La noche en National City siempre parecía más fría desde el balcón del último piso de L-Corp. Lena Luthor sostenía una copa de cristal, observando las luces de la ciudad que parpadeaban como estrellas distantes. Su mente, sin embargo, volaba a kilómetros de distancia, preguntándose en qué brazos dormiría Kara esa noche.
—¿Dónde estarás, Kara? —susurró al viento, sintiendo que el nudo en su garganta se apretaba—. Joder, te extraño tanto que duele respirar...
El silencio sepulcral de la oficina fue interrumpido por el vibrar insistente de su teléfono personal. Lena se abalanzó sobre él, con el corazón martilleando contra sus costillas y una esperanza desesperada iluminando su rostro.
—¿Kara? —contestó casi sin aliento.
—No, señorita Luthor. Soy Sam —la voz al otro lado era profunda, pausada y cargada de una confianza que erizó los vellos de la nuca de Lena.
El rostro de la empresaria se endureció al instante. La decepción fue un golpe físico.
—¿Cómo conseguiste este número? Es privado.
—Ya se lo dije ayer, Lena. Te he estado observando por mucho tiempo. Sé más de ti de lo que imaginas.
—Has llegado demasiado lejos, Arias —sentenció Lena, apretando el teléfono con fuerza—. Tienes que parar esto ahora mismo. Es acoso.
—Lo haré —respondió Sam con una calma escalofriante—, pero solo cuando te des cuenta de que tú y yo estamos destinadas a estar juntas. El destino no se equivoca, Lena, y yo tampoco.
Lena soltó una carcajada amarga, llena de incredulidad.
—Mejor deja de molestarme. No estoy de humor para juegos psicópatas.
Sin esperar respuesta, colgó. Dejó el teléfono sobre la mesa de cristal y se frotó las sienes. —Por Dios, qué mujer tan loca —murmuró, tratando de ignorar el escalofrío que recorría su espalda.
Residencia de Sam Arias
En la penumbra de su propia sala, Sam sostenía su celular, mirando la pantalla con una mezcla de adoración y terquedad. No aceptaba un "no" por respuesta; nunca lo había hecho.
—Lena... no entiendo por qué insistes en sufrir por una mujer que claramente no te quiere —susurró Sam para sí misma, mirando una foto de Lena que tenía guardada—. Si aquí estoy yo, dispuesta a darte el mundo entero.
Con una determinación renovada, volvió a marcar el número.
En L-Corp, el teléfono volvió a sonar. Lena, pensando que quizá Kara intentaba devolverle la llamada tras ver el registro, contestó de inmediato.
—¿Diga?
—No vayas a colgar, por favor —pidió Sam rápidamente.
—¿Es en serio? —Lena estaba al borde de un ataque de nervios—. ¿Qué parte de "déjame en paz" no entendiste?
—Dame una oportunidad, Lena. Solo una. Déjame invitarte a cenar mañana.
—¿Cuáles son tus intenciones reales? —preguntó Lena, caminando de un lado a otro—. Porque me estás dando miedo. Si sigues con esto, tendré que acudir a las autoridades. No me importa quién seas, haré que te pongan una orden de restricción.
—Lena, por favor... solo escúchame.
—¡Déjame en paz! —gritó Lena, perdiendo la compostura—. No te conozco, no me interesas.
—Lo haré —cedió Sam, usando un tono más suave, casi conciliador—. Te dejaré en paz, pero con una condición: dame la oportunidad de invitarte a cenar. Una sola noche. Después de eso, tú decides. Si quieres que desaparezca de tu vida para siempre, lo haré. Si decides que podemos ser amigas, me quedaré.
—No me gustan las amistades —escupió Lena con frialdad—. Ya tengo suficientes problemas con las que tengo.
—¿Entonces por qué tienes a Danvers en tu vida? Si ella es solo una "amiga", ¿por qué te duele tanto?
—Eso no es de tu incumbencia —sentenció Lena, sintiendo que Sam estaba tocando fibras demasiado sensibles.
—¿Entonces? ¿Aceptarás?
—No.
Lena colgó de nuevo, sintiendo un agotamiento mental extremo. —Qué mujer tan intensa —pensó, mirando la puerta de su oficina como si esperara que Sam apareciera por arte de magia.
Al día siguiente - Oficinas de L-Corp
El escándalo comenzó en la recepción de la planta ejecutiva. Sam Arias no era de las que pedían permiso dos veces.
—¡No puede pasar, señorita! ¡Son órdenes directas de la señora Luthor! —gritaba la asistente, tratando de interponerse en el camino de Sam, quien caminaba con paso firme y decidido.
—No me importa quién dio la orden. Apártate —ordenó Sam, con una mirada que habría hecho retroceder a un ejército.
Lena, dentro de su oficina, escuchó los gritos y la conmoción. Abrió la puerta de golpe, encontrándose con la escena de su asistente forcejeando inútilmente con Sam.
—¿Qué pasa aquí? ¿Qué es todo este escándalo? —exigió Lena con autoridad.
