Sombras en el balcón

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El rascacielos de L-Corp parecía una torre de cristal aislada del resto del mundo. Dentro de su oficina, Lena Luthor era la viva imagen de la derrota elegante. El café se había enfriado en su escritorio y los informes financieros, que usualmente eran su refugio, hoy no eran más que manchas de tinta sin sentido.
—Ajá... sí, por favor —murmuró Lena al celular, con una voz que arrastraba el cansancio de una noche de llanto—. Pospón todas las juntas de hoy y mañana. No me importa la urgencia, agéndalas para la próxima semana. No estoy... disponible.
Colgó el teléfono y se frotó las sienes, tratando de expulsar la imagen de Kara y Diana levitando en una burbuja de amor que ella misma había provocado. Unos golpes secos en la puerta de madera pesada la obligaron a recomponerse.
—¿Quién es? —preguntó, recuperando su máscara de frialdad.
Su asistente asomó la cabeza con timidez. —Señorita Luthor, la busca una mujer... dice llamarse Sam Arias. No tiene cita, pero insiste en que—
Antes de que terminara, una mujer de porte imponente y mirada felina entró en la oficina, ignorando por completo el protocolo. Su seguridad era casi ofensiva, incluso para los estándares de un Luthor.
—Disculpe... —Lena se puso en pie, midiendo a la intrusa con la mirada—. ¿Usted quién es exactamente?
—Señorita Luthor —respondió Sam con una sonrisa enigmática que no llegaba a sus ojos—. Usted no me conoce, pero yo a usted la conozco perfectamente. He seguido su trayectoria con mucho... detenimiento.
Lena arqueó una ceja, intrigada a pesar de su mal humor. Hizo un gesto casi imperceptible a su asistente para que se retirara. Cuando la puerta se cerró, el silencio en la oficina se volvió denso.
—Bien, ya estamos solas. ¿Qué se le ofrece, señorita Arias? —preguntó Lena, cruzando los brazos sobre el pecho.
—Vengo a hablar de negocios —dijo Sam, pero sus ojos recorrieron la oficina como si buscara algo más que contratos. Sin esperar invitación, caminó hacia el ventanal y salió al balcón que dominaba National City.
Lena la siguió, molesta por la audacia de la desconocida. —Con todo respeto, no me gusta que una extraña entre en mi santuario y se pasee como si fuera la dueña del edificio. Si viene por negocios, hable ahora o llame a mi secretaria para una cita en tres meses.
Sam se giró, dejando que el viento de la altura alborotara su cabello oscuro. Se acercó un paso, invadiendo el espacio personal de Lena.
—Bueno, Luthor... la verdad es que no vengo por negocios. Vengo por ti. He venido a verte a ti.
—¿A mí? ¿Para qué? —Lena soltó una risa seca, carente de humor.
—Tengo meses observándote desde la distancia —confesó Sam, bajando el tono de voz hasta que fue casi un susurro magnético—. Me pareces una mujer excepcional. Brillante, poderosa... y terriblemente sola.
—Lo soy —respondió Lena con una arrogancia que ocultaba su sorpresa—. Pero si solo vienes a alimentar mi ego con halagos baratos, puedes retirarte por donde viniste.
Sam sonrió, una expresión depredadora. —Sé que tienes una "amiga" muy especial, Lena. Aunque, siendo honestas, creo que decirle "amiga" a Kara Danvers es un insulto a la inteligencia de ambas. No es un título digno para lo que hay entre ustedes.
El nombre de Kara actuó como un látigo. Lena se tensó visiblemente. —¿Puedes dejarte de rodeos? ¿Qué quieres?
—Luthor, no seas modesta. Todo el mundo sospecha que tú y Kara Danvers son algo más que mejores amigas. El secreto peor guardado de la ciudad.
Lena soltó una carcajada amarga, pensando en Diana y el beso que seguramente se estarían dando en ese momento.
—Piensa lo que quieras, Arias. Pero te equivocas. Si Kara fuera mi novia, la presumiría ante el mundo entero; todos sabrían que me pertenece. Pero no es así. Kara... Kara solo es mi amiga.
Sam dio un paso más, acortando la distancia hasta que Lena sintió el calor de su presencia.
—¿Entonces tengo el camino libre? —preguntó Sam con una voz cargada de intención.
—Ya quisieras que yo me fijara en alguien como tú —escupió Lena, aunque su pulso se aceleró.
—No solo te vas a fijar en mí, Lena. Vas a pensar en mí toda la noche —sentenció Sam.
En un movimiento rápido, Sam acorraló a Lena contra la esquina del balcón. Antes de que la Luthor pudiera protestar, Sam la tomó por la nuca y la besó con una intensidad posesiva, un beso que no pedía permiso, sino que marcaba territorio. Lena se quedó congelada por un segundo antes de reaccionar y empujarla con fuerza.
—¿Qué te pasa? —exclamó Lena, limpiándose los labios con el dorso de la mano, con los ojos echando chispas.
—Quiero que sepas que me encantas, Luthor. Me encantas —dijo Sam, sin perder la compostura, disfrutando de la agitación de Lena—. Estuve esperando la oportunidad de tenerte cerca, y ahora que sé que tú y la pequeña Danvers no han estado muy unidas estos días... decidí que era momento de presentarme.
—Lárgate de aquí —ordenó Lena, señalando la puerta con el dedo tembloroso por la furia.
—Me voy —aceptó Sam con una calma exasperante—. Pero si quieres verme de verdad... si te cansas de esperar a quien no te valora... llámame.
Sam caminó hacia el escritorio, dejó una tarjeta negra con su número grabado en letras doradas y salió de la oficina con la seguridad de quien sabe que ha dejado una herida abierta. Lena se quedó en el balcón, mirando la tarjeta, con el corazón en un conflicto total entre el dolor por Kara y la extraña intriga por la mujer que acababa de desafiarla en su propio terreno.

Luthor vs Prince. (TERMINADA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora