24:15
Las aguas no emitían movimientos y la noche emanaba una tranquilidad inmensa. Aunque había oscurecido hace ya largo rato, se podía estar sin necesidad de ningún tipo de luz artificial, ya que la luna estaba extremadamente brillante. Aquel satélite era tan misterioso. Era incluso admirable. Tenía el poder de atraer el mar hacia sí, pero de alguna manera era dependiente de aquel insignificante planeta en el que habitaban los humanos.
Tania extrañaba un cielo tan despejado. Por motivos de polución o nubes, el firmamento siempre permanecía tapado para ella. Dejó de remar la pequeña barca en la que se desplazaba y se quedó mirando fijamente mirando las estrellas. Extrañamente, abundaban, tanto que alumbraban como la luna o incluso más.
Al dejar de hacer ejercicio físico, el frío comenzó a inundarla. Retomó la marcha y se dirigió a la orilla en la que se encontraba Hanna. Ella no sabía que había cogido aquel transporte acuático tan cliché pero al fin y al cabo tan romántico. Llevaban más de un año sin saber una de la otra. La última vez que se vieron Tania le rompió el corazón. La típica historia -que no debería ser tan típica- de una pareja homosexual en la que uno no quiere salir del armario fue lo que pasó. Hanna era abierta en cuanto a su sexualidad pero Tania parecía tener dificultades para admitir y/o decir que le gustaban los hombres y las mujeres.
Además, su entorno no la ayudaba mucho, sus padres eran jóvenes y de diferentes ideas pero un tanto hipócritas. Decían que respetaban a todo el mundo, independientemente de gustos, origen, sexualidad... Aún así, más de una vez escuchó comentarios insultantes de sus bocas. No eran malas personas pero sí eran lo suficientemente incoherentes como para no confiar en ellos.
Por aquella y por más razones que no quiso recordar -ni admitir-, Hanna desapareció repentinamente de su vida, diciendo que necesitaba tiempo. En realidad, ambas la necesitaban.
Durante el periodo en el que estuvieron separadas, Tania quiso aclararse de una vez, dejar atrás sus miedos e inseguridades y con una nueva perspectiva, avanzar, por muchos problemas que le impusiera la vida. Aquello se convirtió en su lema.
Hizo infinidad de cosas con mucha gente -de algunos no se acordaba ni los nombres-, eso sí, en ningún momento se arrepintió. De esta manera, se dio cuenta de quien quería que estuviera a su lado era Hanna. En ningún momento la olvidó. La amaba tanto y la había cagado de tal manera que se sentía fatal cada vez que la recordaba en aquella terraza, diciéndole barbaridades que desde luego, no se las merecía. A pesar de ello, cuando Tania la llamó después de tanto tiempo, respondió con amabilidad y lo que pudo percibir como emoción. Al fin, pudieron juntarse otra vez.
Dejando atrás la nostalgia y los diferentes sentimientos, observó que la orilla la esperaba. Saltó de la barca y observó la atmósfera. Allí no había nadie, y tampoco rastros de Hanna. Se había retrasado un poco pero no tanto como para que se fuera. Instintivamente, miró alrededor. Todo estaba tranquilo y sin signos de vida. Frunció el ceño. Hanna no podía gastarle ese tipo de bromas. Menos sabiendo que se asustaba con cualquier susto. Su corazón se aceleró. Empezó a gritar el nombre de su amiga pero no obtenía respuesta.
Escuchó un ruido y sin pensarlo dos veces corrió hacia la mansión. Se tropezaba pero como podía mantenía su marcha sin caerse. Iba a una velocidad de vértigo. Cruzó riachuelos, árboles caídos e infinidad de objetos de la naturaleza. Cuando llegó al gran portón de la casa, se dio cuenta de que aquellos sonidos podrían haber sido provocados por Hanna. Se sintió culpable por huir pero tampoco pensaba volver. Si de verdad era ella, la llamaría otra vez para saber si venia o no.
Ya convencida, trepó, con ayuda de un tubo y unas hiedras, la pared hasta su ventana. Como seguía abierta no tuvo que hacer más que entrar. Se quitó la ropa con intención de ponerse el pijama pero al pasar por el espejo paró en seco. Había sangre. ¿Sangre? ¿Cómo era posible aquello? Durante todo el día no estuvo mucho fuera y además no recordaba hacerse daño. Sospechó de la corrida de la que recién se había recuperado.
No sabía realmente a qué temía pero estaba temblando del miedo. Se adentró al baño con intención de explorar su cuerpo. Cuando encendió la luz se quedo petrificada. Su abdomen estaba rojo. Se lavó toda la sangre con agua y para su sorpresa, no había ningún tipo de herida. No era posible. Intentó buscar diferentes opciones para explicar aquello pero no pudo.
Seguía mirándose en el espejo cuando la sangre empezó a brotar de su estómago. Abrió los ojos como platos. ¡Le estaba saliendo sangre del cuerpo sin tener heridas! Sintió dolor en la zona que sangraba y no pudo evitar marearse y caerse a suelo del baño.
2:30
Rosemary abrió los ojos de golpe. Notó que algo se movía en la habitación. Encendió la luz un poco temerosa. Extraño, Harry no estaba. Miró su reloj: 2:30am. ¿Por qué no estaba? La última vez que lo vio estaba hablando por teléfono y cayó dormida sin que él estuviera en la cama. Tan típico. Estaba acostumbrada a sus escapadas. No sabía si tenía alguna amante o problemas en el exterior pero siempre hacía lo mismo. Lo que no comprendía era cómo podía irse estando de vacaciones con más gente.
Soltó una leve carcajada. En realidad no le parecía tan raro. Harry había cambiado mucho y ahora nada le importaba lo que la gente dijera de ellos. Rosemary sintió que debía hacer algo. Si continuaba así, la imagen que tenían sus amigos de ella cambiaría para mal. Mucho le había costado acercarse a ciertas personas y no iba a desperdiciar la oportunidad de hacer lo que debía.
Salió al pasillo sigilosamente. Como supuso, su marido no se encontraba allí. Algunas habitaciones estaban abiertas. Se acercó a una de ellas, que si mal no recordaba, era la de Carl y Megara.
Entonces, una figura humana la sorprendió en la estancia. Como solo había movido un poco la cabeza para verlo, él no la vio. Se pegó a la pared con su corazón amenazando en salir del susto. ¿Quién era aquella persona? Inclinó otra vez la cabeza y pudo observar lo que hacía; estaba de pie mirando fijamente a la pareja durmiendo. Si no fuera por que su pecho se movía ligeramente, habría creído que era una estatua inerte.
No esperó a que la viera, no quería tener problemas. Caminó lo más sigilosa posible hacia su cuarto, con el corazón todavía acelerado. ¿Qué querría aquel hombre? ¿Se entrometería en su camino?
ESTÁS LEYENDO
Efímera mortalidad {Editando}
Mystery / ThrillerTres familias, diferentes pero a la vez parecidas, pasarán unas vacaciones en un lago de Austria. Misteriosos acontecimientos sucederán y eso les hará dudar unos de otros. ¿Debe Tania temer a algo? ¿Tal vez sólo sea su imaginación? ¿En quién debe co...
