Chapter Thirty-seven

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Nos alegra haberlo ayudado señor OCconell - dijo un policía estrechando su mano - señora OCconell, estaremos en comunicación para que declare - dijo mirándome y solo baje la mirada mientras sorbia la nariz

Ah Carlita, tu vendrás con nosotros - dijo William mirando a Carla con una sonrisa burlona y frunci el ceño al ver el temor que está le tenía

Iré por la niña señor - dijo nerviosa y jadeé al sentir un jalón en mi brazo

Sube al auto - dijo William

No iré contigo - bufé zafandome de su agarré y solloce cuando apretó mi mandíbula en su gran mano

Mi amor deberás que tú no aprendes - dijo molesto - irás conmigo si no quieres que tu querido Jason muera como el vil perro que es - dijo casual y apreté los dientes con coraje

Te odio maldito - bufé y sonrió antes de darme un empujón

Donovan haz que suba al auto y no la pierdas de vista - dijo mirando a uno de sus hombres antes de comenzar a caminar a la casa de Jason

No me toques yo puedo hacerlo - bufé dando un manotazo en la mano de Donovan y rodé los ojos al ver la burla en sus ojos, ese maldito era idéntico a William; ambos estaban cortados por la misma tijera.
Aún no podía asimilar todo lo que estaba pasando, me sentía una basura por estar arruinando la vida de Jason, jamás debí pedir su ayuda, jamás.

Aquí estamos señorita - dijo Carla entrando al auto y tome rápidamente a mi bebé de sus brazos

Necesitamos llevar las cosas de lucy - dije al ver que William subía al auto y este comenzaba a ponerse en marcha

No tienes que llevar toda esa basura, tienes un hogar y un marido que puede  darte todo - dijo egocéntrico y rodé los ojos molesta - ah y por cierto que nombre tan horrible - dijo refieriendose a lucy y baje la mirada molesta. El trayecto había sido solo silencio y demasiado tenso, quisiera estar todo el día en el auto para así no llegar a esa maldita casa, pero sabía que eso pasaría y nadie me ayudaría. 

Apenas entramos y ya nos encontrabamos frente a todos los empleados de la casa y hombres de William, quisiera decir que no entendía todo esto, pero sabía lo que pasaría; William lo había hecho el primer día que llegue y hoy nuevamente lo haría.

Cómo ustedes saben mi querida esposa se tomo unas vacaciones lejos de mi - dijo con sarcasmo mientras me miraba  - y hoy que está aquí de nuevo, tengo el deseo de volver a recordar junto a ustedes todas la reglas que teníamos y que claramente nadie ni si quiera mi querida esposa supo cumplir - dijo serio y todos bajaron la cabeza avergonzados - Donovan ¿Puedes comenzar? - dijo mirando a su favorito y rodé los ojos harta de todo esto

Si señor, la primera regla es no dejar que la señora Rosalía salga de la casa bajo ninguna condición a menos que sea por órdenes de usted - dijo

La primera y la que nadie sabe cumplir - dijo William - Rutesky, segunda regla - dijo duro  

La señora Rosalía será vigilada las veinticuatro horas del día - dijo

Asdrúbal, tercera regla  - dijo señalando a otro de sus hombres

La señora Rosalía no tiene derecho a permanecer más de cinco minutos en el baño, de ser así tenemos la autorización de entrar - dijo y solté un sollozo, esto era humillante y totalmente enfermo, odiaba estar aquí, odiaba a toda esta gente por ser tan sumisos a William

Muy bien, ya que repasamos todas las reglas me atrevo a decir que tienen que reforzarlas de otra manera serán despedidos y recuerden que si no fuera por mi sus familias estarían muriendo de hambre - dijo William después de repasar sus veinte estúpidas reglas.

Monstruoso MatrimonioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora