La charla

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La noche en la habitación de las Danvers se sintió como una tregua en el tiempo. Entre risas contenidas por el miedo a otra reprimenda de Eliza, las tres se habían sumergido en un sueño profundo. Kara se había quedado dormida con la mejilla apoyada en el hombro de Diana, envuelta en la calidez que emanaba la Amazona, mientras Alex descansaba en la otra cama, ajena a la marea de emociones que empezaba a gestarse.
A la mañana siguiente, la luz del sol de National City se filtraba suavemente por las cortinas. Unos golpes rítmicos en la madera anunciaron la llegada de la autoridad.
—Chicas, arriba —dijo Eliza, entrando a la habitación.
Se detuvo en seco al ver la escena. Diana estaba despierta, acariciando con una delicadeza infinita el cabello de Kara, quien aún murmuraba entre sueños.
—Buenos días, Diana —susurró Eliza con una sonrisa cómplice.
—Buenos días, Eliza —respondió la guerrera, con un leve rubor asomando en sus mejillas.
—Ya veo que quien realmente te interesa es mi hija menor.
Diana dejó de acariciar el cabello de Kara por un momento, sosteniendo la mirada de Eliza con la honestidad que caracteriza a su pueblo.
—Sí, señora. Desde el momento en que la vi, hubo algo que me atrajo, pero al pasar la noche con ella, ese sentimiento ha crecido. Deseo conocerla de verdad.
—Hablaremos de eso más tarde, entonces —concluyó Eliza con un tono protector pero amable.
Alex comenzó a desperezarse con un quejido.
—Buenos días... —murmuró, restregándose los ojos.
—Diana, despierta a Kara, por favor —pidió Eliza—. El desayuno ya está listo.
—No, Eliza, deja que siga durmiendo un poco más —intervino Diana—. Desayunaré con ella cuando despierte.
Kara abrió los ojos lentamente, encontrándose con la mirada profunda de Diana sobre ella.
—Buenos días, dormilona —le susurró la Amazona.
—Buenos días... —Kara se sentó en la cama, todavía aturdida por la cercanía—. ¿Mamá?
—Ya levántate, Kara. Alex ya está en la puerta dispuesta a acabarse todo el desayuno si no te apuras —rio Eliza, saliendo del cuarto.
Cuando se quedaron a solas, el aire se volvió más pesado, cargado de una intimidad eléctrica.
—Duermes muy bonito, Kara. ¿Te lo habían dicho?
—Y tú... tú arrullas de una forma muy linda, Diana —respondió la kryptoniana, completamente sonrojada.
Diana se acercó más, acomodándole un mechón de pelo rebelde antes de depositar un beso suave en su frente. Kara, sintiéndose protegida, la rodeó en un abrazo.
—Eres tan amable conmigo... tan linda.
—Me nace serlo contigo —respondió Diana. Acortó la distancia y besó su mejilla, rozando peligrosamente la comisura de sus labios, igual que la noche anterior.
—Bajemos, o nos dejarán sin comida —dijo Kara, intentando recuperar el aliento.
—¡Kara! —la llamó Diana antes de que se levantara.
—¿Sí?
—Sé que apenas nos conocemos —dijo la Amazona, aclarando su garganta—, pero me gustas. Y me gustaría conocerte mucho más.
Kara guardó silencio por un segundo, sintiendo el peso de la confesión.
—Diana... yo también siento una atracción por ti. Pero no me gustaría dañarte.
—No te pido que seas mi novia ahora —respondió Diana con una sonrisa tranquila—. Solo pido que me dejes conocer a la mujer detrás del escudo.
—Eso... eso sí puedo hacerlo —asintió Kara, devolviéndole la sonrisa.
El día transcurrió volando entre preparativos para el regreso. En la cocina, Diana y Eliza compartían un momento de seriedad mientras las hermanas terminaban de empacar.
—¿Cuáles son tus intenciones reales con mi hija? —preguntó Eliza, yendo directo al grano.
—Son buenas, señora —aseguró Diana—. Me gusta Kara, pero quiero ir despacio. Quiero saber si lo que nos espera es una relación o una amistad eterna.
—Si en el futuro llegas a estar con ella, serás bienvenida aquí. Y si solo son amigas, también —sentenció Eliza, sellando el pacto.
Mientras tanto, en la habitación, Alex observaba la sonrisa persistente de su hermana.
—¿Y esa cara? ¿Es por Diana?
—Ya vamos a regresar a la ciudad y veré a Lena —confesó Kara con entusiasmo.
Alex borró su sonrisa y suspiró.
—Ah... pensé que era por la princesa que tienes en la sala.
—Diana es increíble, de verdad. Pero solo la veo como una amiga.
—Pues entonces sé clara con ella, Kara —advirtió Alex con seriedad—. No es justo que ella se enamore de ti mientras tú sigues suspirando por Lena Luthor. Pon las cartas sobre la mesa antes de que alguien salga herido.

Luthor vs Prince. (TERMINADA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora