Cap. 4

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  • Dedicado a Dulce C. López
                                    

Ese día me desperté temprano, me levanté tras desperezarme estirándome como un gato y me senté frente al espejo, cuando acabé de arreglarme me miré, llevaba dos coletas, unos vaqueros y un corpiño morado y negro precioso. Bajé al comedor y me senté frente la chimenea recordando pequeños detalles de mi vida. Echaba de menos mi ciudad, mis amigos...una vida. Quizás algún día volvería pero no sería pronto, no, no lo sería, allí nadie me esperaba, no tenía nada. 

Estaba tan aburrida y cansada que me quedé ahí, tirada en el suelo como una muñeca de trapo viejo jugueteando con la pequeña cadena de plata que colgaba de mi cuello. No quería pensar más, simplemente quería desaparecer, desvanecerme tragada por la vieja madera de mi casa, ser engullida por el cemento, así que finalmente, para no enloquecer más cogí un libro y cuando me cansé de leer salí a la calle.

Llevaba un buen rato andando cuando la sensación de que alguien me seguía se izo más fuerte, me sentía observada y en cierto modo me ponía nerviosa. Estaba acostumbrada a ello, pero había algo que me ponía alerta. Quería mirar alrededor y ver quién podía ser pero era mejor seguir andando como si nada. A lo mejor tan solo eran imaginaciones mías, ¿quién podía seguirme a mí?, las posibilidades eran muy escasas así que acabé por no darle más importancia. 

Crucé la calle y entré en un cibercafé, así me distraería un rato. Empecé a navegar,  no sabía que buscar, pero al abrir una web empezó a aparecer una serie de ventanas con publicidad de todo tipo, que si tiendas virtuales... cerrar; que si paginas eróticas... cerrar. Pero la siguiente me llamó más la atención, era una página satánica. Entré y empecé a curiosear. Vi un artículo que hablaba sobre vampiros.

 Lo leí, iba desde el mito más antiguo de vampiro original a Nosferatu, Vlad Tepes, los tipos de vampiros que hay, formas de convertirse en uno, los vampiros en el mundo, el viajero, formas de destruirlos, la cultura vampírica etc. a lo más novedoso como uno de los últimos estudios sobre la posibilidad de que los “vampiros” fueran en realidad personas afectadas por la rabia y de la importancia de la literatura en este tema y el romanticismo. El aire gótico y torturado, el sufrimiento etc., etc.

Hablaba sobre muchas más cosas y sin quererlo me eché a reír, al fin y al cabo toda la información era bastante inconexa y poco creíble. Sin embargo había otras de muy interesantes. Todas tratadas y documentadas por la misma persona.

Más abajo de la página había un icono: Chat. Pinché sobre él al mismo tiempo que se abría una ventana que me pedía un nick. Tecleé lo primero que se me paso por la cabeza: Nikta. Entré en el chat, y me entretuve a mirar los nicks, cuando de repente... Naigel. No podía creerlo, ¿sería coincidencia?

Podía muy bien ser otra persona y como no tenía nada que perder inicié conversación, por probar...

__Hola, ¿qué tal?

__Hola Gizhele.

¿Cómo demonios sabía quién era?, Un poco más y me caigo de la silla, ¡jo! pues vaya con el anonimato...

__¿Cómo sabes quién soy?

__Porque estoy detrás de ti.

Me quedé perpleja un minuto, no sabía si ponerme a reír o esconderme debajo de la mesa, ¡que mal! Me volví para ver quién era, tomé aire y acabé de girarme y ahí estaba.

__Vaya, hola - me levanté y me acerqué – No recordaba haberte dicho mí nombre- sonreí- Ayer... te vi. 

__¿A sí? ¿Dónde?

__En una cafetería, estabas con una chica rubia- dejé caer el comentario.

__¿Una chica rubia?

GizheleDonde viven las historias. Descúbrelo ahora