Capítulo Dieciocho

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Las ganas habían ganado, Aaron y Cleopatra se encontraban comiendo helado y recostados en el sofá del salón mientras miraban una película

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Las ganas habían ganado, Aaron y Cleopatra se encontraban comiendo helado y recostados en el sofá del salón mientras miraban una película. Estaban viendo la de "Bajo la misma estrella", una de sus favoritas cuando estaban juntos. Durante toda la película hubo algunos acercamientos entre ellos, pero poco notorios. Aaron pasaba su brazo por los hombros de ella, intercambiaban miradas cada rato, se recostaban apoyándose entre ellos, Cleo apoyaba su cabeza en el hombro de él y viceversa. Y, como era de esperarse, cuando termina la película ella termina llorando como si no hubiera un mañana.


— Se murió Augustus. —Llora y toma otro pañuelo— ¡Augustus!

— Ya, tranquila. —Aaron la abraza mientras ríe— Es una película, ya sabías que eso pasaría, no te pongas tan mal. —Acaricia su espalda.

— ¡No te rías, insensible! Nadie se ríe de Augustus.

— No me estoy riendo, ya la he visto tantas veces que me acostumbré a que se muera.

— Yo nunca me acostumbraré a su muerte, así que no tienes derecho de reírte.

— ¿Y si vemos otra película? —propone.

— ¿Y si hacemos un muñeco? —le responde ella y suelta una carcajada.

— No hay nieve para hacer un muñeco. —Aaron la mira fijamente mientras se acercaba— Tienes helado en tu cara.

— ¿Dónde? —Cleopatra fruncía el ceño, confundida, y se llevó una mano al rostro para limpiar cualquier rastro de helado que pudiera haber. Pero antes de que pudiera hacerlo, vio a Aaron acercándose con una sonrisa traviesa.

— Aquí. —Desliza suavemente su lengua por el borde del labio de Cleopatra, sintiendo como esa chispa de deseo volvía a activarse. Sus manos recorren la silueta de ella buscando acercarse cada vez más, fundiéndose en un beso que sólo ellos sabían lo que significaba. El beso pasaba de ser apasionado a dulce y suave, no obstante, siempre volvían a buscarse como si dependieran de ello.

Cleopatra responde con urgencia y necesidad, aferrándose a él como si su vida dependiera de ello. Sus manos se entrelazan alrededor de su cuello, y sus lenguas se encuentran en una danza íntima y familiar. El beso se prolongaba, lleno de deseo y urgencia, pero también de ternura y una profunda conexión que sólo ellos parecían entender. Sus cuerpos se acercan cada vez más, sin espacio entre ellos. Cleopatra siente el pulso acelerado de Aaron, y sabe que el suyo debe de estar delatando lo mismo. Cuando sus labios se separan por un momento, buscan aire, pero aún se mantienen cerca, sus frentes tocándose y sus corazones latiendo al unísono.

Aaron acaricia su mejilla mientras observaba sus labios, hinchados y enrojecidos por los besos, sus ojos brillaban de deseo al igual que los de ella, sus narices se rozaban como sus cuerpos, pero habían muchas cosas que estorbaban—. ¿Tengo mejor toque que el castañito ese, no? —Preguntó, bromeando. Cleopatra soltó una carcajada, al presenciar los celos de Aaron.

Un Año Problemático [Publicando]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora