Bailaste desde las sombras sobre una promesa rota.
No escatimaste en el dolor ajeno al actuar.
Quisiste ser dueña y primera sin labrar la tierra.
Disfrutaste del secreto, te entregaste en la oscuridad, sabías que estabas de más y no fuiste para esperar un final...
Y hoy vienes a rasgarte las vestiduras sabiendo que te burlaste, que lo disfrutaste y que enterraste más el cuchillo en un alma rota.
No eres víctima, jamás lo serás, porque incluso sabiendo la verdad insistes en estar...
No hables de dolor cuando en la traición susurraste como matar.
No te deseo mal, solo anhelo que dejes de jugar, porque víctima jamás serás.
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