La noche de agosto en Central City no era una noche cualquiera. El aire vibraba con una electricidad distinta, una que no provenía de las tormentas, sino de la inusual concentración de héroes bajo un mismo techo. Barry Allen celebraba su nacimiento, y por primera vez, el destino —o su persistencia— había logrado lo imposible: reunir a sus aliados de todas las tierras y dimensiones en una velada donde las máscaras no eran necesarias.
La fiesta era un refugio de confidencias. Entre risas y copas, se mezclaban aquellos que portaban el peso del mundo sobre sus hombros. En un rincón, el brindis de unos se perdía en el murmullo de otros; incluso el amor se abría paso en la penumbra con besos robados. Entonces, Barry, con el rostro iluminado por una gratitud genuina, elevó su copa, reclamando un instante de silencio.
—Chicos, gracias por estar aquí —dijo con la voz teñida de emoción—. Ver este salón lleno de las personas que más admiro es el mejor regalo que la vida me ha dado. Esta noche no hay crisis, no hay villanos. ¡Esta noche solo existimos nosotros! ¡A disfrutar!
Tras el brindis, Barry se acercó a Kara, cuya mirada vagaba curiosa por el salón.
—Gracias por venir, Kara. Es un alivio verte fuera del uniforme.
—El placer es mío, Barry. Aunque mi hermana parece estar disfrutándolo más que yo —comentó ella, señalando con la mirada a Alex, quien ya se perdía en la bruma del alcohol y la compañía de Sara Lance—. ¿Has visto quién está junto al balcón?
—Justo de eso quería hablarte —susurró Barry con una sonrisa cómplice—. ¿Ya conociste a Diana?
—¿Diana? —preguntó Kara, confundida.
—Wonder Woman —sentenció él en un susurro apenas audible.
El asombro golpeó a la kryptoniana como un rayo. Antes de que pudiera procesarlo, Barry ya la conducía hacia la figura majestuosa que aguardaba al otro lado del salón.
—Diana, ¿tienes un momento? —interrumpió Barry con suavidad.
—Para ti siempre, Barry —respondió la Amazona con una elegancia que parecía de otro siglo.
—Quiero presentarte a alguien muy especial. Kara, no te escondas...
Kara, presa de un nerviosismo impropio de alguien capaz de mover planetas, dio un paso al frente con una sonrisa trémula.
—Hola... Soy Kara Danvers. Es un honor.
—Mucho gusto, Kara. Soy Diana Prince —respondió la guerrera, observándola con una intensidad que hizo que el pulso de la rubia se acelerara—. Sé quién eres. Eres la Mujer Maravilla.
Una sombra de cautela cruzó el rostro de Diana, quien buscó la mirada de Barry con preocupación silenciosa.
—¿Barry, podemos hablar en privado?
—Tranquila, Diana —intervino él, restándole importancia con un gesto—. Ella es de los nuestros. Sus secretos son tan profundos como los tuyos.
—Es cierto —añadió Kara, bajando la voz hasta convertirla en un secreto compartido—. Yo soy Supergirl.
El gesto de Diana se suavizó instantáneamente, transformándose en una mezcla de asombro y admiración. Barry, notando que el aire entre ellas comenzaba a chispear con una conexión que iba más allá de la camaradería heroica, murmuró un "¡Wow!" casi para sí mismo y se retiró con discreción, dejando a las dos mujeres en un silencio que vibraba con una extraña familiaridad.
Diana dio un paso hacia Kara, rompiendo la barrera de la cortesía formal. Su capa no estaba allí, pero su presencia llenaba el espacio como si portara su armadura de oro.
—Supergirl... —repitió Diana, saboreando el nombre—. He oído susurros sobre una mujer que vuela entre los rascacielos de National City, alguien que porta la esperanza en el pecho. No imaginé que encontraría a una joven con una luz tan pura en la mirada.
Kara sintió que el calor subía por su cuello. Había enfrentado soles rojos y ejércitos alienas, pero la atención de Diana era un tipo de poder diferente.
—Y yo... yo creció escuchando leyendas sobre una guerrera que detuvo guerras con sus propias manos —respondió Kara, recuperando poco a poco la voz—. Pero las leyendas no mencionan que... bueno, que impones tanto respeto.
Diana soltó una risa suave, un sonido que recordó a Kara el repique de campanas antiguas.
—El respeto es una carga necesaria, Kara. Pero aquí, esta noche, solo somos dos mujeres compartiendo un refugio. Dime, ¿cómo logra alguien como tú, con el poder de un dios, mantener la sencillez de una mortal?
Kara bajó la vista hacia su copa, observando las burbujas subir.
—Porque me importa este mundo, Diana. No como un campo de batalla, sino como un hogar. Aunque a veces me siento como una extraña mirando a través de un cristal.
—Te entiendo mejor de lo que crees —dijo Diana, acortando la distancia. Extendió una mano y, con una delicadeza asombrosa, apartó un mechón de cabello del rostro de Kara—. Venimos de mundos que ya no existen, o que están demasiado lejos. Estamos solas en la cima, pero quizá... ya no tengamos que estarlo tanto. Eres muy linda, Kara. Y no me refiero solo a tu apariencia, sino a la fuerza que emanas. Es... embriagadora.
Kara sonrojada, pero con una chispa de audacia en los ojos, respondió:
—Tú también, Diana. Mucho.
Aisladas en su propia burbuja, las dos heroínas se sumergieron en una charla que fluía con la naturalidad del agua. Hablaban de la paz, de la carga de la justicia y de la esperanza. A su alrededor, la fiesta seguía su curso frenético, pero nadie se atrevía a romper el círculo invisible que las rodeaba.
Desde la distancia, Felicity observaba la escena con una sonrisa sagaz; la atracción entre la última hija de Krypton y la princesa de Temiscira era tan evidente que resultaba casi tangible. Sin embargo, en el otro extremo del salón, Alex Danvers seguía ajena a la épica conexión de su hermana, demasiado perdida en los ojos de Sara y en los efectos del whisky como para notar que, a pocos metros, el multiverso acababa de encontrar su nuevo centro de gravedad.
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Luthor vs Prince. (TERMINADA)
FanfictionKara está dividida. Una parte de ella insiste en perseguir un amor que nunca ha sido suyo, uno que la mantiene en la incertidumbre y el deseo constante. La otra parte sabe que existe alguien que la ama sin condiciones, que la espera sin exigirle con...
