Detrás de una mascara sin poder revelar quien verdad es, temiendo del qué dirán. Escondida en su refugio mental evitando al monstruo que decidió acompañarla el resto de su vida, no quiere más problemas, solo vivir su vida de estudiante; bajo la somb...
El frío emanaba de mi cuerpo, la vista se me nublaba al igual que mis pensamientos. La sangre helada corriendo por mis venas, mis arterias, llenándome de vida. Las gotas de lluvia recorrían por mi uniforme, lo empapaban y dejaban aún más fríos mis huesos.
Mi aliento como humo apartándose de mis labios, la presencia de un cuerpo más alto que él mío más el inquietante sentimiento de que algo ocurriría. Mis manos dentro de mis bolsillos guardando mi teléfono con su respectivo protector, todo era tan detallado a mi alrededor. Lo delineaba con el fin de olvidar mi pesar en este lugar.
La presencia del agua era lo mejor que podía acompañarnos, aligerando el peso de este profundo y tenebroso ambiente, lejos de los individuos a quienes llamar cuando tenga problemas. La lluvia era la tercera presencia que dejaba clara la paz entre nosotros, calmando sus ansias de abusar de mis emociones y acciones.
El latir de mi corazón se sentía menos pesado, ya no quería escapar de mi pecho por suerte.
Sentimientos de neutralidad venían y volvían a salir de mi cabeza. La inquietud poco a poco se iba dejando mi espalda libre de cargamento, sin embargo, él aún permanecía en silencio mirando los charcos que se llenaban más con la lluvia.
Un leve movimiento bastó para que rápidamente lo mire, tan solo acomodó su saco y me miró.
-Tengo frío, Tomi. -Habló serio.
No sabía qué decir, abrí un poco mi boca pero no me dejó hablar.
-Voy a meterme a secar. -Se levantó.- Cuídate.
Me sorprendió. Cuando vi como se marchaba solté un suspiro para relajar mi espalda y encorvarme.
La lluvia y la soledad me acompañaron, me abrazaron y dijeron que todo estaría bien.
No quería perder esa esperanza tan pronto, a pesar de que hoy todo estaba tan pacífico. Sentí esa impotencia, esos sentimientos inundarme con remordimiento e ira. La mente me recordaba cosas que empeoraban las cosas, quería llorar pero era imposible aquí afuera donde cualquiera pasaría y me vería.
Incluso si las gotas podían esconder mi rostro cansado, triste, dolido, etc., no era buena idea mezclar todo y desahogarse a la vista de cualquiera.
Las pocas sensaciones de alegría que llegué a sentir se iban a cada momento y en cada oportunidad que él tomaba para aprovecharse de mi secreto. Pero no solo él, sino mi mente. La cual era ahora mi mayor enemiga cuando no debería, ella debería animarme a no darme por vencida y a reconformarme estando en este pequeño mundo de pesadilla que me han creado sin mi consentimiento.
-Te resfriarás aquí afuera.
Volteé hacia mi lado derecho y vi una larga cabellera castaña, con una capucha puesta y piel morena. Formé una mueca y negué con mi cabeza lentamente.
-No, no me puedo enfermar.
-¿Por qué no?
-Es parte de mis defensas aguantar este tipo de climas. Pero gracias por la preocupación, amigo. -Él también negó y señaló hacia la entrada.
-Él chico que ves por allá te vio y se preocupó, en todo caso si no necesitas ayuda procedo a irme. -Dio la vuelta y caminó hasta el albino que me veía preocupado. Alcé mi mano saludando y éste emocionado respondió.
Ahora recuerdo que Floyd estaba hablando con esos chicos el otro día.
Vi como hablaban y el albino se despidió de mi a lo lejos, imité su acción y seguí pensando en mi banca de la soledad.
Después de todo ya es lo único reconfortante que me queda a la que puedo hablarle como yo misma.
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No se enojen conmigo la próxima, busquen algo para calmarse porque los siguientes capítulos vienen fuertes.