CAPITULO I

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Se sentía ansioso. Demasiado. Había preparado todo y repasado su plan una y otra vez. Sabía que la misión era sencilla, solo un encargo para traer un híbrido raro de la selva, y por lo que le habían dicho, no debería ser difícil, tendria que llevarle un dia o dos el poder localizarlo y llevarlo. Sin embargo, una ansiedad persistente lo invadía. Los latidos de su corazón parecían querer salir de su pecho, y las pataditas nerviosas en su pierna izquierda lo traicionaban, recordándole que algo no estaba bien.

Esta misión era diferente, sentía en lo más profundo de su ser que esta vez no sería igual. El collar que tenia le apretaba el cuello, lo incomodaba, como una constante amenaza que lo mantenía alerta. Cada vez que lo tocaba con las uñas, sentía la rabia burbujeando debajo de su piel. Su plan de escape había estado en marcha durante meses, pero, a pesar de la tensión, no podía dejar que nada fallara. Esta era su última oportunidad.

Se puso tenso al escuchar el silbido del conductor, señal de que habían llegado tan lejos como el vehículo podía avanzar. Aomine miró al grupo de cinco hombres que lo acompañaban, los repaso uno por uno pensando en la mejor forma de deshacerse de cada uno. Aunque eran humanos, se sentía vulnerable. El collar que traia tenia un mecanismo de descargas eléctricas que lo mantenía controlado al punto de dejarlo inconciente con unas cuantas descragas, ademas de un rastreador que enviaria una señal de su localizacion exacta, pero él estaba dispuesto a arriesgarlo todo para escapar. Solo debía esperar el momento adecuado. Su plan era simple: eliminar al líder primero, hacerse con las llaves del collar y perderlos en la espesura antes de que pudieran reaccionar.

- Llegando al punto, empezaremos con el rastreo ahora.

- Entendido, alfa. Comiencen.

El comunicador se cortó, y Aomine escuchó el silencio de la selva, el sonido del agua corriendo y el canto lejano de las aves. La humedad del aire lo rodeaba, y la vegetación espesa lo mantenía a la expectativa. Sus sentidos estaban alerta. Sus orejas se movían hacia cada sonido, y su cola se erguía como una extensión de su ser, alerta. El lugar, sin embargo, no le era ajeno. A sus 25 años no conocia nada del mundo y de hecho, no conocia mas alla del distrito donde viva. Su parte animal sentía una extraña conexión con aquella selva. El olor de la tierra, el sudor de su piel, todo lo hacía sentir algo primal, él no había nacido aquí,pero su naturaleza animal lo hacía sentir algo cercano al hogar. Tuvo la mala suerte de ser arrebatado de su familia de niño y pasar toda su infancia y parte de su adolecencia en un laboratorio, solo hasta que cumplio dieciseis años un lider yakuza reconcido por su adicción a las peleas clandestinas lo compro interesado en sus genes, había sido marcado como ganado al ser un híbrido de pantera. Pensar en los enfrentamientos ilegales que había vivido para sobrevivir le revolvía el estómago. Había tenido suerte de no caer en manos de un pervertido, pero eso no lo hacía menos desgraciado.

Los árboles eran altos, perfectos para ocultarse y engañar a cualquier rastreador. Había escuchado mientras fingía dormir que hacia el norte había más actividad humana. Por eso, su plan era ir al sur: un lugar lo bastante engañoso para que cualquiera se perdiera.

Un murmuro lo sacó de sus pensamientos. Al girar la cabeza, vio a uno de los nuevos del grupo. Era un bocón, el tipo de persona que hablaba mucho y no pensaba en las consecuencias. Aunque era unos centímetros más bajo que él, su postura y complexión lo hacían el más difícil de evadir. No sería fácil derribarlo, pero tampoco era un problema. El hombre era impulsivo, atacaba sin pensar, y Aomine planeaba usar eso a su favor. 

Estaba con una sonrisa burlona en su rostro que lo molesto. - ¿Para qué trajeron a un perro si no va a servir para nada?

Aomine frunció el ceño, su paciencia al límite. Quería gritarle, pero no podía. - Necesito ir mas arriba, el aroma es tenue si estoy mas arriba podre identificar mejor el lugar de donde viene. - Estaba mucho más cerca de su meta. No iba a perder la oportunidad de escapar por una simple provocación. Sin embargo, el comentario lo hizo sentir aún más irritable. El líder del grupo, sin embargo, no lo dejó hablar más, dando la orden de continuar.

- Baja rápido, si te demoras te lo haré saber de la peor manera.

Aomine miró al líder, tenia su rostro serio, y notó cómo la mano del hombre se posaba sobre su cinturón. El collar seguía siendo una amenaza, pero aún quedaba tiempo. Aomine desabrochó su chaqueta y se preparó para escalar el árbol que lo elevaría por encima de la vegetación. Su cuerpo comenzó a reaccionar. La ansiedad en su pecho se convertía en tensión palpable. Las uñas de sus manos se alargaron tomando un color negro y rasparon la corteza del árbol con facilidad. El aire que lo rodeaba se volvió más espeso, y el silencio profundo que lo envolvía se rompió con un bufido gutural. Sus encias picaron y la saliva se hizo mas espesa causando que abriera la boca dejando ver como sus colmillos median ahora el doble de los normal. Los latidos de su corazón retumbaron en sus oídos, y de repente, la humanidad de Aomine comenzó a desvanecerse.

- Oye muevete, deja de jugar y sube. - los hombres a sus espaldas solo miraban confundidos y alertas al hibrido delante de ellos mientras tomaba una postura encorbada y sus brazos mostraban todas sus venas a punto de explotar.

uno de ellos se acerco lo suficiente como para darle un golpe con su arma, cuando en un instante Aomine se abalanzo sobre él dejando un zarpaso profundo en su pecho, la sangre empezo a brotar y el hombre solo pudo gorgotear mientras moria.

Animal Instinct [KNB] [Aomine Daiki][EDICION]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora