24:00
Clyde y Shannon se encontraban en su correspondiente habitación. Dormirían en una gran estancia; todo era blanco y estaba inmaculado. No conocían a los trabajadores de la mansión pero desde luego, hacían un buen trabajo.
Shannon estaba sentada al estilo indio en la gran cama de matrimonio. Había traído de casa su libro favorito: "El lobo estepario" de Hermann Hesse. Lo había leído varias veces pero siempre le apetecía leer algún párrafo.
Observó que Clyde estaba en la puerta, mirándola. Su cara gritaba a voces que necesitaba hablar. Lo conocía lo suficiente como para deducirlo, de modo que empezó a hablar:
–Clyde, quiero que hablemos sobre lo de antes –en la mirada de Shannon se notaba tristeza, confusión.
–Tienes razón. Lo siento Shannon, de verdad. Soy un capullo. Lo único que hago es meter la pata y no sé cuándo parar. Soy muy "cuantitativo" –hizo comillas con los dedos–. Lo sabes –de la mejilla de Clyde avanzó una lágrima llegando hasta su mandíbula.
–Oh, Clyde, tranquilo. Lo entiendo y acepto tus disculpas. Sólo necesito que me entiendas y me apoyes. Varias veces te he dicho que he visto fantasmas o seres de algún tipo pero no me haces caso –no sonó a reproche, fue meramente objetivo–. Sé que no eres malo con nadie. Tienes el corazón más noble que he conocido.
–Y tú eres tan buena –dijo Clyde con una pequeña sonrisa, mientras se le iluminaba toda la cara–. ¿Ha vuelto a ocurrir algo parecido? Que te preocupe, quiero decir.
–No... –ella arrastró la palabra mientras ladeaba la cabeza, estaba sorprendida–. Bueno, pero algo raro sí. Esta casa alberga algo. No me preguntes el qué porque no lo sé pero siento algo, algún tipo de energía.
–¿Sientes miedo?
–No, no lo sé –giró la cabeza hacia la ventana y admiró la vista a través de ella–. Creo que es pronto para saberlo.
–Entiendo. ¿Qué tal si dormimos un poco?
–Será lo mejor –en su rostro se dibujó una sonrisa maliciosa y se tumbó en la cama de una manera sexy–. ¿Quieres venir?
–Claro que sí –sonrió y saltó a la cama.
24:10
Más allá, en otra habitación, se encontraban Harry y Rosemary. Hacía días que le quería decir una cosa a Harry, pero cada vez que reunía el valor para hacerlo, alguien venía o él se iba. Era imposible. Se sentía mal, frustrada y cansada. Aquella situación no podía con ella. Al parecer Harry sintió su preocupación.
–¿Qué te pasa, mujer? Estás muy rara hoy, mejor dicho, últimamente –su tono no mostraba mucha preocupación.
–La verdad es que sí. Harry, no quiero que te enfades pero… –no pudo acabar la oración.
–Espera un poco. Ya me lo contarás luego. Me están llamando y será mejor que lo coja, debe ser importante –se levantó y se fue, dejando a Rosemary desquiciada.
Harry cogió del colgador su chaqueta. En ella buscó el móvil que estaba iluminado, y no paraba de sonar. Miró la pantalla y frunció el ceño. No entendió el por qué de la llamada. Sin pensarlo mucho lo cogió y salió al pasillo.
Mientras Harry hablaba por teléfono, Rosemary decidió no contarle el cambio de planes que tenía en mente. Habían ido a pasar unos bonitos días y si se cabreaba, que era lo más probable, no serían para nada bonitos. Se puso cómoda en la gran cama y alzando la vista hacia el lago se tranquilizó y antes de que se diera cuenta se durmió.
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Efímera mortalidad {Editando}
Mystery / ThrillerTres familias, diferentes pero a la vez parecidas, pasarán unas vacaciones en un lago de Austria. Misteriosos acontecimientos sucederán y eso les hará dudar unos de otros. ¿Debe Tania temer a algo? ¿Tal vez sólo sea su imaginación? ¿En quién debe co...
