La noche en el departamento de Alex se había transformado en un caos de risas, anécdotas y latas vacías. Alex, cuya resistencia al alcohol era humana y, por tanto, limitada, se encontraba desparramada en su sillón individual, con la mirada perdida y una sonrisa boba que no lograba borrar.
—Tu hermana es realmente genial, Kara —susurró Diana, observando a la pelirroja con afecto mientras compartía el sofá con la kryptoniana.
—Es la mejor que podría existir —respondió Kara, recostando la cabeza en el hombro de la amazona—. Es mi hermana, mi mejor amiga y mi confidente. No sé qué sería de mí en este planeta sin ella.
—Se nota cuánto te ama. El vínculo que tienen es de las cosas más hermosas que he visto en este siglo —comentó Diana, acariciando distraídamente la mano de Kara.
—Agradezco tanto que los Danvers me acogieran como a una más. Al principio, Alex y yo no comenzamos con el pie derecho... chocábamos por todo. Pero hoy, somos una sola alma en dos cuerpos.
De pronto, Alex, que parecía estar en un trance profundo, balbuceó con la lengua pesada:
—Sé que soy la mejor... mucho mejor que Supergirl... ella solo vuela, yo... yo tengo armas de la DEO... —Y tras decir eso, soltó un ronquido sonoro.
Diana no pudo evitar una carcajada limpia. —Definitivamente, cuando está ebria es mucho más divertida.
—E insoportable —rio Kara, levantándose con cuidado—. Deja que la lleve a su habitación antes de que empiece a cantar musicales de nuevo.
Kara cargó a su hermana con la facilidad con la que se levanta una pluma y la depositó con delicadeza en su cama, arropándola y dejando un vaso de agua en la mesita de noche. Al regresar a la sala, encontró a Diana contemplando la ciudad a través del ventanal.
—¿Quieres que vayamos a mi departamento? —preguntó Kara, rompiendo el silencio—. Estaremos más cómodas allá.
Diana negó suavemente con la cabeza. —Mejor quedémonos aquí. Hay que cuidar a Alex; la jaqueca de mañana va a ser legendaria y no me gustaría dejarla sola así.
—Gracias, Diana. Eres muy considerada —Kara se sentó de nuevo, sintiendo cómo el cansancio de un día emocionalmente agotador le pesaba en los párpados—. ¿Quieres dormir ya? Muero de sueño.
—¿Te puedo ayudar a dormir? —preguntó Diana con una voz aterciopelada.
—Por favor —susurró Kara con una sonrisa cansada.
Se acurrucaron en el sofá, fundiéndose en un abrazo natural. Diana comenzó a tararear una antigua melodía de Temiscira, una canción de cuna que las madres amazonas cantaban bajo las estrellas. Poco a poco, el ritmo de la respiración de Kara se acompasó con el de Diana. Antes de cerrar los ojos por completo, Diana besó la coronilla de la rubia.
—Quiero verte dormir cada noche y verte despertar todos los días, Kara Danvers —murmuró Diana para el silencio de la sala—. Me encantas. Te quiero tanto que asusta.
A la mañana siguiente
El sol de National City entró sin piedad por las ventanas. Alex se levantó de la cama sintiendo que un escuadrón de marcianos verdes martilleaba dentro de su cabeza. Arrastrando los pies, llegó a la sala con la intención de buscar café, pero se detuvo en seco.
Allí, en el sofá, Kara y Diana dormían profundamente, entrelazadas de tal forma que era difícil decir dónde terminaba una y empezaba la otra. La luz de la mañana las hacía ver radiantes, casi irreales. Alex, a pesar del dolor de cabeza, no pudo evitar sacar su celular y tomar varias fotos.
—Si tan solo te dieras cuenta, Kara... —susurró Alex para sí misma, conmovida—. Si vieras lo mucho que esta mujer te quiere, no mirarías atrás ni un segundo.
Se sentó en el sillón frente a ellas, observándolas con una sonrisa protectora. Decidió que el café podía esperar y, en un acto de pura inercia de "cruda", abrió una de las cervezas que habían quedado frías en la mesa. En ese instante, su celular vibró.
El ruido fue sutil, pero constante. Alex contestó rápido para no despertar a la pareja.
—¿Hola? ¿Lena? —preguntó Alex, extrañada por la hora.
—Hola, Alex. Disculpa que te moleste tan temprano —la voz de Lena sonaba tensa, profesional pero con un tinte de ansiedad que no podía ocultar—. ¿Has sabido algo de Kara? He intentado localizarla.
Alex miró a su hermana, que roncaba suavemente sobre el pecho de Diana.
—Hola, Lena. Sí, aquí está en mi departamento, durmiendo.
—¿Durmiendo? —Hubo un silencio pesado del otro lado de la línea. Alex casi podía escuchar los engranajes de la mente de Lena girando con celos—. Ah, entiendo. Gracias. Bueno, después intentaré marcarle... es que no contesta mis llamadas y me preocupé.
—He estado todo el día con ella y no he escuchado su celular —mintió Alex con habilidad—. Quizás se quedó sin batería.
—No lo creo —respondió Lena con una amargura que intentó disfrazar de indiferencia—. Creo que me ha bloqueado.
—No creo que haya hecho eso, Lena. Pero, ¿quieres que le dé algún mensaje cuando despierte?
—No —cortó Lena de inmediato—. No es necesario. Yo la busco en su departamento después. Adiós, Alex.
—Adiós, Lena.
Alex colgó y dejó el celular en la mesa, mirando a la "pareja" en el sofá. Sabía que la tormenta Luthor no tardaría en llegar a la puerta de Kara, pero por ahora, ver a su hermana descansar en los brazos de una mujer que sí sabía valorarla era suficiente.
—Suerte con eso, Luthor —murmuró Alex, dándole un trago a su cerveza—. Porque esta vez, la competencia es una diosa.
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Luthor vs Prince. (TERMINADA)
FanfictionKara está dividida. Una parte de ella insiste en perseguir un amor que nunca ha sido suyo, uno que la mantiene en la incertidumbre y el deseo constante. La otra parte sabe que existe alguien que la ama sin condiciones, que la espera sin exigirle con...
