Capítulo 39

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¿Qué mierdas le pasa?

¿Por qué no chilla?

No puede ser. La misma mierda que pasó con Camille el día que la azoté hasta hacerla sangrar.

Suelto la cuerda roja y la llevo hasta el enrejado para atarla del metal que cuelga sobre su cabeza. Me planto frente a ella, pero cuando lo hago, algo ocurre.

El pánico no solo está en sus ojos, se refleja en su rostro y sus labios temblorosos porque seguramente se reprime de sollozar.

Eres un monstruo.

Y ahora ella puede verlo. Puede ver al monstruo dentro de ti.

Su respiración se agita cuando tiro de la cuerda para tensarla, elevando sus brazos sobre su cabeza. Cogerla por la fuerza va contra los principios de nuestra comunidad. Azotarla como un castigo para sacar mi frustración también está mal.

Y no me importaba en lo más mínimo.

¿Por qué ahora no puedo hacerlo? Ana me mira con sus ojos azules muy abiertos por la sorpresa y cada uno de mis movimientos la estremecen de una mala manera.

— ¿Que estoy haciendo mal? — Pregunto en voz alta, para mí mismo.

Ella sacude la cabeza, pero son sus ojos los que me responden. Cometí un error. Un grave error al meter a Ana en este mundo oscuro y retorcido.

Ella no es Camille, Ni Leila, ni cualquier otra de mis sumisas. Y tuve que romperla un poco para darme cuenta que esto no es lo que quiero de ella.

— Lo siento — Digo y presiono mis labios — De verdad creí que ibas a disfrutar esta experiencia tanto como yo.

Ana niega de nuevo con la cabeza, así que suelto la cuerda para desatar sus manos. La jodí en grande y ni siquiera obtuve lo que quería.

— Puedes hablar, olvida lo que dije sobre ser un amo y obedecer.

— ¿Entonces... No seguirás con esto? — Mira las paredes a su alrededor.

— Aún quiero cogerte, pero no así, no cuando me tienes tanto miedo. Lo que me gusta de ti es tu carácter indomable y rebelde; mujeres que hacen lo que yo quiero las encuentro en todos lados.

Dejo caer la cuerda roja en el piso y lanzo la fusta. Esto es lo que tiene esta chiquilla que me vuelve loco. No me teme, le importa una mierda retarme y hacerme enojar. Es honesta con sus pensamientos y sus sentimientos.

Mis manos sostienen sus mejillas y tiro de ella para besarla, me apetece hacerlo y morder sus labios. Incluso deshago la trenza porque me gusta la sensación de mis dedos entre sus cabellos.

Permanece inmóvil entre mis brazos, así que hago que sus manos se aferren a mis hombros para levantarla por las piernas. Si quiero volver a conectar con ella, necesito sacarla de esta jodida habitación que ahora me asfixia.

— Déjame llevarte a un lugar más cómodo — Susurro besando su cuello.

— Si, por favor — Gime bajito — Quiero que me hagas el amor.

La sostengo contra mi cuerpo mientras giro para salir de la habitación. Aún besándola, la llevo a cuestas hasta el cuarto de huéspedes que usó durante su breve estancia.

— Ponte cómoda — La dejo sobre la cama — Traeré los jodidos condones.

Le sonrío y salgo de la habitación a toda prisa hasta la gaveta que guarda los preservativos. Tomo unos cuantos y vuelvo a cerrar la puerta con llave.

Antes de que pueda abrir la puerta de la habitación donde dejé a Ana, Taylor aparece por el pasillo.

— Señor Grey, hay algo que Gail tiene que decirle.

— Ahora no — Gruño molesto por la interrupción — Estoy ocupado.

— Señor, creo que debería...

— Después — Lo corto — Déjanos solos.

Entro a la habitación y encuentro a Ana desnuda sobre la cama. El brillo en sus ojos volvió, y sonríe de una forma tan seductora que no me contengo de lanzarme sobre ella.

La beso, muerdo sus labios y sigo dejando un camino de mordidas por su cuello. Quiero dejar mis marcas sobre su piel pálida y ella gime en respuesta.

El Dulce, dulce sonido de su placer.

— Solo conozco una forma de tener sexo, y tal vez no sea tan delicada como quisieras.

— Bueno, yo también soy nueva, ¿Recuerdas? — Se muerde el labio inferior — Solo sé coger a tu manera, así que creo que estamos bien.

Mierda.

Esos enormes ojos que de inocentes no tienen nada, y su boca sucia y directa son suficientes para excitarme. Aún no estoy bajando la guardia por completo, pero quiero tenerla de la forma en que ella me lo permita.

Vuelve a recostarse en la cama, mis besos y mordidas descendiendo por sus hombros, luego por sus pechos. Me aferro a sus pezones para tirar de ellos con suavidad, y supongo que le gusta porque gime pasando los dedos por mi cabello.

Sigo besando su torso, desciendo por su abdomen y sus manos me presionan contra su piel con cada beso. Su cadera se eleva para sentirme.

— ¿Alguien quiere un poco de sexo oral?

Ana presiona mi cabeza sobre su cadera, así que me abro paso entre sus muslos para llegar a su centro. Esta vez no uso mis dedos, sino mi lengua para darle las caricias que necesita.

Mi recompensa son todos esos gemidos que se escapan de su garganta. No son los gemidos y jadeos exagerados que soltó en mi oficina como si fuera una gran estrella porno.

No. Estos son suaves y tan placenteros que los pantalones comienzan a molestarme. Me enderezo para poder quitármelos, pero ella aprovecha para girarse en la cama.

— Déjame hacer algo por ti — Vuelve a morder su labio inferior.

Mierda, podría reventar solo de imaginar ese maravilloso 69. Me reacomodo a su lado, volviendo a mi tarea de estimularla cuando siento su cálida boca sobre mi miembro erecto.

No podría ser más excitante. Incluso yo comienzo a jadear por la succión que su boca hace, ¿Cómo mierdas es que aprendió tan rápido como complacerme?

— Eres realmente buena en esto — Gimo empujando mi cadera hacia ella.

— Puedo ser una buena alumna si tú eres un buen maestro.

— Mierda, ahora quiero cogerte.

Me doy vuelta en la cama para acomodarme entre sus piernas, tomo el condón de la mesita y la penetro con impaciencia. Sus piernas se aferran a mi cadera al tiempo que sus uñas arañan mis hombros, con tanto placer que lo disfruto hasta el último minuto.

~ • ~


¡Uno más!

¡Que conste que así lo pidieron! 🤭


XimenaGomez5, aliviate pronto perversa!

Oscuro (Libro #1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora