−Yo pondría la cuna de éste lado, una biblioteca ahí, muchos cuadritos en esa pared y una lámpara grande en ésa esquina –Gimena hablaba parada en el centro del cuarto que le habíamos destinado a nuestro hijo. Las maderas de la cuna estaban desparramadas por el suelo, algunos cajones todavía envueltos en nylon y también un baúl que acumulamos con juguetes que nos fueron regalando durante esos siete meses.
−¿Por qué cuadros ahí? –le cuestioné. Yo me mantenía parado a su lado, de brazos cruzados y con un martillo en mano. La ventana estaba abierta y no solo entraba la luz del día sino también las voces de los demás que se dividían entre nuestro living o el patio.
−Así tiene un poco más de vida. También podrían hacer dibujos por acá –con una mano indica la parte superior de una pared– o pueden escribir su nombre rodeado de estrellitas.
−Vamos a tener un bebé, no a un artista del Circo Du Soleil.
−Te estoy dando consejos, inútil –y me golpeó el brazo haciéndome reír.
−Y lo agradezco, pero te hago recordar que es muy probable que hagamos lo que queramos. Alcanzame los clavos –le indiqué y me revoleó la bolsita que estaba en el piso y que atajé en el aire.
−¿Ya estuvieron pensando en el color? Hay una nueva moda, no sé si la conocés... –no me dio tiempo a responder. Estaba muy excitada porque siempre le gustó que la hagamos partícipe de nuestros acontecimientos. Y ése era uno muy importante– agarrás una cinta adhesiva y empezás a pegarla en una pared, por ejemplo, de la forma que vos quieras. Tipo que se crucen y formen triángulos, entonces después cada espacio lo pintas con un color distinto y cuando despegas las cintas te queda perfectamente dibujada.
−Es mucho laburo, Gime.
−Bueno, entonces elijan un color lindo. ¿Ya pensaron? –yo le negué y me senté en el piso para continuar armando la repisa– estaría bueno un azul marino u oscuro –imaginaba con la mano sosteniéndose el mentón y un dedo dándole golpecitos a la boca– también quedaría bueno un verde oscuro, fuerte.
−¿Por qué fuerte y oscuro?
−Porque significa fortaleza, es un varón.
−Sí, pero no lo vamos a criar para que sea un soldado –dije, y ella me miró de reojo con una seriedad que me hizo reír.
−Y tal vez un soldado tenga su habitación pintada de rosa –en ese instante interrumpió Lali al entrar con un conjunto de cortinas que estaba planchando en la otra habitación. La panza estaba tan grande que ya se le escapaba por debajo de las remeras– ya están listas para colgar –me indicó y las dejó sobre un banquito de madera– el cuarto vamos a pintarlo de violeta –dijo después.
−¿En serio? ¿Ya lo tenían premeditado? Me hiciste hablar sola como una estúpida –se me quejó.
−No, lo acabo de decidir –dijo Lali al salir y se me escapó una risa.
Cuando Lali cumplió los siete meses de embarazo nos dignamos a, no solo terminar el cuarto de nuestro hijo, sino también a comprarle ropa porque hasta ese momento solo nos habíamos abastecido de bolsones de pañales, crema y algodón. Por eso, un fin de semana largo de mayo, le pedimos a nuestros amigos que se sumen a colaborar. Primero, almorzamos todos juntos unas hamburguesas caseras que se ofreció a hacer Victorio y después, con las panzas llenas y las ideas decididas, pusimos manos a la obra. Nicolás me acompañó a comprar el color de pintura exacta que Lali me había señalado en el catálogo y tardamos alrededor de dos horas en darle la primera mano, mientras que Lali y Yasmín doblaban ropa de bebé, Matías arreglaba los canastos de mimbre donde se guardarían los acondicionares, Gimena emparchaba el tul que iba ubicado sobre la cuna y Victorio nos daba indicaciones de qué partes de la pared olvidamos pintar. Recuerdo que ninguno quería volver a casa hasta no haberlo terminado. Lali en un momento caducó y tuvo que irse a acostar porque estaba cansada, pero alrededor de las cuatro y media de la madrugada cuando se levantó para ir al baño, nos encontró en la habitación de al lado terminando de arrastrar los últimos muebles.
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ASIGNATURA PENDIENTE
FanfictionEl pasado y el presente se cruzan enlazando una misma historia de amor atravesada por la búsqueda personal de superación y justicia.
