Sabía que solo había algo que aliviara mi dolor, al fin y al cabo no tenía escapatoria.
Sentía como a poco salía ese dolor, ese dolor que nadie se daba cuenta que fingia, nadie.
Me limpie el brazo y salí del baño, me volví a recostar en mi cama y me quede dormida.
Me desperté con el sonido del crujido de la puerta abriéndose supuse que era mi madre.
-Es hora de despertarse, dormilona.
-Bien pero sal de mi cuarto ahora -hablé determinante-
-Pero, ¿por qué?, quiero ver como se va a vestir mi niña... el día que se casa una hija es el más importante para una madre, cariño.
-¡Sí pero con la maldita diferencia que uno se casa por amor, no por obligación! ¡Ahora sal! -Mi madre parecía no estar dispuesta a moverse de su lugar y la rabia empezaba a correrme por la sangre de nuevo. La agarré bruscamente del brazo sin querer y la obligue a salir del cuarto mientras gritaba.
Una vez que estaba afuera, me apoye en la puerta mientras mi madre gritaba. Pensé que yo nunca me hubiera atrevido a hacer eso cuando estaba bien. Pero la verdad es que no me sentía nada mal, incluso era como si me hubiera liberado un poco de la carga emocional.
-¡Isabelle! ¡Isabelle, abre la puerta! ¡Abre la maldita puerta ahora!
-¡No! -grité con todas mis fuerzas- ¡Me voy a vestir pero no delante tuyo! ¡y ahora vete maldita sea!
No sentí más gritos, así que procedí a vestirme. Lo primero que encontré fue un suéter de manga larga y cuello largo, unos pantalones anchos y zapatillas.
Mientras baja las escaleras no podía evitar que los ojos se me llenaran de lágrimas al pasar enfrente del cuarto de mi hermana y solo dedicandome a pensar el por qué me dejó sola, por qué no me está cuidando. Porque si lo estuviera, yo en estos momentos no estaría a punto de casarme con alguien a quien no amo.
-¿Estas lista, hija? -preguntó papá quien estaba cerca de mí
Me tomó momento hablar, las lagrimas no me lo permitían, los tormentosos recuerdos no me lo permitían. Las ganas de mandarme un balazo en la sien no me faltaban pero mi maldita cobardía no me lo permitían. ¿Dónde estaba Dios ahora?
-Vamos -me limite a responder mientras me limpiaba las lágrimas-
-Hija -alzó la voz- te juro que yo no quise esto, pero si no fuera porque es por tu bien...
-Papá, no sigas hablando por favor -dije entre llantos- si de verdad no hubieras querido esto, no estaría pasando, pero no es así.
Me extrañaba que mi padre estuviera actuando así. Yo era su niña, él siempre me protegía y ahora me entregaba al primero que se le cruzaba.
Baje las escaleras con lentitud mientras veía a mi mamá pasar con un vestido negro ajustado buscando unos aretes que le había regalado mi padre para su aniversario de matrimonio.
A penas mi madre había encontrado los dichosos aretes subimos al auto. En el largo camino pensaba en como me hubiera gustado casarme. Las cosas serían tan diferentes si ahora estuviera a punto de casarme con la persona que si amo.
El camino era bastante largo y eso era lo que más atormentaba, los caminos largos. Especialmente porque me hacían recordar mucho y recordar es el acto más masoquista que conozco.
Llegamos luego de unas 2 horas y medias. El lugar era de un color plomo y en la entrada decía ''civil''.
Me detuve un momento en la entrada, ¿tan miserable era para merecerme esto?. Las lágrimas me advertían que venían por mí nuevamente. Empecé a sentirme muy cansada, desesperada, mis ojos no me permitían ver nada más que un paisaje borroso.
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Guerrera - (En edición)
Teen Fiction''No todos pueden super su propio pasado'', me repetía una y otra vez en mi mente mientras las lagrimas se acumulaban en mis ojos, sin poder olvidar aquella horrible noche en la que mi vida se convirtió un maldito infierno. No sabes que de un segun...