Capítulo X

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El Líder del Clan del Norte se paseó por su campo de entrenamiento con parsimonia para supervisar a sus guerreros personalmente.

El campo de batalla estaba lleno de hombres y mujeres que daban su mejor esfuerzo en las contiendas cuerpo a cuerpo, soltando jadeos, algunos gritos y gruñidos comunes en medio de sus enfrentamientos personales. El sudor y la sangre eran aromas predominantes en el ambiente, el cansancio era visible en los rostros jóvenes de sus guerreros. Estaban haciendo un gran esfuerzo para el poco tiempo que tendrían para prepararse, pero, a pesar de eso, no era suficiente. Nada era suficiente.

El Líder quería que su gente resaltara, que se esforzara aún más, que no se guiara por los inconvenientes del cuerpo o de la mente, quería que cerraran el conducto del dolor y se enfocaran con más firmeza, con más determinación e insistencia en lo que hacían, porque de no ser así jamás vencerían al Clan Diamond. El alfa no quería perder ante ellos, no quería que su orgullo sea pisoteado por una banda de pequeñajos con habilidades extraordinarias, no, eso jamás estaría entre sus opciones. ¿Perder el honor teniendo a dos aliados que igualmente estaban poniendo todo de su parte para esta lucha de poder y dominio? Imposible. En la próxima guerra, Diamond tenía que caer sí o sí.

Una sonrisa ladina apareció en sus labios al ver llegar a una ola de dragones arrastrando en sus patas mecanismos de defensa personal; eran tantos que podrían ser capaces de aterrorizar a cualquiera que los viese, su escuadrón enviado desde los demás Clanes, su pequeño ejército a su disposición. En silencio, se sintió poderoso, inalcanzable, el Rey supremo de todo lo que conformaba el mundo de los cambiaformas bestiales como ellos; el Líder no era un cobarde, él tenía amplios sueños de grandeza, era valiente y determinado, era diferente a sus antecesores y por ello tenía tanta fama.

Con los invitados aterrizando en su campo de entrenamiento, el hombre no pudo más que sentir la terrible grandeza hinchando su pecho. Era un hombre orgulloso y cuidadoso, y por eso, por su distinción y cualidades, fuerza y vigor, todo saldría a la perfección.

Marcaría un antes y un después en la historia de los Clanes de los dragones. Su nombre sería el más escuchado en su mundo. Él sería reconocido y alabado por haber destronado al Líder de Diamond y al mismo Clan de guerreros. La victoria estaba siendo saboreada en su paladar.

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KyungSoo supo que las cosas terminarían complicándose ligeramente al sentir el tirón conocido en su estómago, en conjunto con una oleada de calor bastante fácil de distinguir, golpeando su cuerpo con dureza.

El celo comenzaba a hacer acto de presencia.

No era que temiera por eso o se sintiera especialmente estresado al descubrirlo, KyungSoo había aprendido a lidiar con ello, a verlo como algo natural y completamente normal por lo que pasaba cada omega del mundo. No le tenía rencor ni lo maldecía como suele hacer BaekHyun cuando tiene que pasar por el mismo proceso cada tres meses, no tiene un cambio de humor por ello o interrumpe sus actividades cotidianas por la desesperación o el terror a ser marcado, no, nada de eso. KyungSoo es bastante armonioso con el tema, entiende que es necesario en su naturaleza, una onda expansiva que avisa a los demás sobre su fertilidad y soltería, y eso no está mal, como ya lo ha dicho antes, es algo completamente natural.

No se molesta con las oleadas ligeras abrazando su cuerpo hasta el punto de sofocarlo tímidamente, ni tampoco por el adelanto de su ciclo (que en realidad debería haber llegado en tres semanas más), no se inmuta demasiado por nada, porque él sabe que tarde o temprano esto iba a ocurrir. Ya había tardado, se dijo mientras miraba su reflejo en el espejo delante de él.

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