Capítulo 18.

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—Audrey, necesito contarte algo.— Musitó Samuel, mirándome desde la barra de la cocina.

Era el día siguiente de la salida que habíamos tenido con los chicos, y cuando despertamos, ni Samuel ni yo habíamos tocado el tema de lo qué pasó, solamente optamos por desayunar algo.

—Cuéntame, Sammy.— Pedí, acercándole un plato con panqueques. El suspiro fuertemente.

—Conocí a alguien.— Soltó, levantando su vista hacía mi.

Levante un ceja, al mismo tiempo que esbozaba una sonrisa traviesa.

—¿Y quién es esta persona?— Pregunte alegremente, tomando asiento frente él.

—¿No te molesta que te cuente esto después de lo qué pasó?— Preguntó él, ladeando la cabeza.

—Mira, si tu no te lo tomas enserio, yo tampoco.— Respondí, encogiéndome de hombros.— Fue lo un encuentro después de una noche de copas. Nada grave y tampoco razón para preocuparse.

Samuel asintió, sonriendo con alivio ante mi respuesta.

—Se llama Silvia.— Contestó finalmente.— Acaba de mudarse a Andorra, es mi vecina.— Siguió, comenzando a comer.— Digo, la chica me llama mucho la atención, ¿sabes?

—Deberías comenzar a hablarle.— Recomendé, también comenzando a comer.— Nunca sabes lo que puede pasar.

—¿Crees que yo pueda gustarle a ella?— Preguntó, bajando la mirada.

Su pregunta me había tomado por sorpresa. Jamás había visto a Samuel con tanta inseguridad sobre sí mismo.

—Samuel, la chica tendría que estar extremadamente pendeja como para que no le gustes.— Respondí, mirándolo seriamente.— Es imposible no sentirse atraída por ti, Samuel. Eres guapo, inteligente, adorable, y bueno, eres Vegetta777, ¿a quién no le gustarías?

Samuel soltó una carcajada, al mismo tiempo que negaba con la cabeza.

—Eres una profesional en hacer sentir bien a los demás, ¿te lo han dicho?— Comentó, sonriendo abiertamente.

Iba a responder, pero justo en ese momento la puerta se abrió, indicando la llegada de todo nuestro grupo de amigos.

—¡Traje tu auto!— Anunció Daniel con una sonrisa, entregándome las llaves.— Me quede con las llaves anoche, así que lo traje.

—Eres adorable, Dani.— Sonreí, abrazándolo por la cintura. Este respondió sin dudarlo, soltando una risita.

—¡Matadme por favor!— Grito Isma desde el sofá.

—¿Cuántos de ustedes tienen resaca?— Pregunte divertida. Inmediatamente todos levantaron la mano sin dudarlo, incluso Samuel levantó la mano.— Malditos borrachos sin remedio.

—Cállate que tú estabas peor anoche.— Masculló Cristina, para después sonreír.

—El alcohol me pone agresiva.— Defendí, encogiéndome de hombros. Luzu soltó una carcajada.

—No necesitas el alcohol para estar agresiva, me he dado cuenta de eso.— Replicó Lolito.

—Los mexicanos somos peleoneros, ¿qué puedo decir?— Bromeé, acercando una caja de aspirinas a los chicos, con dos botellas de agua.— Bon appétit.

—Las aspirinas son como el cielo en una caja.— Dijo Rúben, tomando las pastillas.— Al menos así lo veo cuanto tengo resaca.

—Una mexicana en España me causa miedo.— Soltó Jordi de la nada.— Nosotros tan tranquilos que somos.

—Estoy aquí para poder vengar Tenochtitlán.— Bromeé, haciendo que todos los presentes soltaran una carcajada, a excepción de Raúl y David, los cuales se mantenían serios con su mirada en sus celulares.— No importa cuantos años hayan pasado, Hernán Cortés no se saldrá con la suya así de sencillo.

Esto es Karmaland || YoutubersDonde viven las historias. Descúbrelo ahora