CAPITULO 34

14 0 0
                                        

Carta de un poema.

A dónde vas? porqué vas? cuales son tus colores? cuales son tus flores? cuáles son las canciones que bailas y danzas cuando estás sola? 

Cuéntales que tienes un dicho... 

El amor con las manos abiertas, para darlo y para dejar que se vaya, siempre.

Cuestión de encontrarse con las palabras adecuadas, eso era, sobre todo si debía inspirarse en el arte del tiempo y las escapatorias que solía darse, los silencios enterrados florecían al llorar, sabía delinear las grietas de su corazón para que parecieran sonrisas.

Que ella no es arte por como se ve, sino por todo aquello que tiene en el alma, que estaba loca, joder que sí lo estaba, tenía en su cabeza una locura preciosa, si no es ella, no es nadie, porque sólo ella me convierte en música, me hace acorde, redoble, trompeta, sólo ella me hace canción.

 Ella era una pequeña diosa con momentos de mujer y yo... un desastre con retales de escritor, no sabía muy bien qué eramos cuando estábamos juntos, pero temblaba el mundo cuando esa diosa desnuda me prestaba su cuerpo para que yo escribiera.

Siempre es levemente siniestro volver a los lugares que han sido testigos de un instante de perfección, tenemos el arte para no morir de la verdad.

Volvieron las mismas preguntas, a dónde vas? porqué vas?

 _Tengo miedo... _me afirmó y se fue_ 




YO ESTUVE AHÍWhere stories live. Discover now