Capítulo III

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La ceremonia de la luna llegó en medio de una noche despejada, fría y llena de estrellas brillantes.

El bosque estaba lleno de jóvenes -y no tan jóvenes- alfas y omegas que buscaban un mismo fin: encontrar pareja y aparearse. También habían personas que, como él, simplemente habían asistido a la ceremonia para mirar y salir de la rutina.

KyungSoo, ante cualquier pronóstico, había terminado siendo convencido por BaekHyun para asistir al evento, así que en ese momento se encontraba a su lado, mirando el cielo oscuro frente a una gran fogata que habían encendido para la ocasión. Sus padres estaban ocupados con la preparación de los alimentos que repartirían conforme la noche fuera transcurriendo y para ese punto las miradas sugestivas e interesadas viajaban en el aire de una persona a otra.

El ambiente estaba cargado de expectativas y excitación. MinSeok, Lu Han y ZiTao estaban en la sección de omegas que participarían en la búsqueda, siendo todo sonrisas, miradas tímidas y furtivas y risitas provocadas por comentarios compartidos entre los tres. Parecían un trío de quinceañeros, pero eran tan lindos y perfectos que no podía encontrar algo malo en aquella imagen, todo lo contrario, resultaba incluso enternecedor.

MinSeok le obsequió una sonrisa brillante a lo lejos y él la devolvió con buen humor, saludando a sus amigos con cariño mientras BaekHyun lo abrazaba por los hombros y lo acercaba a él con confianza. KyungSoo se preguntaba qué había de diferente en BaekHyun, porque con él se sentía más en confianza, más tranquilo, en paz. El tipo tenía un imán interno que atraía armonía y calma y eso era excesivamente agradable. KyungSoo podría estar entre los brazos de su amigo por días enteros y sentiría que no le faltaba absolutamente nada. Era tan reconfortante.

—¿Todo bien, Soo? ¿Tus heridas? —preguntó, acariciando su cabello de forma maternal, y el mayor suspiró y cerró los ojos, dejándose hacer por aquellos finos dedos expertos en el arte de las caricias y la comodidad—

—Todo está bien, mis heridas ya no duelen. Sólo tengo una pequeñísima cicatriz en el cuello que pronto desaparecerá.

—Eso es realmente algo muy bueno —el menor se tomó algunos segundos, y luego agregó con cautela— ¿Sabes? Todos en el Clan están hablando de ti. La gente está agradecida y maravillada con lo que has hecho con ese alfa, dicen cosas que antes no habían dicho, y eso es algo increíble. ¿No crees que, de seguir así, algún alfa tome la iniciativa de...?

—No sigas por ese camino, Baek —cortó sus palabras de inmediato—. Tú y yo sabemos que una acción simple, que cualquier otro omega haría sin rechistar, no hará grandes cambios en las mentes y los pensamientos arraigados a las costumbres de la gente, mucho menos de los dragones, que son tan instintivos y orgullosos, llenos de grandeza y honor —lo miró entonces, una sonrisa triste bailando en sus labios gruesos, y BaekHyun lo vio con pesar, con impotencia, porque lo que vivía su amigo no era justo, él no lo merecía. KyungSoo era un hombre genial que debía ser recompensado con una gran familia y un compañero que lo apreciara. Él era bueno. KyungSoo merecía el mundo entero y verlo sufriendo por su distintiva y hermosa rareza le pesaba en el alma—. No te sientas mal por mí, tonto, yo estoy bien. Siempre he sabido esto, así que no debes darte una mala vida por algo que yo ya he aceptado. Está tranquilo, Baekkie, y vive tu vida sin preocupaciones. Todo estará muy bien, lo prometo.

BaekHyun iba a decir algo al respecto, pero sus palabras fueron interrumpidas abruptamente por la llegada del Líder del Clan y su pareja.

Ambos sonreían con dulzura y vivacidad, contentos por el hecho de que hubieran muchas personas reunidas participando en la ceremonia de ese año; KyungSoo no pasó desapercibido el brillo hermoso en los ojos de la pareja más respetada de todo el Clan Diamond, la manera tan perfecta y cariñosa con la que se tomaban de la mano, delicadamente, con dulzura. Ellos eran la viva representación del amor perfecto de las almas gemelas, de dos piezas distintas siendo atraídas y juntadas hasta encajar de manera correcta, la de los compañeros destinados, verdaderos compañeros destinados que se pertenecían en cuerpo, alma y mente.

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