Los días transcurrían con una lentitud exasperante. Para cualquier habitante del multiverso, Kara Zor-El y Alex Danvers eran figuras de respeto, guerreras que habían desafiado a la muerte; pero bajo el techo del departamento de Kara, no eran más que dos hijas desconsideradas que habían olvidado las reglas básicas de la cortesía familiar.
El confinamiento era absoluto. Eliza se había trasladado desde Midvale solo para supervisar el "arresto domiciliario". Ni vuelos nocturnos sobre los rascacielos, ni misiones en la DEO, ni visitas a L-Corp.
—No estaríamos prisioneras en tu propio departamento si no fuera por tu mala memoria, Kara —gruñó Alex, desplomada en el sofá con el ánimo por los suelos.
—Un pequeño error lo comete cualquiera —se defendió Kara, aunque su voz carecía de convicción—. No es para tanto.
—¿Que no es para tanto? A este paso, J'onn me habrá sustituido por un agente que sí sepa usar un calendario. ¡Y todo porque te olvidaste de avisar que te ibas de paseo interdimensional!
—Mamá se encargó de todo —suspiró Kara—. Es increíble. Es capaz de detener una invasión alienígena con tal de mantenernos castigadas. ¿Cuántos días faltan?
—Cinco. Cinco días de comer ensaladas saludables y escuchar sermones sobre la responsabilidad mientras vemos las luces de la ciudad desde la ventana.
Alex se giró hacia su hermana, con una chispa de curiosidad superando su mal humor.
—Oye... ¿y Diana? ¿Crees que aparezca?
—Lo dudo —respondió Kara, acariciando con el pulgar el dispositivo de Barry en su bolsillo—. Ya me habría buscado. Además, ¿te imaginas que venga y nos encuentre así? ¿O que se enteren nuestras amigas?
—Lena se moriría de la risa —se burló Alex—. Bueno, después de quererte matar, porque se suponía que la verías el día que regresamos. Tu crush va a estar furiosa.
—Luthor no es mi crush —mintió Kara, sintiendo el calor en sus mejillas—. Me encanta, sí, pero nunca se fijaría en mí.
—Por favor, Kara. Tienes a una Luthor y a una Amazona comiendo de tu mano y sigues actuando como si fueras invisible. Sola te engañas, hermanita.
La puerta de la cocina se abrió de golpe, revelando la figura severa de Eliza con una tetera en la mano.
—Ya es suficiente. A dormir, las dos. Mañana hay que limpiar este balcón.
—¡Mamá! —exclamó Kara, levantándose de un salto—. Estamos en National City. Tengo una ciudad que proteger. No es justo que nos trates así.
—No actúan como heroínas adultas, así que las trato como a las niñas que demuestran ser —sentenció Eliza con esa calma que solo las madres poseen—. Y ya hablé con J'onn; él está de acuerdo conmigo.
—¿Al menos podrías avisarle a Lena que estoy aquí? —suplicó Kara—. Se va a preocupar si no aparezco por L-Corp.
—No, Kara. El castigo es desconexión total.
Justo cuando Alex iba a protestar, el aire en el centro de la estancia comenzó a crepitar. Una fisura de luz azul y blanca se rasgó en el espacio, expandiéndose hasta formar un portal circular sobre la alfombra. De él, con una gracia que dejó el aire impregnado de ozono y sándalo, surgió Diana Prince.
Eliza dio un paso atrás, cruzándose de brazos, sin dejarse impresionar por la entrada triunfal de la semidiosa.
—¿Y usted quién es? —preguntó la matriarca Danvers.
—¡Diana! Viniste... —exclamó Kara, debatiéndose entre la alegría pura y el deseo de que la tierra se la tragara.
—¿Interrumpo algo? —preguntó Diana, mirando el rostro severo de Eliza y el semblante derrotado de las hermanas.
—Sí, señorita, interrumpe —respondió Eliza—. Repito: ¿quién es usted?
—Oh, mil disculpas —Diana hizo una leve inclinación de cabeza, recuperando su compostura diplomática—. Soy Diana Prince, amiga de sus hijas. Lamento profundamente irrumpir de esta manera en su hogar; no medí las consecuencias de mi llegada.
—Es una amiga, mamá —intervino Kara rápidamente—. Sabía que vendría, pero no cuándo.
—Bueno —Eliza suavizó un poco el gesto, analizando a la visitante de arriba abajo—. No fue culpa de ustedes que ella haya decidido aparecer justo ahora.
—¿Eso significa que nos quitarás el castigo? —preguntó Alex con esperanza renovada.
—¿Están castigadas? —Diana arqueó una ceja, claramente divertida por la situación.
—Sí —admitió Alex, ocultando el rostro entre las manos—. Kara olvidó avisar de nuestro viaje y ahora estamos en arresto domiciliario.
—Qué vergüenza contigo, Diana... —susurró Kara, deseando que su supervelocidad sirviera para escapar de ese momento.
Eliza observó la interacción, notando la forma en que los ojos de Kara brillaban al ver a la Amazona. Una sonrisa astuta se dibujó en sus labios.
—Bueno, supongo que no hay mayor castigo para una hija que el hecho de que la chica que le gusta la vea siendo reprendida por su madre.
Un silencio sepulcral cayó sobre el departamento. Alex, Kara y Diana se quedaron petrificadas.
—¿Por qué asumes que nos gusta Diana? —logró decir Alex, tratando de salvar los restos de su dignidad—. Digo, eres hermosa, Diana, pero... ¿cómo lo sabes?
—Hijas —dijo Eliza, dándose la vuelta para regresar a la cocina—, no soy tonta. Solo me hago la distraída para ver hasta dónde llegan ustedes. Diana, bienvenida a National City, estás en tu casa. Disculpa el desorden... y a mis hijas.
Diana se quedó allí, mirando a una Kara totalmente abochornada.
—Vaya —murmuró la Amazona con una sonrisa juguetona—. Tu madre es... verdaderamente fascinante
ESTÁS LEYENDO
Luthor vs Prince. (TERMINADA)
FanficKara está dividida. Una parte de ella insiste en perseguir un amor que nunca ha sido suyo, uno que la mantiene en la incertidumbre y el deseo constante. La otra parte sabe que existe alguien que la ama sin condiciones, que la espera sin exigirle con...
