Abril 2020
Bien dicen que las etapas del duelo son universales, aunque cada persona las viva en tiempos distintos. Kick no era la excepción. Durante todo el año anterior había permanecido atrapado en la negación: esperando la llamada de Kendall, su regreso a Mellowbrook, aunque fuera solo en vacaciones. Pero esa llamada nunca llegó. Y así, inevitablemente, pasó al siguiente nivel del duelo: el enojo.
A la vista de todos, el chico se había vuelto irritable, distante. Pasaba los días sumido en un mal humor constante, incapaz de controlar la furia que lo corroía por dentro. Poco a poco comenzó a aislarse de sus amigos. Nada parecía importarle realmente; ni siquiera las acrobacias, que hasta entonces habían sido su refugio, conseguían apagar el dolor.
En un intento de huir de discusiones innecesarias, se entregó a los estudios. Había aprendido de Kendall más de lo que admitía, y sin darse cuenta repetía sus métodos: horarios rígidos, apuntes ordenados, disciplina académica. Era lo único que lo mantenía en pie. Y así, entre días grises y silencios prolongados, llegó la primavera. Con ella, su cumpleaños número dieciocho:
—Kick, hijo —dijo Harold, desde la cocina, con un tono grave—. Necesitamos hablar.
El muchacho lo miró con indiferencia antes de sentarse.
—¿Qué ocurre, papá?
—Hay dos asuntos que quiero tratar contigo. Como sabes, el año escolar está por terminar, y tu madre y yo estamos preocupados porque no has dicho nada sobre la universidad...
—¿Y? —respondió con desinterés, cruzando los brazos.
—Debes comenzar a pensar en algo más que las acrobacias. Una carrera de respaldo, aunque sea. No lo sé... leyes, medicina. Contaduría suena a matemáticas complicadas, pero es flexible.
Kick soltó un suspiro pesado, rodando los ojos.
—No esperes una respuesta pronta, papá.
Harold apretó los labios.
—Los exámenes de admisión son el próximo mes...
—Y no haré ninguno. No ahora. —El tono de Kick era seco, cortante, como un portazo.
El silencio pesó en el ambiente hasta que Harold se inclinó sobre la mesa.
—Debes hacerte responsable de tu futuro. ¿O qué esperas? ¿Terminar como Brad? Puedes aspirar a algo mejor.
El estallido fue inevitable.
—¡No quiero nada, papá! —gritó Kick, con los ojos encendidos de rabia—. ¡Solo quiero desaparecer! ¿No lo entiendes? No iré a la universidad. Lo siento si también te decepcioné a ti.
Se levantó de la mesa bruscamente, con los puños apretados, dispuesto a huir hacia su habitación. Detrás de él, la voz de Harold lo alcanzó, tan dura como la suya.
—Te advierto que no habrá nada para tu cumpleaños.
—Como si quisiera algo... —replicó Kick con desdén, sin voltear la mirada.
Kick no quería saber nada de esa fecha, el pensar en regalos y fiestas le enojaba más, el amargo recuerdo de la separación le enfermaba, su mente se volvió tan poderosa, que incluso podía sentir el hormigueo que dejó aquella bofetada.
Envuelto en cólera, Kick se quedó solo con un pensamiento que lo devoraba por dentro: huir de Mellowbrook.
- Si ella lo hizo ¿Por qué yo no?... Pero ¿Cómo?
Revisó velozmente su cajón, encontrando lo que necesitaba, tomó su celular , marcó rápidamente el número de aquella tarjeta blanca:
- ¿Hola? - respondió una voz masculina.
- ¿Señor La Salle? - preguntó Kick.
- Sí ¿Quién habla?
- Soy Kick, Kick Buttowski, de Mellowbrook.
ESTÁS LEYENDO
*Say When...* (Rewrite the stars II)
Fanfiction"Nos acercamos y cada vez más Lo iniciamos pero no vamos más allá Estamos separados, dos fantasmas en un espejo, que no se tocan. Un poco de esto estuvo aquí antes que nosotros Y todo esto estará después de nosotros Nunca para hasta que nosotros ced...
