no solucionaremos nada –Rosemary decía algo por primera vez en toda la tarde. Lo que dijo hizo que Megara adquiriera unos ojos vidriosos. 

–Lamentablemente, ella tiene razón –habló Carl–, debemos quedarnos.

Megara suspiro y se hundió mas en el blanco sofá en el que estaba sentada. Su marido estaba al lado de ella, de manera que ocupaban todo el sofá. Rosemary estaba sentada en un sillón del mismo color que los demás sofás, pero este era para una sola persona. Harry se encontraba de pie, apoyado en una pared cerca de la ventana, mirando en ocasiones a través de ella. Shannon y Clyde se encontraban en la misma posición que Megara y Carl, justo en frente de ellos. 

–Y si pretendéis quedaros aquí, ¿Qué es lo que haréis? Que yo sepa no tenéis ni idea de lo que ha pasado –dijo Megara bastante molesta y a la defensiva.

–Megara no te pongas así, lo único que queremos es hacer algo pasa encontrarla. Date cuenta de que si lo hiciéramos desde otro lugar tendríamos pocas posibilidades, por no decir nulas –dijo Carl un poco cansado.

Efímera mortalidad {Editando}Donde viven las historias. Descúbrelo ahora