Cap. 11

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Cuando recobre el sentido y tras una batalla interior conmigo misma (pues no quería contarle aquellas cosas) reuní el acopio suficiente para explicarle mis extraños sueños y lo que me había sucedido.

-Creerás que estoy loca ¿verdad? – le miré arrebujada en mi misma – Además… ¿Por qué parecías tan enfadado conmigo? 

-No puedo explicártelo Gizhele, te ruego que tengas paciencia y si puede ser que no salgas sola de aquí bajo ningún pretexto. ¿Queda claro?

-¡Pero…! – me interrumpió con un gesto de su mano.

-¿Queda claro Gizhele?

Asentí mordiéndome la lengua y observé como Naigel cogía el teléfono y hablaba con alguien.

-Vamos. Nos están esperando.

Preferí no preguntar, le seguí hasta el vestíbulo, ahí había un par de mujeres y un hombre que  saludaron a Naigel con una inclinación de cabeza, ambas mujeres me cogieron y me llevaron al salón y empezaron a tomarme medidas.

-Tiene un cuerpo perfecto, le sentara muy bien cualquier vestido – dijo una.

-Ya vera, será la más bella de la fiesta.

-¿Vestido? ¿Fiesta? – las miré descolocada.

Ambas se rieron y prosiguieron con su faena.

-Ojala nos hubieran invitado a nosotros – susurró una.

-¡Lorelei! – la riñó la otra guardando silencio en el momento en que entraron Naigel y el otro hombre.

Una de las chicas se levanto y se dirigió hasta el hombre que le dijo algo al oído a esta y desapareció tras la puerta para regresar cargada con unas fundas para ropa.

-Bien procedamos.

Las chicas rieron y me desnudaron en un momento, me cubrí como pude intentando protestar y miré furiosa a Naigel.

-No tiene por que avergonzarse Señorita, a ver empecemos por el rojo – dijo el hombre.

Empezaron a probarme vestidos de toda clase, a peinarme y maquillarme. Yo estaba que trinaba me sentía como una muñeca o una niña manipulada. Hasta que tras ponerme un espléndido vestido de color púrpura vaporoso de palabra de honor que realzaba delicadamente mis pechos y que marcaba el contorno de  mi cuerpo se retiraron todos con caras de estupefacción, seguía en esa línea gótica que tan bien iba conmigo.

-¿Qué pasa? – les pregunté.

-Magnifica. Parece increíble… - se limitó a decir él mientras las otras calladas me giraron y me pusieron al frente de una especie de espejo, pero sólo me veía a mi con un estupendo vestido.

-Eso será todo por hoy, gracias Sebastián – dijo Naigel y los despidió.

-¿Me vas a explicar ahora a qué viene todo este numerito?

-Estamos invitados al baile de mascaras que se celebrará en un par de días. Es importante.

-¿Y se supone qué debo asentir y no decir nada, verdad Naigel? – le encaré enfadada y pase a su lado para volver a la habitación pero me cogió del brazo.

-Gizhele, por favor. Confía en mí.

-No Naigel, no se en que andas metido ni que estas tramando… pero no me hace ninguna gracia – miré la mano con la que me cogía el brazo, él aflojo un poco los dedos – Suéltame – dije fríamente con la mirada desafiante y me dirigí a la escalera.

-Espera por favor.

Me alcanzó interrumpiéndome el paso.

-Te juro que te lo explicaré todo Gizhele pero ahora no. Es por tu bien ¿realmente no te fías? – dijo acariciándome la mejilla y la mirada dolida. Me desarmó.

GizheleDonde viven las historias. Descúbrelo ahora