Era sólo un juego.

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Fuimos cometas surcando sueños,
eras la gota de agua en mi desierto,
yo fui el grano de arena que anhelaba tu viento,
y el libro que quizá no vuelvas a leerlo.

Jugábamos a querer,
mi regla era "no dejarse vencer"
y ella la rompió cuando no había nada que hacer,
aquél juego terminó,
pues para un sentimiento muerto,
no hay botón de "renacer".

No miraba el cielo, bastaba con ver sus lunares,
yo era el astrónomo necio,
que veía una sola estrella,
existiendo infinidades,

Ella tan Venus, y yo solo Plutón,
distanciados a pocos años luz,
a pesar de ello, giramos al rededor de lo que llamamos "amor".

Yo no fuí protagonista de su novela,
su viento no quería solo un grano de arena,
mi fuerza de atracción no fue suficiente para ella.

Versos a la nadaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora