Epílogo

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Puedo sentir cómo la magia crece en cada rincón de Etheria. Me dejo caer sobre la hierba, extendiendo los brazos. Ella copia mi postura, mas a la inversa, de forma que nuestros rostros quedan a la misma altura, pero de forma opuesta. Abro la boca para proponerle que se tumbe junto a mí, más cuando giro el rostro para mirarla, enmudezco. Es fan bonita. Entonces, ella dirige su mirada hacia mí, apartándola en un rápido movimiento y sonrojándose.
- No me mires así -se ruboriza.
Sonrío. Jamás pensé que llegaría este día. Y, por fin, estamos aquí. Un fuerte deseo de envolverla entre mis brazos y no soltarla jamás se apodera de mi entendimiento.
- Te amo -le digo, sintiendo un cosquilleo en el estómago.
- Y yo a ti -se coloca de lado, esbozando una suave sonrisa a la par que posa la palma de su mano sobre mi mejilla-. Siempre te he amado.
Incontrolables lágrimas brotan de mis grandes ojos azules. ¿Cuánto tiempo llevo esperando esto? Ni si quiera yo entendía mis sentimientos hace unas semanas, pero desde que salvó a Glimmer... Desde que se disculpó... Jamás pensé que con un simple "Lo siento. Por todo" sería capaz de desvanecerse hasta la última de mis dudas. Tan sólo quería volver, recuperarla y aferrarme tan fuerte a ella que nada ni nadie pudiera separarnos nunca más.
- Te amo -repito, ansiando que esas dos palabras se le grabaran a fuego en el alma.
Se coloca boca abajo, quedando su rostro a unos centímetros del mío, mas a la inversa. Extiendo mi mano para posarla sobre su mejilla. Al hacerlo, ella ladea la cabeza, recreándose en esa caricia, como si ese simple gesto la llenara por completo. Una de sus lágrimas se estrella contra mi rostro.
- ¿Por qué no te tumbas aquí conmigo? -le ofrezco, recogiendo sus lágrimas con suavidad.
Y me besa. Cierro los ojos, deseando que este momento sea infinito. De un movimiento, me incorporo y me siento frente a ella. Catra copia mi postura, aproximándose a mí todo lo que puede. Y nos volvemos a besar. Enredo mis dedos en sus cabellos cortos. Mis pensamientos sonríen. Está preciosa de todas las formas. Sus labios son cálidos y suaves.
- Te amo -vuelvo a decir, volviéndola a besar.
Siento cómo su rostro se inunda en lágrimas. Me aparto unos escasos centímetros, dejando caer mi frente sobre la suya. Coloco mis manos sobre sus mejillas y, con ayuda de mis pulgares, borro con suavidad cada uno de los trazos que dibujan sus lágrimas.
- No sabía que se podía llorar de felicidad -confiesa.
Sonrío. Ahora, quien se emociona soy yo. La estrecho contra mi pecho. La abrazo todo lo fuerte que puedo.
- Ojalá pudiéramos fusionarnos -murmuro.
Siento como esboza una sonrisa. No obstante, al separarme y contemplarla, vislumbro cierta tristeza en su gesto.
- ¿Qué te pasa? -acaricio su rostro.
- No es la primera vez que me dices eso -me observa.
Mi expresión delata mi confusión. "¿Qué?" me digo. No lo recuerdo. No recuerdo haber... Toda duda se desvanece.
- ¿Shadow Weaver? -murmuro.
Ella asiente. Me acerco aún más a ella, enredando mis piernas en sus caderas y posando mis manos en su cintura.
- ¿Qué es lo que no recuerdo? -pregunto, desconcertada.
Se produce una leve pausa. Sus ojos brillan en la oscuridad de la noche, iluminada tan sólo por las millones de estrellas que nos rodean. Catra coge aire y lo deja escapar con lentitud.
- Ya me besaste -sonríe, resbalándole una lágrima por la mejilla-. Intentábamos descubrir qué sentíamos, ponerle nombre a esto -nos señala a las dos-. Iba a irme contigo.
Esas cuatro palabras me atraviesan por completo. ¿Qué hubiera pasado si nos hubiéramos marchado juntas desde el principio?
- Pero Lonnie... -se encoge de hombros y, tras una breve pausa, continúa- Empezaste a despistarte en los entrenamientos. Te preocupabas más por mí que por la misión y... Ella vio cómo nos mirábamos.
Le dedico otro fugaz beso, ante el cual no puede evitar sonreír. No podía resistir más, tenía que borrarle esa tristeza que su expresión irradiaba.
La miro. Sus orejas gachas, su leve sonrisa, el color de sus ojos, el calor de sus manos sobre mi cintura,... ¿De verdad todo esto que me hace sentir es capaz de verse desde fuera en una simple mirada?
- Intenté salvarte, pero ya era tarde. Unos soldados me sostenían mientras ella te borraba la memoria, apenas a unos metros de mí... Y no pude hacer nada -se lamenta.
- Tú ya me has salvado -suelto, sin vacilaciones-. Me has dicho que me amas, y yo... yo me rendí. Pensaba que estaba todo perdido pero tú luchaste por mí, me sacaste de ahí, me... salvaste. Tú eres mi heroína, Catra -sentencio, colocando, una vez más, mi frente sobre la suya.
La contemplo mientras sonríe. Coloco mi mano derecha sobre su rostro, y ella posa la suya sobre la mía. Ambas nos miramos antes de volvernos a besar. Si antes tan sólo era un cosquilleo, ahora es todo un terremoto. Siento que en mi interior se esconde un sentimiento tan fuerte que en mi mente se presenta incluso tangible.
- Oye... -murmura- ¿No recuerdas nada, no?
Niego con la cabeza. Ella suspira.
- Lo siento -susurro.
- No te preocupes -asegura-. Es que... Dijiste algo. Cuando intentaba llegar a ti, mientras ella te borraba la memoria, tú... me dijiste algo y siempre me he preguntado...
- Estoy enamorada de ti -suelto.
Ni si quiera sé por qué lo he dicho. Es como si mis labios hubieran pronunciado esas palabras inconscientemente, como si fueran un mero reflejo de todo aquello. Se produce un largo silencio. Ella simplemente me mira, sin decir nada. Sus manos se aferran más a mi persona. Catra baja la mirada, sonriendo. Sus lágrimas me empapan. Alzo con suavidad su rostro, colocando mis dedos índice y corazón en su barbilla. Ella me contempla.
- Toda una vida deseando oír esas palabras y resulta que ya las había escuchado antes -sonríe.
Su mirada me arranca una sonrisa.
- Las escucharás durante el resto de tu vida -aseguro.
Catra ladea el rostro. Sonríe, mas aún llora. Sus colmillos asoman tras sus labios. No puedo apartar mi mirada de sus ojos. Jamás había visto algo tan impresionante. Por eso, cuando me realiza la siguiente pregunta, no me resisto ante mis ganas de besarla con todas mis fuerzas:
- ¿Me lo prometes?
La expresión de Catra dibuja una enorme sonrisa que termina por convertirse en una dulce carcajada.
- ¡Te has transformado en She-Ra mientras me besabas, idiota!
Y es cierto. Para cuando quiero darme cuenta, luzco una brillante tiara dorada y mido unos palmos más que ella. Eso que sentía... ese sentimiento que me superaba... Río.
- Despiertas la magia que hay en mí -murmuro.
Ella me vuelve a besar, antes de ponerse en pie y tirar de mí para que siga sus pasos. No sé a dónde me lleva, mas antes de dejarme llevar, recupero su mano, entrelazando mis dedos con los suyos, y exclamo:
- ¡Ah, y Catra!
Ella se da media vuelta para mirarme. Parece un ángel. Nuestras miradas se cruzan, cómo si simplemente con ese gesto ya supiéramos todo lo que sentimos la una por la otra. Es entonces, cuando le respondo:

- Te lo prometo.

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