—La señorita Arias... ella entró a la fuerza, jefa —explicó la asistente, asustada.
Sam se plantó frente a Lena, ignorando a todos los demás. —Lena, tenemos que hablar. Ahora.
—Te he dicho mil veces que dejes de molestarme. Vete de mi edificio antes de que llame a seguridad —amenazó Lena, aunque en el fondo, la persistencia de Sam empezaba a causarle una extraña fascinación.
—Lena, por favor, escúchame —suplicó Sam, suavizando su expresión solo para ella.
—No tengo nada que escuchar. Retírese, señorita Arias —insistió la asistente, tratando de tomarla del brazo.
Sam la ignoró por completo, manteniendo sus ojos clavados en los de Lena. —No me iré de aquí hasta que me dejes hablar contigo. A solas. No me importa si tengo que quedarme a dormir en este pasillo.
Lena suspiró, dándose cuenta de que Sam no se detendría. Miró a su asistente y asintió. —Déjanos, Jess. Estaré bien.
Cuando la puerta se cerró tras ellas, Lena se cruzó de brazos. —¿Qué se te ofrece ahora?
Sam entró en la oficina como si fuera su propio territorio, respirando el aroma de Lena que impregnaba el lugar. —Una oportunidad.
—¿De qué hablas?
—Ya te lo dije. La cena.
—Ya te he dicho que no estoy interesada en salir contigo, Sam. Mi vida es un caos y tú eres... un factor desconocido que no necesito.
—Lena, no soy mujer de rogar. Nunca lo he hecho por nadie —confesó Sam, acercándose hasta que solo unos centímetros las separaban—. Pero tú... tú me tienes tan... tan enamorada.
—Obsesionada, querrás decir —corrigió Lena con una sonrisa escéptica.
—Un poco, sí —admitió Sam con una honestidad brutal—. Pero es una obsesión nacida de la admiración. Por eso te pido esa oportunidad. Déjame demostrarte quién soy realmente.
Lena la miró de arriba abajo, tratando de descifrar sus intenciones. —¿Realmente estás enamorada de mí... o de mi apellido y mi dinero? Porque estoy acostumbrada a lo segundo.
Sam se tensó, visiblemente ofendida. —De ti, Luthor. Del fuego que tienes en los ojos cuando estás enojada. Me da una rabia incontrolable cada vez que veo a esa rubia entrar aquí, cada vez que te veo salir con ella y su grupo de amigos, sabiendo que no te valoran como mereces.
Lena retrocedió un paso, sintiendo un escalofrío. —Realmente me das miedo, Arias. Me espías, me sigues... ¿Acaso no tienes otra cosa que hacer con tu vida?
—Soy una mujer terca —respondió Sam, ignorando la crítica—. Y cuando considero que algo es importante, no lo suelto. Y tú, para mí, eres lo más importante en esta ciudad.
—Nuevamente —dijo Lena, señalando la salida—, te pido que te retires.
Sam, en lugar de ir a la puerta, caminó hacia el balcón, el lugar favorito de Lena. —No, Lena. No me iré. Al menos no hasta que aceptes mi invitación. Me quedaré aquí, bajo la luna, esperándote.
Lena cerró los ojos, exhausta. Sabía que Sam era capaz de cumplir su palabra. Además, una parte de ella, la parte herida por el rechazo de Kara y la presencia de Diana, sentía una curiosidad morbosa por ser el centro de atención de alguien más.
—Está bien —cedió Lena, dándose por vencida—. Iré a esa cena. Pero solo si prometes que después dejarás de molestarme si así lo decido.
Sam se giró con una sonrisa triunfal que iluminó su rostro. —Te lo repito: lo haré únicamente si tú me lo pides después de conocerme. Si después de la cena no quieres volver a verme, desapareceré. Pero dudo que eso pase.
Lena soltó una risa seca, negando con la cabeza. —Está bien. Pasa por mí mañana a las diez de la noche. Ni un minuto antes, ni un minuto después.
—Perfecto —dijo Sam, acercándose para dejar un beso fugaz en el aire, cerca de la mejilla de Lena—. Hasta ese entonces, mi futura reina.
—Ok, pero ahora vete y deja de molestar, ¿quieres? —pidió Lena, aunque su tono ya no era tan hostil.
—Lo que tú me pidas —respondió Sam.
Caminó hacia la puerta con un aire de victoria absoluta, dejando a Lena en el silencio de su oficina, preguntándose si acababa de cometer el error más grande de su vida o si, por fin, alguien estaba dispuesta a luchar por ella con la misma intensidad con la que ella siempre luchaba por los demás.
ESTÁS LEYENDO
Luthor vs Prince. (TERMINADA)
Fiksi PenggemarKara está dividida. Una parte de ella insiste en perseguir un amor que nunca ha sido suyo, uno que la mantiene en la incertidumbre y el deseo constante. La otra parte sabe que existe alguien que la ama sin condiciones, que la espera sin exigirle con...
